El derecho a morir tras una ‘vida cumplida’

17 Oct 2016
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Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD).

Holanda es el país pionero en el derecho a morir y su gobierno tiene en proyecto dar un paso más en su ley de muerte asistida y este futuro paso era recientemente comunicado por los ministros de Sanidad y de Justicia holandeses: permitir a aquellos ciudadanos que sientan que su ‘vida está ya cumplida’ que puedan solicitar y ser asistidos en su muerte. Aunque la ley aprobada en 2002 tiene un gran respaldo de la opinión holandesa, siempre hay quien no pierde cualquier movimiento en el tablero político de la muerte digna para presentar una batalla en la guerra en contra de la autonomía de la persona ante la muerte. Y siempre con el argumento falsamente prudencial de la ‘pendiente resbaladiza’.

El gabinete del primer ministro tiene la intención de elaborar una ley el próximo año 2017 que en su día legalice el suicidio asistido de la persona que, sin tener una enfermedad terminal y sin estar aquejada de sufrimientos no tolerables, considera que su vida se ha cumplido y siente que le ha llegado su hora de dejar esta vida. Así lo expone la propuesta conjunta presentada por los ministros de Justicia y Sanidad el miércoles pasado en el Parlamento: a las personas que “tengan un juicio sensato de que su vida está cumplida, se les permitirá, bajo criterios estrictos y bien aplicados, terminar su vida de una manera digna”. Al parecer es una decisión deliberada y tomada ya por el gabinete de gobierno que, como dice la propuesta, “consideran que una solicitud de ayuda (en la muerte) de las personas que ya no esperan nada, aunque no haya una razón médica subyacente puede ser una petición legítima”. La propuesta quiere valorar con profundo sentido humano y respetando la autonomía del individuo la situación de personas mayores que estiman que han cumplido de sobra con el ciclo de su vida, han perdido sus seres queridos y amigos, sufren un cansancio vital y posiblemente también de soledad.

El Colegio de Médicos en contra

Para quienes siguen defendiendo la protección de la vida cual si fuera un tabú ya fue mucho la aprobación de la ley y el número de muertes asistidas que ocurren en el país cada año como para que ahora, además de haber extendido la ley a muertes asistidas de enfermos mentales o dementes, ahora se entre en la ‘pendiente resbaladiza’ y se llegue a permitir a los viejos cansados de la vida acogerse al derecho a decidir y poner límite a su existencia. No hay que olvidar que este argumento esconde entre sus bambalinas el miedo al cambio y el susto ante una propuesta de humanización. Si una medida de este estilo que concede libertad de decisión al viejo puede tener sus riesgos éticos y sociales, hay que mirar primero, antes que al futuro y a ciertas   posibilidades de abuso, a la situación actual en que por el miedo a la pendiente resbaladiza se pisa el freno con lo que se niega a la persona que pueda ser autónoma en sus decisiones hasta el final de la vida.

Puesto que la primera trinchera enfrentada a la propuesta está en el Colegio de Médicos holandés, vale la pena pensar en el derecho de la persona a su terminalidad humana, es decir si el sentir ‘una vida cumplida’ es razón legítima de la voluntad de morir. Siempre que se habla de la muerte digna y del derecho a morir se sitúa al sujeto en su condición de enfermo terminal y con grandes dolores. Parece ser que solo la compasión por el enfermo en tal situación nos recuerda que tiene libertad, derechos y que habría que atenderle en su deseo de morir. Por eso se habla de ‘enfermo terminal’, pero ¿solamente hay experiencia de terminalidad de la vida cuando la enfermedad es irreversible? El médico en su lucha contra la enfermedad de su paciente sabe cuándo el organismo pierde capacidad de reacción y la vida se acaba. Entonces empieza la fase terminal de la vida con una inminencia mayor o menor de muerte. Son, pues, los signos que da la naturaleza corporal los que indican y determinan la terminalidad orgánica del enfermo. Pero, quieras que no, esta determinación no deja de ser algo que pertenece a la mera ‘animalidad’ y esa terminalidad se puede observar en el caballo, la vaca, etc. El médico puede calcular que le quedan al enfermo tres meses de supervivencia, que durante tal tiempo habrá que paliarle los dolores… Pero, mientras el médico calcula el tiempo terminal en unidades sean horas, días o meses, el enfermo vive otras experiencias. El tiempo que experimenta, que vive una persona -enferma o no-  es un tiempo existencial, de percepciones y vivencias que le pueden indicar el momento del ejercicio de su propia autonomía y decidirse a morir. Y el viejo, el cansado de la vida, quien cree que ha cumplido con la vida se decide a decir hasta aquí he llegado. Esta experiencia subjetiva de la persona que quizás no procede de una enfermedad ni de dolores insoportables sino de un cansancio vital, de su soledad, de un experimentar subjetivamente el sinsentido de su propia vida le lleva a que el buscar morir sea no solo un deseo ético sino razonable, coherente y respetable por todos. Si el humano no es meramente un organismo que respira, bombea sangre desde el corazón, sino que es consciente de su existencia, que goza de libertad y decisión en su vida, por qué no puede reflexionar y desde sus vivencias sentir que la vida ya no le dice nada, no tiene ilusión por vivir, está cansado y el vivir para él es un peso desagradable de soportar. Y como el emperador filósofo romano Marco Aurelio puede repetir: “Una de las funciones más nobles de la razón es la de saber cuándo ha llegado el momento de abandonar este mundo”.

El futuro proyecto de ley holandés -en mi opinión- solo pretende reconocer a los ciudadanos, por el momento a los viejos, el ejercicio de su sabia razón. Nunca olvidemos que una ley de eutanasia y su aplicación a diversas situaciones de la existencia del humano no es una ‘pendiente resbaladiza’ sino un camino costoso que va gradualmente reconociendo el ejercicio de la autonomía individual para decidir los aspectos más fundamentales o íntimos de la propia existencia y que nada ni nadie pueda obstaculizar que lo lleve a efecto. La ley holandesa que se proyecta quitará el obstáculo que limita la autonomía de los viejos ante su muerte.


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