Opinion · Estación Término

Hipocresía Jordi, hipocresía

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD).

El programa Salvados, nunca lo pierdo y nunca me defrauda. Pero ayer el programa que dirigió Jordi Évole sobre ‘La buena muerte’ destacó dentro de la serie. Puedo decir con toda sencillez que le he dado muchas vueltas al tema de la muerte, a la muerte voluntaria, pero siempre es enriquecedor oír a personas que viven la muerte rozándola por momentos o quienes la viven tan de cerca que a veces por solidaridad queman en parte su vida y su propia libertad. Estos son los casos de un enfermo de ELA, Carlos,  que va agotándose y la de dos médicos condenados en los tribunales por su dedicación al enfermo. Y a manera de contrapunto estuvo presente un tercer médico, presidente de la Sociedad de cuidados paliativos, que con buena voluntad solicitaba de la administración la ampliación de los cuidados paliativos a los enfermos de todo el país, como manera de poder evitar los deseos de morir de bastantes enfermos.

El escritor moralista La Rochefoucuald decía que “no se puede mirar fijamente ni el sol ni la muerte”. Jordi Évole sin gafas ahumadas y sin prejuicios ha mirado a la buena muerte que todos nos deseamos, pero que al parecer es muy difícil de lograr, sin olvidar a la ‘buena muerte’, llamada eutanasia, que está prohibida y sancionada en nuestro país a pesar de todos los pesares. El domingo el protagonismo de Salvados fue de Carlos, un hombre joven, en la cuarentena, padre de tres hijos, con un ELA avanzado. Se trata de una enfermedad degenerativa neuromuscular que va paralizando el cuerpo hasta que la parálisis llega a los músculos que favorecen la respiración, el enfermo se atraganta y ahoga, el músculo cardiaco se ralentiza y cesa… En el cuarto de estar de su casa con su mujer y con Jordi, Carlos nos fue desgranando sus vivencias, las de un hombre atrapado entre su vida que se va rápidamente anquilosando y la muerte. El ayer Carlos, joven siempre alegre y animoso con sus amigos, siempre deportista… hasta hace muy poco tiempo y es hoy un Carlos, a los pocos meses de la manifestación de la enfermedad, sentado con falta de movilidad y de habilidades en sus manos, pronunciando mal en su conversación porque la ELA está avanzando con rapidez…; y así hasta que no pueda respirar, se atragante y se ahogue… “Sé cómo es el final; todo está perdido…”

Atrapado en la vida, sin libertad

Carlos que como cualquier ciudadano debiera ser libre hasta el final de su vida y poder marcar con su libre voluntad el cuándo y el cómo de su propia muerte, que pudiera un día decidir despedirse con un ‘hasta siempre’ porque esa vida no le merecía la pena vivirla, se ha encontrado como otros muchos enfermos que el Código Penal ha echado la llave de la puerta de salida y ha clausurado la libertad de su última decisión. En España no se puede mirar a la muerte de frente sino -quieras que no- hay que cerrar los ojos, aguantar dolores y sufrimientos (y para algunos sufrimientos no caben los cuidados paliativos) y esperar que el propio organismo vaya degenerando hasta que el corazón deje de latir. Pero, la muerte no tiene por qué ser intocable, no es tabú, tiene que ser una opción libre y personal.

Todo esto nos fue desgranando Carlos. Sus vivencias, sus reflexiones eran carne propia… y llegaban hasta al fondo de las entretelas… Carlos les ha explicado su deseo de morir a sus dos hijos más crecidos, y lo han entendido, y le apoyan. El pequeño todavía no reacciona, es sin duda demasiado para él. Yo también y muchos otros -más de lo que algunos se piensan- le apoyamos, porque sabemos que decir que la ayuda de un médico para poder morir es un homicidio no pasa de ser una excusa, una coartada. Matar, cometer un homicidio es quitar la vida a otro contra su voluntad y ¿si el enfermo pide ayuda para morir…, esa muerte es un homicidio? Carlos lo ve tan claro y su decisión -como muy bien dijo- es por amor a la vida. Y cuando alguien ama la vida de tal manera y desea morir y pide que le ayuden a morir, uno necesariamente se pregunta por qué hay una norma penal que castiga al médico que ayuda a morir a un enfermo al que la vida se le cae a pedazos, que sufre, que la enfermedad no tiene vuelta de hoja, que se trata únicamente de alargar inútilmente una vida que no es vida… La reflexión de Carlos fue directa y sin explicación alguna: “Hipocresía, Jordi, hipocresía…”. Y la hipocresía se siente más cuando el médico presidente de Derecho a Morir Dignamente (DMD) hablaba de los Estados que han asumido con normalidad la eutanasia y el suicidio asistido y cuando al final del reportaje una enferma holandesa nos habla de su decisión de eutanasia desde su lecho que va a ser atendida y cuando los últimos carteles con fondo de ambientación holandesa nos muestran los detalles de la libertad en el morir.

Siento que en esta página del blog no hayan podido entrar las otras tres personas que nos hablaron de la Buena Muerte, de la Eutanasia. Espero poder entrar en conversación con ellos otro día.