Ley de eutanasia: tiempo de negociación

13 Ene 2017
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD)

Siento que un partido como el socialista –de fuerte significación hasta ahora en la política del país– se encuentre un tanto varado y que, en un momento en que en el Congreso se empieza a estudiar la cuestión ética de las conductas eutanásicas, el grupo socialista se vaya a mantener al margen. Con gusto calificaba el otro día de “una de cal” el hecho de que el grupo Unidos Podemos trabajase en el Congreso en un texto de proyecto de ley que diera el visto bueno legislativo a las conductas eutanásicas y se asentase en el país la libertad del ciudadano para poder decidir su muerte, el cuándo y el cómo morir. Pero por mucho que me guste no por ello me hace confiar: el camino es difícil, casi lo veo imposible y de nuevo el estamento político que dice representar al pueblo soberano va a seguir defraudando, una vez más, y robando al ciudadano la libertad hasta el final de su vida. Hay un clamor, una demanda social mayoritaria, y no hay oídos dispuestos a escucharla y menos voluntad política. Está visto que el nacionalcatolicismo perdura y triunfa en el país. Si la gran mayoría de la población reclama una ley de eutanasia, si está por la libertad de disponer de la propia vida y de marcar el tiempo de su muerte, ese pueblo mayoritario reclama necesariamente y con urgencia una suma aritmética de diputados que apoyen ese deseo y lo hagan eficaz en forma de ley.

Un panorama parlamentario bastante gris

Me gustaría que el trabajo de Unidos Podemos tuviera un contagio y un arrastre en el Congreso. Casi mi reflexión me lleva a pensar que, si esto hubiera ocurrido en 2004 cuando el PSOE llevaba en su programa la propuesta de una futura ley de eutanasia, hubiera sido mejor momento que el hoy político, tan desanimado y dividido. Desde entonces hasta hoy, la crónica del socialismo respecto a la eutanasia es más que gris. Rodríguez Zapatero la retiró de su agenda política a lo largo de dos legislaturas; la encuesta que el ministro de Sanidad, Bernat Soria, encargó al CIS, mostró una gran mayoría de españoles a favor de que las conductas eutanásicas fueran legalizadas, lo que le animaba al ministro a formar una comisión de expertos para abrir un debate formal sobre la cuestión… Pero el ministro tuvo que abandonar la cartera y volver a su laboratorio de investigación.

A finales de abril de 2015, cuando la legislatura estaba ya cerca de acabar, Rubalcaba presentó una propuesta de ‘ley de cuidados paliativos y muerte digna’ que fue ya el remate y daba definitivamente la espalda a toda preocupación por el valor ético de las conductas eutanásicas. Al parecer, el PSOE olvidaba que el paso que pretendía dar ya se había dado a nivel de comunidades autónomas, y que al Congreso de los Diputados correspondía atajar el contenido represivo del artículo 143 del Código Penal, que castiga con cárcel a quien solidariamente ayude a morir. La muerte digna que debía abordar una ley en el Congreso era no solo la muerte en paz, sin dolor, debidamente atendido, sino la muerte verdaderamente digna del ser humano: la muerte en libertad. El ciudadano –en libertad para desarrollar su personalidad sin andadores y tutelas pues es un adulto– ha de tener en todo momento la capacidad de afrontar la vida y tomar decisiones responsables y coherentes con su proyecto vital.

Y siguiendo con los hitos de esta crónica rápida, Pedro Sánchez, a pesar de haber mencionado por dos veces en su campaña a secretario general una propuesta de ley de eutanasia, una vez en el cargo heredó todo el bagaje de escepticismo del PSOE acerca de esta. Así, no es de extrañar que en el programa electoral que manejan los socialistas en esta legislatura se hiciese una oferta programática demasiado miedosa y que quizás es excesivo llamarla oferta cuando tiene una clara connotación de miedo y de retraimiento políticos. Me limito a trascribirla y que la valore el lector: “Promulgar una ley de muerte digna y de cuidados paliativos. Si en la próxima legislatura hay un consenso al respecto, abriremos el debate sobre la eutanasia” (PSOE, programa electoral 2015).

Frente a mentes de novela negra

Por las palabras de la cita anterior bien puede darse un acercamiento inicial, pues alguien manifiesta públicamente que está por la labor, se ha abierto ya el debate… Pero me da la impresión de que estas perplejidades y miedos políticos son el clásico miedo a la oscuridad porque no se ha tenido la suficiente previsión de leerse a fondo –no con mera curiosidad leguleya– las leyes eutanásicas en vigor y en ejercicio en otros países. Entonces verían cómo los legisladores habían abordado con seriedad y racionalidad, y no menos razonabilidad, la voluntad libre de morir de una persona en particular y la voluntad de cambio legal solicitada por la gran mayoría de ciudadanos. El legislador en la cuestión eutanásica se enfrenta ante dos libertades: la autonomía de quien quiere morir y la libertad colectiva de tantos ciudadanos que opinan, aunque quienes les representan  no la sientan, que el país necesita una ley de eutanasia porque la norma vigente del Código Penal no cuadra con su personalidad e identidad ciudadana en pleno siglo XXI. Si esta actitud previa se diera, es muy posible que otros partidos se adhirieran al diálogo con el proyecto de ley en ciernes.

Habrá que esperar que los partidos que ni mencionaban las conductas eutanásicas en su programa logren advertir, con las leyes de Países Bajos y otros países en la mano, que  en la eutanasia no se juega con el verbo ‘matar’ sino con ‘ayudar a morir’. Si hay una persona que, por sus fuertes circunstancias de existencia, desea y decide morir, y solicita a un médico que le ayude a dar ese paso, hace falta tener una mente un tanto perversa  para llamar a esta situación y acción de homicidio. Pues en ese contexto de novela negra  seguimos viviendo gracias a un artículo de Código Penal que viene cuando menos de 1848.


comments powered by Disqus