Alimentos km0, más allá del marketing

04 abr 2014
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Esther Vivas

Hablar de productos km0 está de moda. El movimiento Slow Food comenzó promoviendo dicho concepto en los años 90 en defensa de una alimentación local, saludable y de calidad. Lo que denominan comida “buena, limpia y justa”, en oposición a la comida “fast food”. Sin embargo, ahora, incluso bancos como Catalunyacaixa promocionan sus servicios con este lema: “Banca km0, banca de proximidad”. Lo local, y más en un contexto de crisis, vende. Pero, ¿qué queremos decir cuando hablamos de km0? ¿Se trata de una moda, una marca o una apuesta por el cambio?

Las gentes de Slow Food lo tienen claro. Promover los alimentos km0 implica apoyar una agricultura local, de proximidad, ecológica, de temporada, campesina, rescatar variedades antiguas que están desapareciendo, comprar directamente al pequeño productor, recuperar nuestra gastronomía. Una cocina en la que no hay lugar para los transgénicos o para aquellos cultivos que contaminan el medio ambiente y nuestra salud. Una alimentación que defiende producir, distribuir y consumir al margen de la agroindustria y los supermercados. Comer bien, en definitiva, en beneficio de la mayoría, ya sea en el campo o la ciudad.

Una propuesta que ha calado. Tanto que algunos la utilizan incluso como mero  instrumento de marketing, vaciándola de contenido, con el único propósito de vender más. Catalunyacaixa es el máximo exponente. No tiene vergüenza en definirse, en Catalunya, como “banca km0″ y añade “trabajando desde aquí y para la gente de aquí”. Aunque yo  más bien diría: “desahuciando y estafando desde aquí a la gente de aquí”. Los supermercados se apuntan, también, al carro. Ahora, Carrefour, Mercadona, Alcampo, Eroski, El Corte Inglés dicen apostar por lo local. Olvidan, sin embargo, que sus prácticas, precisamente, han acabado con el comercio, el empleo y la agricultura local.

En tiempos de crisis, la comida con bandera vende. Consume nacional y pata negra. En Francia, desde hace años, la extrema derecha reclama el “Made in France”, eso sí, pura sangre. Antes, el Partido Comunista francés abrazaba dicha consigna. En Estados Unidos, los conservadores, en los 90, hicieron campaña con la consigna “Buy American” contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Y aquí, ahora, se lleva el “Hecho en España”. Primero lo de casa, vamos. Exigir local, en cambio, nada tiene que ver con una cuestión de banderas sino de justicia. El leitmotiv del km0 se encuentra en las antípodas de lo que defienden los que levantan enseñas.

Se trata de promover una producción y un consumo de proximidad con la imprescindible mirada de la soberanía alimentaria, devolviendo la capacidad de decidir a las gentes, apostando por un mundo rural vivo, con total respeto a la “madre tierra” y en alianza y solidaridad con los otros pueblos. Todo lo contrario de chovinismos y racismos. Nada que ver con el agribusiness y el poder financiero. Solo así la defensa de lo local tiene sentido.

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