Cómo unos españoles conquistarán el espacio con un objeto del tamaño de una garrafa de agua

14 Feb 2016
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Por EDUARDO ORTEGA

Acudieron a una charla del astronauta Pedro Duque en Gijón y se les encendió la bombilla. La chispa que llevaban buscando durante meses llegó caída del cielo. O del espacio. Hasta esa cita de mayo de 2013, Máximo y Ainhoa habían tenido una start up dedicada al desarrollo de servicios a partir de los análisis de imágenes de satélites. Pero siempre chocaban con el mismo problema: el desorbitado precio que debían pagar por cada una de ellas.

“A los clientes les parecían buenas las ideas que les dábamos, pero, claro, era muy caro”, rememora Máximo Calvo (León, 1983). Así que a partir del discurso de Duque decidieron pasar de intermediarios y ser ellos mismos los que obtuvieran las imágenes con su empresa Karten. De esa manera podrían controlar todo el proceso e, incluso, abaratar costes. ¿La solución? Fabricarán su propio nanosatélite y lo lanzarán al espacio.

Un objeto diminuto –del tamaño de una garrafa de agua- y, por tanto de muy poco peso, en comparación con los que pueblan el cosmos. El peso no es baladí, ya que cuanto mayor sea, mayores son los costes de ponerlo en órbita. Su vida útil será de entre dos y tres años, según la altura que alcance, mientras que los grandes suelen estar diseñados para durar unos cuatro o cinco años. “En nuestro caso, alcanzado ese tiempo de vida útil, iría perdiendo altura y llegaría un momento en el que empezaría a entrar en la atmósfera y se desintegraría por completo. Por lo tanto, también nos quitamos el problema de la basura espacial”, explica.

Al ser tan pequeño, lo podrán colocar en órbitas bajas –alrededor de los 450 kilómetros- y obtener una resolución de imágenes de entre tres y cinco metros, similar a los que recaban a los situados a mucha más altura. Y en cuatro bandas espectrales. El cóctel propone usos infinitos. Desde la agricultura –“Podremos saber si una plantación está correctamente regada o si está enferma”- hasta la minería, pasando por la calidad de las aguas o los vertidos de petróleo. “Uno de los sectores más interesantes es el business intelligent: se puede, por ejemplo, observar el stock que una fábrica de coches va sacando a lo largo del día para saber cuál es su ritmo de producción y si casan sus datos con los de la competencia. También se puede ver cómo están las reservas de petróleo de los países. Las aplicaciones son múltiples, hay un rango muy amplio. Al final, mucha gente se olvida de que la mayor fuente de datos es la propia Tierra”.

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Uno de los aspectos que marcarán la diferencia de su satélite es que su estructura metálica estará producida con una impresora 3D, lo que les aportará muchos beneficios. El otro, que incorporará un sensor óptico y un sistema de identificación automática (AIS), que es el que todos los barcos y buques del mundo llevan. “Es bastante interesante porque cerca del 90% de las grandes transacciones comerciales ocurren en estos barcos en alta mar y, sin embargo, desde que dejan puerto apenas hay información sobre ellos. El 80% del tiempo apenas se sabe donde están o qué ha sucedido. Por tanto, obtener una imagen asociada a ellos tiene un gran valor añadido”, asegura Máximo.

Pero la verdadera clave de su proyecto reside en que prevén tener en órbita una flota de catorce para el año 2020, con lo que reducirán los tiempos de revisita –entre que pasa uno y toma una imagen hasta el siguiente- a los veinte minutos desde los varios días de la actualidad. Así pretenden cubrir la superficie terrestre en su inmensidad, mientras que, según el cofundador de Karten, los que ahora hay en órbita sólo cartografían habitualmente una cuarta parte. “Cuando el volcán Eyjafjallajökull entró en erupción en 2010 y colapsó todo el tráfico aéreo, no se puedo dar la alerta porque ningún satélite pasaba por encima de Islandia”.

El proceso para fabricar la avanzadilla de esta flota española está a punto de comenzar. Los fundadores de la start up se encuentran cerca de cerrar un importante acuerdo que les permitirá financiar los cerca de 500.000 euros que cuesta el nanosatélite – los sucesivos supondrán un importe menor-, que será el primero privado de nuestro país. Tras un año y medio de desarrollo, a finales del año próximo ya estaría operativo en el espacio.

Hasta ahora Máximo y Ainhoa, han subsistido con los premios de varios galardones y, sobre todo, de fondos propios. Muchos. “Pero nosotros creemos en nuestro proyecto, así que teníamos que apostar fuerte por él”, defiende el leonés, experto en teledetección, al igual que su compañera.

 

-Si volvéis a coincidir con Pedro Duque, ¿le daréis las gracias?

Más que a él, a quien más le tendríamos que estar agradecidos es a un profesor de la Universidad de Oviedo que le hizo la pregunta y que no sabemos quién es; no tenemos ni idea [risas].


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