Opinion · ¡Eureka!

El volcán de Mordor es español

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Por EDUARDO ORTEGA

@_eduardo_ortega

Reportaje fotográfico: CHRISTIAN GONZÁLEZ

@dalequetepego

Hace unos años, tras una charla en México a la que había sido invitado para hablar sobre tecnología, Víctor fue asediado por decenas de personas que pretendían que les firmara un autógrafo. Víctor González (Madrid, 1971) no es famoso. Pero allí, con un calor endemoniado, en una conversación tecnológica que giraba alrededor de El Señor de los anillos, el madrileño se convirtió en el centro de todas las miradas de extraños que le inquirían si había conocido a los actores. “Pero vamos a ver, ¡que yo soy como el cámara!”, les advertía él.

Víctor no es famoso, pero es el responsable de una tecnología que está detrás de docenas de escenas –algunas más recordadas que otras- fantásticas de películas. La que le llevó a aquella locura en México fue la del final del filme de Peter Jackson. La de la lava que devora todo cuanto encuentra en Mordor y alrededores, incluido aquel Gollum que se despeña por el Monte del Destino con su tessssoro. Ese fuego caldoso lleva la marca de Next Limit Technologies, la firma que Víctor y su socio Ignacio Vargas crearon en 1998.

Por entonces, trabajaban en una empresa de programación al tiempo que acababan la carrera de Ingeniería. Compartían aficiones, como el cine y los videojuegos, y les surgió la duda con la que empezaría todo. ¿Por qué es tan difícil simular fluidos en ingeniería para el cine? “Comprobamos que nadie lo hacía, investigamos y encontramos unos documentos científicos que hablaban de una simulación basada en partículas, un modelo más sencillo de programar”, explica Víctor. Empezaron en sus ratos libres hasta que vieron el momento de dar el salto a algo más serio. Entonces el hobbie se convirtió en su verdadero trabajo y dejaron el empleo en el que estaban.

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“Comenzar es muy fácil. No tienes nada que perder; el problema es cómo funcione. El software, básicamente, es ponerse con un café delante del ordenador. No hay que hacer grandes inversiones”. Y no las hicieron. Lo que crearon es su tecnología Real Flow, que permite simular cualquier efecto físico, pero sobre todo fluidos. La misma que Peter Jackson empleó para su saga y que ya ha aparecido en películas como Matrix, 300, Charlie y la fábrica de chocolate, Avatar, Batman, Poseidón o Lo Imposible; y en series como Daredevil, Perdidos o The walking dead.

“Muchas veces no nos enteramos de cómo o dónde la han usado. Hay mucho secretismo. Vemos una película y un efecto en ella que nos hace sospechar. Y seguro que hay muchas que se nos han pasado”, cuenta. Les ocurrió, por ejemplo, con The walking dead hasta que descubrieron que todas las salpicaduras de sangre –y son muchas, muchísimas- estaban hechas con su tecnología. “Y cada vez que lo veo digo: ‘¡Mira, ahí estoy yo!’”.

Rechazaron a George Lucas en su rancho y estuvieron al filo de nacer a tiempo para aparecer en uno de los mayores taquillazos de la historia, Titanic. Y viendo lo que ya han conseguido, quién sabe dónde estarían ahora de haberse apropiado de las corrientes de agua del filme de James Cameron. La producción protagonizada por Kate Winslet y Leonardo DiCaprio ganó entonces once Oscar, pero Víctor y su socio lograron el suyo en 2008. Sin estatuilla, eso sí. “Cuando es la gala, en la tele solo hablan de los actores y directores españoles que lo han ganado, pero siempre se olvidan de nosotros y de Juan de la Cierva”.

Sin embargo, aunque el cine es una potente herramienta de márketing para ellos, no es algo en lo que estén centrados en este momento. “A nivel de negocio, incluso con Oscar, no es algo maravilloso. Cuesta mantenerse, aunque seamos un referente mundial”. Por ello, hace tiempo que Next Limit, que cuenta con cerca de setenta empleados, se diversificó en otros sectores como los videojuegos, el Big Data, la arquitectura o la ingeniería, en los que tienen más negocio. Uno de sus productos más exitosos es XFlow, para simulación de fluidos en ingeniería, que usan mastodontes como Boeing o la NASA.

Su último movimiento es hacia la realidad virtual, en el que las gafas, según Víctor, obligarán a un cambio de modelo y de paradigma en la forma de fabricar software y de utilizarlo. “Nuestro camino es llevar la física en alta calidad, como océanos o explosiones, al tiempo real y con calidad”. Pero Víctor ya no estará en su escritorio, sentado delante de la pantalla de su ordenador, programando con un café al lado. “A veces recuerdo mis comienzos y digo: ‘Pero si yo sólo quería programar’. Y ahora ya no lo hago ni de lejos”.

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