Los españoles que podrían ayudar a erradicar el cáncer (y a los que el Gobierno no financia)

06 Nov 2016
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marchal

Por EDUARDO ORTEGA

@_eduardo_ortega

En 2014 todo parecía perdido. O, al menos, estancado. La pionera y prometedora investigación contra el cáncer liderada por Juan Antonio Marchal se quedó sin financiación. El trabajo que venían haciendo desde hacía varios años, por el que muchos pacientes suspiraban, estaba a punto de irse al traste. El Gobierno no salió en su ayuda. Fue casi una casualidad la que sí lo hizo.

El proyecto, desarrollado en colaboración con la Universidad de Granada, tiene como misión atacar a las células madre cancerígenas, responsables del inicio de los tumores, de la metástasis y de la recaída de los pacientes. “No les afecta la quimioterapia, porque normalmente se encuentran en estado latente, y además tienen una gran resistencia a los tratamientos”, explica el científico. Acabar con ellas, resalta Marchal (Granada, 1967), destruiría totalmente el tumor y el paciente se curaría por completo.

Han desarrollado varias líneas de investigación, todas pioneras. La principal es un compuesto, llamado Bozepinib, que demostró en ratones tener actividad antitumoral. El equipo encabezado por el científico granadino comprobó que eliminaba el tumor y la metástasis gracias a la inhibición de las células madre cancerígenas. Han ido, desde entonces, perfeccionándolo, haciendo modificaciones en sus estructuras. Ahora, han logrado mejoras, como la de que se sinteticen rápido. “Hemos demostrado eficacia en una gran variedad de tipos de cáncer, como el de colon, mama, melanoma, páncreas o pulmón”, enumera. Actualmente, han logrado que el fármaco pueda ser suministrado por vía oral y están llevando a cabo estudios para conocer la dosis máxima que se puede tomar sin que haya efectos secundarios, así como otro tipo de variantes. Se trata de un compuesto único en el mundo y que ya han patentado.

El segundo enfoque de su proyecto, también testado ya en ratones, consiste en usar nanocápsulas de aceite de oliva virgen y dirigirlas selectivamente hacia las células madre cancerígenas. Dentro de este material introducirán el compuesto que han desarrollado u otro que demuestre actividad contra ellas. La última línea de investigación está orientada al diagnóstico precoz de la metástasis. Por ello, se encuentran ultimando marcadores de posibles células madre cancerígenas en la sangre de pacientes.

El proyecto, desarrollado por un equipo multidisciplinar de químicos, físicos o ingenieros, entre otros, es realmente esperanzador. Sin embargo, tuvieron que emprender una odisea para poder seguir en pie.

Aquel 2014 comenzó a aparecer en algunos medios y llamó la atención de una persona anónima. Javier Requena, un médico malagueño con un cáncer de colon avanzado, se ofreció a colaborar. “Dijo que le parecía muy interesante y quería ayudarnos para lograr fondos”. Organizaron un concierto benéfico a través de una tuna y apenas consiguieron unos cientos de euros. Pero la voz se corrió. Una hematóloga, Pilar Galera, con la misma enfermedad, quiso ayudar. Montó en Torremolinos a finales del pasado año un festival de rock por el que pasaron varios grupos. “¡En sólo una noche logramos 84.000 euros en donaciones!”, exclama Marchal.

tumor

El paso crucial llegaría poco después. Otro médico, Sebastián Martín, lanzó una iniciativa en Change.org para captar fondos. Las miles de firmas que lograron a favor de este pionero trabajo consiguieron que la Junta de Andalucía otorgara 200.000 euros de financiación al proyecto.

Desde entonces, lograron por parte del Gobierno central, bien en forma de subvención directa o de concurso, 100.000 euros para el compuesto y 90.000 para las nanocápsulas. Pero no es suficiente. Ellos necesitan al menos un millón para dar el siguiente paso, el que sería un verdadero salto para el fármaco y quizás para millones de personas: el ensayo clínico en seres humanos.

-¿Cómo puede ser que el Gobierno no financie en mayor medida una investigación tan prometedora como la vuestra?

Yo entiendo que no somos los únicos que trabajamos en esta línea de investigación. Pero creemos que es fundamental el apoyo a este tipo de trabajo. Nosotros tenemos una capacidad hasta cierto punto, y es que de no ser por el micromecenazgo, hubiéramos tenido que dejarlo. Y lo que nos han dado ahora en ayudas no es suficiente, porque esto es muy caro. Tenemos mucha frustración.

 

Muchas empresas farmacéuticas están a la espera de ese paso al ensayo clínico en humanos. Lo exigen también las agencias reguladoras. Y cientos de personas les contactan semanalmente. “Tenemos llamadas desesperadas de gente que se ofrece como conejillos de indias para probar los compuestos”, confiesa el científico granadino. Él, de momento, no promete que sea la solución definitiva. “Todas las pruebas que hemos realizado nos indican que los seres humanos pueden ser buenos candidatos para nuestra investigación. Pero hay muchos compuestos que luego se caen en el camino en la fase experimental”.

Pilar Galera no pudo superar su cáncer de colon y murió el pasado mes de agosto. “Fue un golpe muy duro”, admite Marchal. Pero, en parte, gracias a ella están donde están. Puede que hasta haya tenido un papel muy importante para lo que pueda llegar en el futuro. Por ello, Juan Antonio y su equipo pusieron su nombre y el de Javier Requena a la Cátedra a través de la cual se puede donar para desarrollar sus soluciones para el cáncer. Es su legado.


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