Conciliación, lactancia y otros cuentos
¿Por qué me gustarán tanto los médicos? Quizás sea por influencia familiar: mi hermano es médico, tenía dos tíos médicos, y un montón de primos y primas míos son médicos. Mis mejores amigos son médicos. Aunque la influencia más clara debe provenir de una tía mía que, desde mi más tierna infancia, me repetía: “Nena, cásate con un médico, que son lo más. Y si no puede ser con un médico, con un abogado”. No me casé ni con un médico ni con un abogado, pero estoy segura de que mi tía me lo habrá perdonado.
Viene esto a cuento porque uno de mis primos médicos, estupendo pediatra del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, me ha hecho llegar un vídeo muy bueno sobre la lactancia materna. Buenísimo, sí. Yo soy ferviente partidaria de dar el pecho a los hijos, si se puede. Yo lo hice, aunque sólo durante la baja maternal, y lo recuerdo con mucha ilusión. Claro que yo no tuve ningún problema de ninguna clase y los niños eran de aquellos que, con 2 minutitos en la izquierda y 2 minutitos en la derecha, liquidaban el tema y crecían la mar de bien. Pero también entiendo a las mujeres que optan por el biberón (aunque no a las fanáticas anti teta), por los motivos que sean. Dar el pecho es una esclavitud total, aunque a mí me compensara con creces el cúmulo de sensaciones fantásticas que aquello me proporcionó. Estoy contenta de haberlo hecho, y eso que, 17 años atrás, todavía nos hallábamos inmersos en la época en que dar el pecho se consideraba casi un atraso, por poco moderno. Por suerte, casi nunca he hecho lo que dicta la época, sino más bien lo que a mí ha dado la gana.
Mis amigas jovencitas que ahora empiezan a ser madres intentan dar el pecho a sus hijos, pero son mucho más radicales a la hora de valorar el tema. Como la situación laboral es la que es, algunas piensan que es imposible hacerlo y abandonan a las pocas semanas. Incluso se enfurecen cuando alguien sugiere que se debería fomentar más la lactancia materna en el lugar de trabajo. “¡¡Sí, hombre, y qué más!!”, exclaman. Será que, en la vida real, toda esta cuestión de la maternidad, la igualdad, la conciliación de la vida familiar y laboral, etcétera, no está aún bien resuelta. Bienvenidas sean, a pesar de todo, las medidas legales que lo intenten.
Perdonen la extensión del comentario, pero quiero acabar con una anécdota cariñosa con el Dr. Santi: cuando mi hijo mayor tenía 3 meses nos fuimos a pasar el Fin de Año a las Islas Canarias. El día 31 por la tarde me empecé a encontrar mal, y pasé toda la noche con malestar y fiebre. En los albores del día 1, cuando el retoño reclamaba su ración de alimento, me entró esa duda que toda madre novata e inexperta puede recordar, de si debía o no darle el pecho, con lo fatal que yo estaba. Temía envenenar al niño con el virus maligno que me atacaba a mí. Entonces no existía internet, amigos. O sea que me puse como una loca a intentar localizar a Santi. Y como soy muy tozuda (como la mayoría de las madres), le localicé. Era el día de Año Nuevo, y la hora, para qué voy a mentir, impresentable para despertar a nadie, ni siquiera a tu pediatra favorito. Santi me tranquilizó y el nene deglutió y dejó de llorar.
Lo único que ahora tranquiliza mi conciencia, al recordarlo, es pensar que, bueno, gracias a la geografía, cuando marqué los dígitos en el teclado del teléfono para despertar a Santi, era una hora menos en las Islas Canarias.




Gracias, gracias mil Televisión Española, por ofrecernos este espectáculo sin igual llamado 
Para gran suerte mía, conozco y he conocido a unos cuantos como él. Los que yo conozco son gente excepcional, personas que lo dan todo por medirse contra los elementos naturales; es gente que vive fuera de nuestro mundo, y que a mí me dejan perpleja y admirada. A veces siento envidia de no ser como ellos. De no tener esa grandeza de saber que vas a emprender una cruzada peligrosa y de que puedes morir en el intento. Y mueren, mueren más a menudo de lo que nos parece. Una persona muy cercana a mí perdió a su hermano en la escalada a un pico. Y un compañero de trabajo salió en las noticias de la tele porque su hermano y su cuñada murieron durante una excursión en una zona no muy lejana a la urbe que habitamos, donde les sorprendió una tormenta repentina que les sepultó bajo la nieve para siempre. Fue durante unas vacaciones de Navidad, y este joven matrimonio dejó dos hijos de corta edad cuya custodia se disputaron la familia del padre y de la madre durante algún tiempo. Además, durante mi trabajo como reportera en una cadena de televisión, he vivido en vivo y en directo muchas situaciones de angustia, dolor y preocupación durante episodios de pérdida/localización/rescate de montañeros diversos en episodios de índole variada. Por cierto: el esfuerzo y la dedicación de los equipos de rescate, pertenezcan a una u otra administración (local, autonómica, del gobierno central), ha sido siempre excepcional. Los que viven estas situaciones extremas reaccionan siempre de forma extrema y extraordinaria.
Cuando te levantas por la mañana y pones la radio mientras preparas el desayuno, tu mente está casi siempre sintonizada al dial de las malas noticias. Atentados salvajes por doquier, terremotos y ciclones con cantidades escalofriantes de víctimas, guerras remotas que seguramente sólo les interesan a unos cuantos, tiranos longevos que, impunemente, deciden que dos millones de sus ciudadanos no puedan recibir ayuda humanitaria después de la catástrofe.
Por eso es tan reconfortante recibir, de vez en cuando, una buena noticia, como la del ensayo clínico que el doctor
Son ejemplos de coraje, de solidaridad, de generosidad, por parte de estos dos doctores concretamente. Ponen su vida, su saber y su inteligencia al servicio de una buena causa. Y, a pesar del torrente de calamidades que caen sobre nosotros cuando, al levantarnos por la mañana, escuchamos las noticias, yo estoy convencida de que en realidad hay muchísima más gente buena en el mundo que gente mala. Lo que pasa es que los malos suelen ser más poderosos, y aparecen en los medios con mucha más frecuencia.
No sé cuántos años hará que no veo el 






