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Ironía en la Costa Brava

03 Jul 2008
12:39 
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03-07-2008-11-55-58_0000.jpgTiene gracia que se eligiera el entorno paradisíaco del Cap de Creus para celebrar oficialmente los primeros 100 años de la Costa Brava. No es que la costa en sí tenga solamente 100 años; lo que se festeja es el nacimiento de la denominación Costa Brava a la franja de litoral que va desde Portbou hasta Blanes, en Girona, y que se atribuye al político y periodista Ferran Agulló. Tiene gracia porque el entorno escogido debe ser de los poquísimos de esta costa sin urbanizar, y eso sólo porque hace años obtuvo la condición de Reserva Natural.

La Costa Brava, durante poco más de la mitad del siglo pasado, era una03-07-2008-11-57-12_0000.jpg maravilla. Lo fue mientras este país era todavía pobre y hasta la llegada del turismo, que inyectó dinero en la economía y que disparó la construcción salvaje en sus playas y entre sus rocas sembradas de pinos. Vale la pena curiosear en la red para comprobar las barbaridades que consintió el franquismo en muchísimas de las localidades de la costa. Busquen el antes y el después de sitios como Platja d’Aro, Sant Feliu de Guíxols, Blanes, L’Estartit, L’Escala, Roses…la lista no tiene fin.

Con la llegada de la democracia la construcción desmesurada se frenó en cierta manera, pero sólo gracias a los esfuerzos y cruzadas de ciertos grupos que empezaron a poner el grito en el cielo por la destrucción del paisaje. A la que los políticos adquirían experiencia y pericia en saltarse las reglas, la especulación volvió a campar por sus fueros, hasta alzanzar su apogeo en los años 780 y 90. Ahora apenas queda litoral libre de hormigón en la Costa Brava. La barbarie constructora se trasladó hace unos años unos cuantos quilómetros al interior del territorio, pero bien cerquita. Pueblecitos situados a 10, 20 ó 30 quilómetros de la playa han quedado destrozados, engullidos por macrourbanizaciones, lo cual les ha privado de su gracia.

Y en este momento ha llegado la crisis. Por supuesto que no me alegro de que los trabajadores de la construcción se queden sin trabajo, pero sí de que sus patrones se lo tengan que pensar dos veces antes de aniquilar completamente el encanto y la placidez que, durante unas décadas, ofreció la Costa Brava a sus visitantes. Tengo la esperanza de que, una vez superada la recesión, los grupos que defienden la conservación del territorio tengan todavía más fuerza que ahora, y energía suficiente para poder parar los atropellos que sin duda algunos querrán seguir perpetrando.

Castaño oscuro

01 Jul 2008
14:17 
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banderaLa cosa ya empieza a pasar de castaño oscuro. Me refiero a la que se ha montado con la victoria de la selección española en la Eurocopa. Soy la primera en felicitar a este equipo joven y enérgico, me gusta su alegría y su fútbol. Pero no llego a entender por qué, desde hace una semana, nos levantamos, pasamos el día y nos acostamos con titulares gigantes sobre esta cuestión, gastamos un dineral impensable en retransmisiones en directo de todo tipo y no podemos vivir sin saber si a éste o a aquél jugador le ha salido un granito en el antebrazo derecho. ¿Hay alguien más en este país, aparte de mí, a quien no entusiasme tantísimo este torneo? Evidentemente, el domingo vi el partido, no soy de las que se van al cine para dejar claro que no le interesa lo más mínimo el resultado. Ya digo, me alegro de la victoria y de que todo el mundo esté tan contento, pero ahora ya nos empezamos a pasar.

Vale con que sigamos la fiesta post triunfo casi en directo; vale con que nos mordamos las uñas porque el avión que trae de vuelta a los chicos desde Viena se retrasa media horita; vale con tener a un montón de gente trabajando en cualquier rincón del mundo para conocer segundo a segundo la reacción de los seguidores de este equipo; vale con cortar las programaciones de todas las teles (o casi todas) para poder ver durante horas el recibimiento ciudadano dispensado a los chicos (y al abuelete panzón); vale, si me apuran, que los reciba la familia real al completo (excepto una de las infantas) para felicitarlos y hacerse una foto de gala. Se ve que las agendas de estos personajes públicos no deben ser difíciles de modificar, cuando el acontecimiento lo justifica.

Lo que no me vale de ninguna de las maneras es que el presidente del Gobierno aproveche otra foto, la suya con la selección, para alabar la unidad en torno a la bandera de España. Y repito: no estoy en contra de la unidad, pero sí totalmente en contra del manejo burdo de un acontecimiento deportivo para ensalzar un tema que, como poco, levanta suspicacias en muchos sectores, y que la derecha ha estado utilizando durante años para resucitar fantasmas donde no los hay. Esto no me vale. Tarjeta roja, señor presidente.

Y otra cuestión: el día que alguien descubra por fin una vacuna contra el sida o la malaria, ¿saldremos todos así, tan unidos, a celebrarlo?

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