Ironía en la Costa Brava
Tiene gracia que se eligiera el entorno paradisíaco del Cap de Creus para celebrar oficialmente los primeros 100 años de la Costa Brava. No es que la costa en sí tenga solamente 100 años; lo que se festeja es el nacimiento de la denominación Costa Brava a la franja de litoral que va desde Portbou hasta Blanes, en Girona, y que se atribuye al político y periodista Ferran Agulló. Tiene gracia porque el entorno escogido debe ser de los poquísimos de esta costa sin urbanizar, y eso sólo porque hace años obtuvo la condición de Reserva Natural.
La Costa Brava, durante poco más de la mitad del siglo pasado, era una
maravilla. Lo fue mientras este país era todavía pobre y hasta la llegada del turismo, que inyectó dinero en la economía y que disparó la construcción salvaje en sus playas y entre sus rocas sembradas de pinos. Vale la pena curiosear en la red para comprobar las barbaridades que consintió el franquismo en muchísimas de las localidades de la costa. Busquen el antes y el después de sitios como Platja d’Aro, Sant Feliu de Guíxols, Blanes, L’Estartit, L’Escala, Roses…la lista no tiene fin.
Con la llegada de la democracia la construcción desmesurada se frenó en cierta manera, pero sólo gracias a los esfuerzos y cruzadas de ciertos grupos que empezaron a poner el grito en el cielo por la destrucción del paisaje. A la que los políticos adquirían experiencia y pericia en saltarse las reglas, la especulación volvió a campar por sus fueros, hasta alzanzar su apogeo en los años 780 y 90. Ahora apenas queda litoral libre de hormigón en la Costa Brava. La barbarie constructora se trasladó hace unos años unos cuantos quilómetros al interior del territorio, pero bien cerquita. Pueblecitos situados a 10, 20 ó 30 quilómetros de la playa han quedado destrozados, engullidos por macrourbanizaciones, lo cual les ha privado de su gracia.
Y en este momento ha llegado la crisis. Por supuesto que no me alegro de que los trabajadores de la construcción se queden sin trabajo, pero sí de que sus patrones se lo tengan que pensar dos veces antes de aniquilar completamente el encanto y la placidez que, durante unas décadas, ofreció la Costa Brava a sus visitantes. Tengo la esperanza de que, una vez superada la recesión, los grupos que defienden la conservación del territorio tengan todavía más fuerza que ahora, y energía suficiente para poder parar los atropellos que sin duda algunos querrán seguir perpetrando.




La cosa ya empieza a pasar de castaño oscuro. Me refiero a la que se ha montado con la victoria de la selección española en la Eurocopa. Soy la primera en felicitar a este equipo joven y enérgico, me gusta su alegría y su fútbol. Pero no llego a entender por qué, desde hace una semana, nos levantamos, pasamos el día y nos acostamos con titulares gigantes sobre esta cuestión, gastamos un dineral impensable en retransmisiones en directo de todo tipo y no podemos vivir sin saber si a éste o a aquél jugador le ha salido un granito en el antebrazo derecho. ¿Hay alguien más en este país, aparte de mí, a quien no entusiasme tantísimo este torneo? Evidentemente, el domingo vi el partido, no soy de las que se van al cine para dejar claro que no le interesa lo más mínimo el resultado. Ya digo, me alegro de la victoria y de que todo el mundo esté tan contento, pero ahora ya nos empezamos a pasar.
Es todo bastante perverso (por no decir muy perverso). Resulta que Sudáfrica ha vetado una condena a
sin piedad; propietario de Guantánamo; sede de las mayores multinacionales patrocinadoras de los Juegos Olímpicos de Pekín, etcétera). Según la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, los USA están “estudiando con la UE la posibilidad de emitir una especie de resolución de condena” contra Zimbabue. Nunca hubo una mayor contundencia en las declaraciones de la consejera. Si lo miran bien, la frase contempla tres posibilidades diferentes de que no se produzca tal condena. Y nos quedamos tan anchos. Así son los media, y así son los seres inteligentes que median con los media poderosos día a día.
Centrémonos en el veto de Sudáfrica. No se puede entender este veto, a menos que recordemos que su presidente actual no es Nelson Mandela, sino 


A poco que uno esté informado, una de las imágenes del congreso del PP es la sonrisa conejil de Aznar durante la votación de una de las ponencias. Esa sonrisa, acompañada de diversas muecas, nos amargó la vida durante los ocho años de gobierno de Aznar, el Líder Supremo, ahora desaparecido. Se discutían cuestiones primordiales (en la
del PP y Presidente de la
Uno sabe enseguida que se acerca al recinto donde se celebra el 
de justicia de las 4 de la tarde, sólo atenuado por la sombra de algún arbolito del Village. Por cierto, qué bien se baila ahí, en el Village, descalza, sobre la hierba artificial. Eso, a primeras horas, porque luego está el suelo lleno de vasos de plástico y colillas de cigarrillos y cigarritos, cuyo perfume oloroso extiende la brisa alimentando al público. Y que conste que los servicios de limpieza trabajan duro y sin cesar. De allí pasamos, después de agenciarnos un mojito, al Dome (cómo se agradece la carpa) y después al Hall, donde los británicos Pram me dejaron boquiabierta, sobretodo porque su lideresa sirve para un barrido y para un fregado, y tanto se atreve con el acordeón como con la guitarra, la flauta travesera, el violín o lo que sea. La verdad es que estuvieron bien, porque además las imágenes de fondo eran muy sugerentes. El único problema era el calor sofocante del Hall, ese enorme y oscuro recinto que alberga centenares de espectadores; hacía tanto calor que, al volver al Village y a pleno sol, nos parecía que hacía fresquito. Enseguida se nos pasó, porque bailamos con el hiphop local de Chacho Brodas que, aunque son de aquí, parecen talmente recién llegados de L.A. o del Bronx neoyorquino.
pasmada. Dos hombres de mediana edad, que se parecen demasiado al tío Vicente y al tío Ramón de mi juventud. Es decir: pelo cortado no a cepillo pero casi, pantalones como de oficinista de los de antes, camisa de un tejido parecido al tergal, de manga corta, y corbata. Uno de ellos, con barba bien recortadita y gafas de montura de mediados del siglo XX. El otro, réplica exacta de un conocido crítico televisivo de Barcelona, cuando era joven. Ingleses tenían que ser, claro. Como su nombre indica, hacen música con ordenadores prehistóricos y, curiosamente, suena bien. Me gustó mucho la puesta en escena, los gráficos (los más modernos de todos), el aspecto de los dos señores y sus parlamentos, que empezaron con la dedicatoria de una de las piezas “a mi algoritmo preferido”, según el de la barba, y siguió luego con una exaltación del orgullo gay.
Hoy acaba el curso escolar en muchos centros de enseñanza primaria y secundaria. Hace unos días, en una reunión con una tutora, me decía ella que ya no podía más, que el curso bregando con adolescentes de 15 años la había agotado más que nunca, y que todo el claustro necesitaba las vacaciones como agua de Mayo. La verdad es que me pareció muy cansada.
tupés y crepados de los alumnos y alumnas, su indumentaria, y ajustando un pelín el guión, la peli era rabiosamente actual. ¡Y tiene 40 años!
Está muy claro que actualmente los descubrimientos científicos salen a la luz simultáneamente en todo el mundo gracias a su publicación en la red. El estudio del
Menos mal que no creo en Dios. Porque su representante en la tierra es el Papa de Roma. Y el representante del Todopoderoso en los cielos ha recibido, muy ufano, al todopoderoso de verdad, el que gobierna en Estados Unidos. Benedicto XVI no sólo ha recibido a George Bush, sino que, para honorarle mejor, ha prescindido del estricto protocolo que rige las audiencias pontificias. Allá que se les veía paseando por los jardines vaticanos, muy contentos los dos. Sólo faltaba que se dieran la manita. Fue de un tris, según me cuentan mis fuentes. El recreo se prolongó una hora, cosa rarísima porque el Papa, como está siempre tan ocupado, no suele recibir a nadie durante más de media hora. Pero ya sabemos todos que, en las citas interesantes, el tiempo vuela, no se da uno cuenta y ya tienes que estar en casa.
noble arte. Saber guardar las formas, adular incluso al contrincante para obtener algún beneficio, no me parece mal siempre y cuando no se caiga en el peloteo sin más. Y no sé si lo de Benedicto XVI y George Bush es peloteo mutuo o la cosa va más allá. Porque vamos, que me digan a mí no ya si el Papa debe recibir o no al ínclito George W., sino si debe hacerlo de esta manera tan descarada y proclamando a los cuatro vientos el respeto mutuo que se tienen. Los gestos hablan por sí solos. Se ve que están hechos el uno para el otro. Repitámoslo: uno es el ejecutor (que no artífice, porque su mente no da para tanto: ahí se ganaron el sueldo sus delfines asesores) de 




