Van pasando los años (2) sobre la llamada Ley de Memoria Histórica, que en el punto primero de su artículo 15 dice: “Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas”.
Hace ya tiempo que el topónimo de la localidad coruñesa de El Ferrol, donde nació el dictador, dejó de ser del Caudillo -asunto sobre el que Manuel Vázquez Montalbán escribió una magnífica crónica (“El Ferrol que nunca fue del caudillo”)-, pero en la actualidad nueve municipios de la geografía española, según denuncian Izquierda Unida y el Partido Socialista Obrero Español de Albacete, siguen llevando el nombre de Franco o el título de Caudillo, que lo fue por la gracia de Dios según voluntad de la iglesia católica. A saber:
Llanos del Caudillo (Ciudad Real); Gévora y Guadiana del Caudillo, ambas pertenecientes a Badajoz; Guadalcacín del Caudillo, integrada en Jerez de la Frontera (Cádiz); Bembézar del Caudillo (Hornachuelos-Córdoba); Águeda del Caudillo (Ciudad Rodrigo-Salamanca); Alberche del Caudillo (Calera y Chozas-Toledo); Bardena del Caudillo (Ejea de los Caballeros-Zaragoza); así como Ribadelago de Franco (Zamora). Es de tener en cuenta que algunas de esas localidades se encuentran en comunidades gobernadas por el PSOE.
Por cuarta vez, el Grupo Municipal Socialista de Salamanca presentó una moción en el Ayuntamiento de la ciudad para que el alcalde del Partido Popular retire las distinciones honoríficas que conserva Francisco Franco en la capital del Tormes. Por cuarta vez, el primer edil, Julián Lanzarote, rechazó el pasado jueves esa propuesta sin siquiera debatirla en el pleno. Franco sigue siendo alcalde de honor de Salamanca, distinguido además con la medalla de oro de la ciudad, al contrario de lo que viene ocurriendo en los últimos meses en otros municipios de España -incluidos aquellos gobernados por el PP-, tras la aprobación hace más de dos años de la ley de Memoria Histórica.
Según esa normativa, por la que deben adoptarse las medidas necesarias para eliminar las referencias de exaltación a la figura del dictador, la propuesta del PSOE también incluye el traslado al Museo de Historia de Salamanca de la efigie de Franco, tallada en piedra en uno de los medallones del llamado Pabellón Real de la Plaza Mayor. Aparte de que contraviene la vigente legislación, los socialistas salmantinos consideran y reiteran que esas distinciones son lesivas para la imagen pública de la ciudad, pues una corporación democrática no puede aceptar que el responsable de miles de asesinatos políticos ilegítimos siga siendo distinguido con los mencionados honores.
Es de recordar, aprovechando esta cuarta reclamación de los munícipes socialistas (las anteriores fueron en 2007, 2008 y 2009), que según un escrito presentado hace más de un año por el Partido Comunista en la Delegación del Gobierno, existen hasta 24 símbolos públicos que ensalzan el franquismo en Salamanca. Dado que su ubicación atañe no sólo al Ayuntamiento sino a la administración central del Estado, a la Diputación Provincial, al Obispado y hasta a la misma Universidad de Salamanca -que rechazó pero no retiró hace poco el título de doctor honoris causa a Francisco Franco-, compete a las aludidas instituciones la responsabilidad de que se aplique por fin la Ley de Memoria Histórica.
Paradójicamente, mientras Franco sigue siendo alcalde de honor de Salamanca y conserva su medallón en la Plaza Mayor, en el vecino pueblo de Monleras se erigió hace un par de años un pequeño monolito en memoria de José Rico, el cabo republicano vecino de ese pueblo que fue fusilado en Ceuta en 1937 por haber proyectado atentar contra la vida del dictador durante su visita a esa ciudad el 19 de julio de 1936, según investigó el historiador ceutí Francisco Salazar Montoya.
Glosada queda tamaña contradicción, cuya entidad, parafraseando el eslogan del jamón de Guijuelo -con denominación de origen también en la vistosa dehesa salmantina-, es sin ninguna duda única en el mundo.