El desconcierto

Por Fernando López Agudín

El Museo de Cera del PSOE

28 Mar 2017
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Retirados en los consejos de administración, habituados a las puertas giratorias, bien pensionados, instalados de por vida en las instituciones, han reaparecido cogidos de la mano en las primarias socialistas. Es como si el Museo de Cera del PSOE, compuesto por ministros de dos gobiernos en algo más de veinte años, hubiese cobrado de repente vida e interviniese desde el lejano pasado en los asuntos del presente y, sobre todo, del futuro. Ni cuando Almunia perdió frente a Borrell, ni tampoco cuando Bono fue apuñalado por Guerra, estimaron necesario relegar sus viejas rencillas; tal como lo hacen ahora, cuando su candidata no lo tiene nada fácil, pese a contar con los recursos que le facilita la Gestora, para poder enterrar definitivamente a Sánchez, quebrando su osamenta política, que es lo que solían hacer los pieles rojas con sus muertos cuando detectaban pisadas cerca de sus tumbas.

Las dos principales figuras de este Museo de Cera del PSOE, en calidad de ex-presidentes de gobierno, algo tienen que ver en que los socialistas estén hoy como están. Sin aquella genuflexión de Rodríguez Zapatero ante la Merkel, constitucionalizando como prioridad el pago de una deuda que ilegaliza toda política socialdemócrata, el voto socialista no hubiera caído en picado. De haber convocado elecciones anticipadas, en mayo de 2010, el PSOE seguiría siendo hoy la principal fuerza de la izquierda, Podemos sería un non nasciturus y los jóvenes profesores universitarios que hoy lo dirigen continuarían en las aulas impartiendo ciencias políticas. No digamos de Felipe González quien, tras perder el poder, se pasó al staff de los poderosos, contribuyendo así considerablemente, más que sus enemigos, a degradar la imagen del PSOE.

¿Qué grave problema existe en el PSOE para que hayan tenido que abandonar el Museo de Cera y, todos a una, arremangarse e intervenir a fondo en las primarias del partido que consideran su propia finca particular? Acusan a Sánchez ni más ni menos que de lo mismo que en su día el propio Felipe González defendió frente a Rodolfo Llopis y que también Zapatero practicó con Izquierda Unida y Esquerra de Cataluña. Es decir, lo que propone Pedro Sánchez cuando sugiere un gobierno progresista. Esa era, lógicamente, la preocupación de Aznar entonces y esa es, igualmente, lo que inquieta a Rajoy. Curioso que, al mismo tiempo que gobiernan desde la izquierda en varios gobiernos autonómicos y ayuntamientos, preocupe la posibilidad de hacerlo desde la Moncloa con un amplio proyecto gubernamental, que sería muy similar al que hoy en Portugal preside el socialista Antonio Costa.

Saben mucho mejor que nadie– figuras como Alfonso Guerra o Zapatero han sido calumniadas hasta por El País–que la propuesta de un gobierno de progreso es siempre recibida con las mismas descalificaciones que ahora mismo recibe Pedro Sánchez. Sostener, por ejemplo, que quien hoy lo propone entrega el PSOE a Podemos es un sarcasmo, cuando, precisamente, fue el propio Sánchez quien durante todo 2016 estuvo diciendo no es no a Pablo Iglesias El problema del defenestrado líder socialista empezó cuando dobló esta negación a Podemos con otra negativa muy similar al Partido Popular. Ha sido sólo el no es no a Rajoy el que ha generado la actual crisis del socialismo. Es la entrega del PSOE al PP la causa de la causa del mal dañado al socialismo. Si se veta hasta la más mínima posibilidad de un gobierno desde y por la izquierda, no hay más opción posible que la de gobernar con la derecha, como están haciendo.

Al no explicar los intereses que les llevan a esta conclusión suicida para el PSOE, las figuras del Museo de Cera fomentan el cainismo en la izquierda que con tanta delectación disfruta toda la derecha. Nada más estable para Rajoy que ver a los socialistas apuñalándose entre sí, y a los morados contra los socialistas, y a los socialistas contra los morados. Reabrir aquí y ahora todas las viejas heridas de la historia progresista, los recelos del viejo PSOE sobre la otra izquierda, tanto como los de la vieja IU sobre el PSOE que todavía sobreviven en Podemos, es el mejor camino para cortocircuitar a corto, medio y largo plazo cualquier perspectiva de cambio viable en la sociedad española. Si apenas hace una década era posible una alianza gubernamental de las fuerzas de la izquierda ¿por qué no lo es hoy ?

Es una batalla perdida la que libra la vieja guardia contra el tiempo y la biología. La Gran Coalición con Rajoy daña a la sociedad española, perjudica a la izquierda y hunde al Partido Socialista. La inmensa mayoría de los ciudadanos, sobre todo las clases medias y trabajadoras, demandan in crescendo un gobierno que atienda sus necesidades e intereses y, afortunadamente, las nuevas generaciones de líderes socialistas no tardarán en devolver a estos patéticos líderes al Museo de Cera. Que hoy se hayan visto obligados a reaparecer indica mejor que nada su angustia ante un horizonte que no habían calculado ni en sus peores pesadillas. Si el resto de la izquierda tiene paciencia, la famosa “tierpienie” que recomendaba un ilustre calvo, y vence la mala tentación del sustituísmo, el inútil intento de sustituir al PSOE, la alternativa progresista se abrirá finalmente camino.


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