El desconcierto

Por Fernando López Agudín

La cita de Pedro y Pablo

27 Jun 2017
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De la misma forma que la inminente festividad de San Pedro y San Pablo nos recuerda que sin la dualidad de ambos apóstoles la Iglesia Católica no sería lo que es, la reunión que celebran hoy Pedro Sánchez y Pablo Iglesias confirma que sin la unidad del PSOE y Podemos la izquierda española no puede tener futuro gubernamental alguno. No van por ahí, sin embargo, las primeras reflexiones compartidas de los líderes socialistas y morados. Más allá de algunas buenas palabras, los gestos unitarios y las muchas buenas intenciones anunciadas, subsisten no pocas reticencias y recelos, cuando no segundas intenciones ocultas. La cita de este martes rompe nueve meses de divorcio entre el PSOE y Podemos, sin duda alguna, pero no puede abrir de momento ninguna nueva relación política que pueda ir más allá de una coyuntural colaboración parlamentaria. ¿Por qué?

Ambas formaciones ponen los bueyes delante de la común carreta unitaria. ¿Serán bueyes socialistas o serán morados los que tiren del carro conjunto? La lucha por la hegemonía en el seno de la izquierda es la gran preocupación  de unos y otros. Rematar al PSOE, dándole el tiro de gracia que lo envíe al museo de la Historia y desinflar Podemos, hasta reducirlo a la mera correa de transmisión que era la vieja Izquierda Unida, son los objetivos subyacentes que afloran de vez en cuando en los comentarios, críticas y descalificaciones. Ni el PSOE ni Podemos dan por sentada la actual correlación de fuerzas y calculan que es posible variarla en su favor. Por supuesto, muy mal acompañadas de algunos ridículos lacitos ideológicos que rápidamente transforman estos planteamientos personalistas o partidistas en problemas políticos.

Haciendo gala de su habitual y brillante ingenio, un ideólogo de Podemos, nada más vencer Pedro Sánchez en el PSOE, lo resumió certeramente en el titular que encabezaba su artículo: “Eramos pocos y parió Sánchez”. La derrota de Susana Díaz, que de vencer hubiese consagrado el papel hegemónico de Podemos en la izquierda, les cogió ayer con el pie cambiado. Ni siquiera pensaban que el líder socialista se presentara, ni muchísimo menos que pudiera ganar. Tanto que, cultivaban a Eduardo Madina como el muy probable relevo generacional del socialismo. Se encuentran, por lo tanto, con una competencia que no esperaban, justo en una coyuntura, tras el brusco frenazo de las elecciones del pasado 26 de junio, en la que se ven obligados a reconvertir en partido político lo que hasta ese mismo día era un potente movimiento nacional y popular regenerador de las instituciones. De todo esto se desprende y se impone negar la mayor. Pedro Sánchez utiliza las mismas faldas ideológicas que Susana.

Tarde y mal, pero el PSOE ha reaccionado. Reacción que les lleva, en el vértigo del éxito, a intentar recuperar los votos perdidos por la política de derechas que aplicaron desde que Zapatero se arrodilló ante la Merkel. Lo dicen abiertamente al señalar que se dirigen a los electores de Podemos y no a Pablo Iglesias. Si los morados se beneficiaron de la traición socialista a su electorado, ahora que las bases han impuesto un giro a la izquierda, los socialistas se dicen: ¿por qué no plantear la devolución de lo que consideramos votos prestados? De esta manera, se retoma ahora el peor discurso de la derecha mediática— casi todos los medios de comunicación— sobre las muy aviesas intenciones de Podemos separando, claro está, la base de la dirección morada. Ni que decir tiene que en esta tarea cuentan con los muy potentes recursos de los que ayer defenestraron a Pedro Sánchez e intentarán defenestrarle mañana.

En este bizantinismo que recubre la lucha por el reequilibrio del poder en el seno de la izquierda, donde las diferencias tácticas no pueden esconder una común estrategia, ambas siglas pretenden que Podemos sea un PSOE bis o el PSOE un Podemos bis. En sus mutuas puestas en cuestión tratan de borrar las identidades, ideologías y objetivos de cada fuerza. Como si ser de izquierdas fuese patrimonio exclusivo de Pedro o de Pablo, y no de Pedro y Pablo a la vez. Olvidando que la izquierda española, incluso cuando lo que estaba en juego eran unas apuestas revolucionarias, que hoy en dia ni están ni se las espera, siempre ha sido plural. Hoy sólo cabe hablar de matices y quien lo ha olvidado, como la Syriza de Alexis Tsipras, está siendo brutalmente castigado por las latigazos de Merkel sobre las espaldas del pueblo griego.

Cuanto antes acepten unos y otros que Podemos ha venido para quedarse y que el PSOE no va a desaparecer, mejor les irá a Pedro y Pablo. Todos los datos sociológicos, socioeconómicos y políticos, señalan que tanto monta, monta tanto PSOE como Podemos. Podrán variar mínimamente los porcentajes en intención de voto, pero punto arriba o abajo, van a ser dos fuerzas bastante equilibradas que traducen hoy la histórica unidad en la diversidad de la izquierda española. La lucha por la hegemonía en el seno de la sociedad española– hoy detentada por la firme unidad de toda la derecha (PP y Ciudadanos)–, únicamente les permitirá seguir compitiendo por el liderazgo de la izquierda, si esta competición se concreta en cómo terminar con Rajoy y Rivera. Encontrar la fórmula para echar al PP-C’s es el reto al que se enfrentan Pedro y Pablo. A la vuelta de hoja de calendario les espera el ejercicio del derecho de autodeterminación de Cataluña, apoyado por el 80% de los catalanes, que va a ser reprimido por la Moncloa.


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