El desconcierto

Por Fernando López Agudín

Tras el 155, ¡a por el cupo vasco!

21 Nov 2017
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Aprovechando la ola involucionista que recorre España, tras la aplicación del 155 en Cataluña, Albert Rivera pone el punto de mira de la escopeta nacional en el cupo vasco. Ciudadanos votará en contra de su aprobación el próximo jueves en el Congreso de los Diputados. Hasta aquí y ahora, solo cuestionado por el grupo extraparlamentario UpyD, durante la dirección de Rosa Díez, vuelve a ser puesto en cuestión e insertado en el serio proceso de recentralización que empieza hoy a relanzarse en el Estado español desde el claro desafío de la Generalitat. No será votado, por supuesto, más que por los parlamentarios de Cs y, quizás, por los del grupo Compromís, tras la reciente e importante manifestación de unos 60.000 valencianos demandando una financiación autonómica menos injusta; pero esta votación sobre el cupo vasco echa aún más leña al fuego catalán.

La relectura de las obras de José Antonio Primo de Rivera por Rivera sobre” la unidad de las tierras y los hombres de España” está siendo sumamente rentable, según todos los sondeos electorales, para Ciudadanos. Con Rajoy y Sánchez a remolque, que avalan la estrategia del Cs, nada más lógico que Rivera trate de catalanizar el privilegio fiscal vasco dado el excelente resultado que le ha dado la denuncia del soberanismo catalán. Porque todo el discurso crítico de Ciudadanos contra el nacionalismo en Barcelona es  siempre extrapolable a Bilbao. Que sea constitucional el Concierto Vasco, del que el actual cupo es el eje, no es níngún handicap puesto que si el clan del 155 habla de la reforma constitucional sería el momento y hora, en opinión de Albert Rivera, de igualar fiscalmente las tierras y hombres de España.

No se trata tanto de terminar ahora con este cupo vasco como de rentabilizar electoralmente su existencia. La propuesta de Rivera es todo un torpedo contra la línea de flotación electoral de un Mariano Rajoy necesitado, además, de que el Lehendakari le mantenga en la Moncloa votando los Presupuestos Generales del Estado a cambio del cuponazo. No digamos de Pedro Sánchez que, igualmente, necesita el apoyo de Ciudadanos para gobernar la taifa andaluza, siempre muy atenta a la retórica contra todo nacionalismo que no sea el español. La unidad política del clan del 155 no excluye la competencia electoral entre el PP, el PSOE y Ciudadanos y, por lo tanto, Rivera se afana en intentar rellenar su cesta electoral con todos los votos que logre arrebatar en los feudos populares y socialistas.

La nada santa trinidad del 155 está bastante quebrada desde que empezaron a intervenir Cataluña. ¿Quien va a rentabilizar la intervención catalana? y ¿cúando hay que cobrar los réditos? son las dos preguntas que los dividen o, mejor dicho, divide al PP de Cs dado que el PSOE no va más allá de ser un avalista de Rajoy. Rivera acompañado de Aznar, y otros importantes activos del PP, estiman que debe ser solo la derecha quien se lleve los dividendos electorales; Rajoy escoltado por Sánchez y la derecha catalana y vasca creen, por el contrario, que la avaricia de Rivera corre el serio riesgo de romper el saco de la derecha y,  por lo tanto, deben compartir las rentas de las próximas elecciones con los socios catalanistas, vasquistas y avalistas socialistas que decoran democráticamente la aplicación del 155.

La fecha de las urnas también los separa. Albert Rivera quiere su apertura no más allá de la próxima primavera. Su pretexto es que es muy necesario un gobierno apoyado masivamente por toda la derecha para continuar afrontando el problema catalán tras las elecciones catalanas del próximo 21 de diciembre, que nada van a resolver. O sea, Rivera pretende atar corto a Rajoy. La Moncloa, por el contrario, desea alargar la legislatura hasta 2019 con la esperanza de que el contaminado clima político actual vaya difuminándose hasta entonces. Igual piensa Sánchez. Unas urnas en primavera allanarían el camino a un gobierno PP-Cs, mientras que unas urnas en 2019 le permite consolidar la unidad del PSOE con la derecha de Rajoy en Madrid, la derecha de Durán i Lleida en Barcelona y con la derecha de Rivera en Andalucía.

En esta lucha por el poder, sólo intentan establecer su hegemonía en el clan del 155, el cupo vasco no es más que, al menos por el momento, un arma arrojadiza destinada a captar votos del nacionalismo español y a obstruir las maniobras de la Moncloa. Nada les divide salvo el fijar, variar, o alterar la correlación de fuerzas internas. Rajoy, Rivera y Sánchez, están con el 155, el 135 , la Corona y el Ibex-35. Su ya irresoluble problema es que Rajoy ha convocado demasiado pronto las elecciones catalanas para que el 21 de diciembre pueda ser diferente del 20 de diciembre. Ya se lo señalaba Aznar a estos tres mosqueteros de la intervención cuando bien les advertía que si dichas urnas deparaban un resultado análogo al existente hoy, Rajoy, Sánchez y Rivera no estarían en igual situación sino en una peor.


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