Los ausentes de la Escuela del PSOE

Fernando López Agudín

Antes de que comenzaran las clases de la Escuela del Gobierno del PSOE,  de ayer jueves 15 a mañana sábado 18, ya se conocía que una parte del profesorado anunciado por Pedro Sánchez, desde González a Rubalcaba, no iban a acudir a estas aulas de Ferraz. Con lo que el enunciado del programa cae por su propio peso. Si  las  dos mejores cabezas socialistas, con sentido de Estado, no encuentran ya en sus agendas ni un día para impartir sus saberes, cabe deducir que no comparten que sea viable el voluntarismo del secretario general de llegar a la Moncloa como sea, con quien sea y con la política que sea. Probablemente, consideren que no se puede dar clases de gobierno sin darlas antes de oposición.

A la vista está. El sorpasso de Ciudadanos es tan evidente como el suelo de Podemos. Ni Sánchez se lleva lo que pierde Rajoy, que va  a Rivera, ni tampoco la bajada de Iglesias, que va a la abstención. Todos los sondeos indican que ya no funciona el turno de partidos PP-PSOE, ni tampoco prospera  aquella Opa que calculaban  aplicar sobre la sigla morada. Estancamiento puro y duro.  Unos cinco millones de votos, eso sí, pero estancados y, lo que es peor, del todo inoperantes. No sirven a una gran coalición, como ocurre en Alemania, ni a un gobierno de progreso, como ocurre en Portugal. Ese total rechazo a sumarse a uno de los dos  únicos proyectos políticos  viables, bien enfocados desde la derecha o desde la izquierda, les condena a una crisis interminable que podría acabar en agonía.

En justo descargo del secretario general, cabe afirmar hoy que con Sánchez o sin Sánchez tienen remedio los males del PSOE. Ya es evidente en las maniobras que tienden a sustituirle una vez que las urnas le obliguen, volens, nolens, a presentar mañana su dimisión. No porque no existan aspirantes a sucederle, ya calientan por la banda los Sánchez bis que rivalizan por ejecutar lo planes de la autoridad competente que es, por cierto, la que se ha ausentado de la Escuela de Gobierno, dado que Pedro Sánchez no tiene quien le llore. Los que le traicionaron, en el coup d’ Etat del 1 de octubre de 2016 , cabalgan hoy hacia el sillón de Ferraz, porque él mismo  ha traicionado  a todos los que le votaron en las primarias.

El auge de Ciudadanos refuerza a los que buscan reconvertir al PSOE en el Partido Demócrata americano. En esa visión, Rivera se aprovecha de la tardanza del PSOE en afrontar esta muy necesaria reconversión, que estiman urgente para recuperar los votos prestados a la formación naranja. Es decir, un partido electoralista, sin más seña de identidad que un bastante vago e indefinido programa en el que, por supuesto, no quedara otra letra que la E de las tres de sus siglas históricas. No es fácil esta operación, como lo demuestra que pese a ser defendida por el propio González no acaba de cuajar. No parece claro que hoy cuaje, aunque el éxito de Ciudadanos pone el viento en sus velas.

Más audaces son los que mezclan la crisis del PSOE con el futuro de Podemos. Desde esa perspectiva, piensan en la posibilidad, algunos hablan de probabilidad, de recuperar a una parte de los morados que huyeron del PSOE en busca de ese PSOE decente. Al fin y al cabo, disponen de los cuadros solventes de los que hoy carece el banquillo de Ferraz. Pese a que numerosos observadores especulan con los publireportajes, gratis total, en página impar de El País, dedicados a Errejón, ajenos seguramente  a la voluntad de este líder político, nada abona, hoy por hoy, que esta posibilidad pueda concretarse; aunque, ciertamente, todo depende de cómo evolucionen los procesos políticos tanto en el PSOE como en Podemos.

La previsible mayoría absoluta PP-Ciudadanos, la intensificación de los recortes sociales y la presión de  Angela Merkel, no van a dejar, probablemente, espacio alguno para cualesquiera de estas maniobras. Sin un  claro giro a la izquierda, sin la elaboración de una alternativa progresista, el PSOE acabará reeditando la experiencia de los viejos partidos radicales europeos, alguno de ellos como el francés con una larga trayectoria política, que incapaces de readaptarse a un nuevo escenario socioeconómico terminaron languideciendo. Pero de estas tres opciones de futuro del PSOE,  la del viraje a la izquierda es la que lo tiene más difícil. No existe, ni está, ni se le espera por el momento, a quien pueda levantar la bandera de la socialdemocracia.