Máster de Cifuentes, dilema de Rivera

Fernando López Agudín

No sabemos aún si la señora Cristina Cifuentes es honesta, aunque si fuese mujer del César sería condenada por no parecerlo; ni tampoco sabemos, todavía, si Albert Rivera se atendrá al punto tres del pacto PP/ Cs que especifica claramente:  “la separación de cualquier cargo público que haya falsificado o engañado en relación a su currículum o a su calificación profesional o académica”. Es, por lo tanto, un doble test moral y político al que se enfrentan hoy mismo el Partido Popular y Ciudadanos. Porque la insólita aclaración dada por el Rector de la Universidad Rey Juan Carlos  carece de la más mínima credibilidad. No en vano en su corta vida  esta Universidad ha estado jalonada por una sucesión de escándalos.

Llueve sobre mojado. Cuando la Púnica aún gotea sobre Cifuentes, le cae la tormenta del máster regalado. No lo va a tener nada fácil, los callos que pisó sobre la Gürtel intentarán darle hoy el puntapié definitivo para impedir que continúe presentándose como la anti Esperanza Aguirre; algo así como la única política honesta en ese océano de corrupción que es el Partido Popular en la Comunidad de Madrid. Al final, como sucedió con Al Capone, la aún presidenta de Madrid  podría caer por una falsificación de un expediente académico, como le sucedió al capo de Chicago, en los años treinta, cuando resbaló con el delito fiscal. Su pasión política ha comenzado justo antes del Domingo de Ramos;  le esperan por tanto, los latigazos, la corona de espinas y los besos de Judas,  sin que ningún Cirineo del Partido Popular le limpie el sudor de la frente.

Pese a que Rajoy le crecen los enanos, en el circo de la corrupción del PP, no parece apenas preocupado. Al fin y al cabo, supone un escándalo más pero también una aspirante menos hacia la Moncloa. Tras  lo vivido con Bárcenas , Rato, Aguirre, Camps, Mata y demás ilustres personalidades de la derecha, los dos notables ,presuntamente regalados a Cifuentes, no suponen ningún suspenso para la Moncloa . Tampoco espera Rajoy que el relato sui generis de la Universidad Rey Juan Carlos  vaya a ir mucho más allá. En realidad, no es el único recinto universitario donde los políticos son tratados a cuerpo de rey, ni donde  sus familiares encuentran un buen empleo. Todo lo más, una nueva incomodidad con Ciudadanos y para los de Ciudadanos. A ver cómo responden esta vez.

El problema Cifuentes es el problema Rivera. La dudosa moralidad de la primera, es la dudosa política del segundo. El citado punto tres del acuerdo PP/ Cs no admite interpretaciones. Su literalidad indica que debe exigir la dimisión de su socia, la presidenta de Madrid. Si se atiene a lo dicho por el Rector Javier Ramos, mal; si exige la dimisión, peor. En la primera hipótesis, sufriría mucho la marca incorrupta de Ciudadanos; en el segundo, sufriría mucho la marca ideológica de Ciudadanos. El dilema es  bien patente: continuar con la basura que envuelve al PP o denunciarla en detrimento de la unidad de la derecha, con el serio riesgo de allanar el camino a una opción progresista.

El reciente veto del PSOE al PSOE –Sánchez ha vetado la presencia de Guerra, Bono e Ibarra  en la comisión constitucional del Congreso– le ofrece a esta formación política una oportunidad para salir de este dilema. Si apuesta por denunciar a Cifuentes, puede atraerse una buena parte del electorado socialista que, según todas las encuestas, se han visto seducidos por Ciudadanos  al igual que  los tres vetados líderes socialistas. Sería una buena jugada hacia la captura de un voto de centro izquierda, que todavía vacila en pasarse junto a los cientos de miles que han cambiado el rosa por el naranja. La fragilidad de los candidatos  madrileños del PSOE, partido que carece de banquillo, puede ser un aliciente más en esta posible respuesta de Rivera.

De cualquier forma, se ha abierto la veda sobre la señora Cifuentes. En la cacería permanente que es el PP madrileño, es ahora la pieza a cobrar. Unos por un afán de vendetta, otros por ambición de sustituirla y los terceros por una muy insana socialización  del dolor penal. De la derecha madrileña brota un olor muy desagradable, tanto  que hace muy difícil hoy la recomposición del Partido Popular.  En ningún otro territorio de  España, como en la capital del Estado,  Ciudadanos aparece nitidamente como el único salvavidas neoliberal que puede borrar la mancha de la delincuencia sobre el neoliberalismo. Cifuentes tiene pues todas las papeletas para acabar siendo chivo expiatorio.