El “Todo por la Patria” de Rivera

Fernando López Agudín

La tentación recentralizadora de Ciudadanos, muy crecido con el enfrentamiento de los distintos pueblos que componen España, se acerca a Euskadi y Navarra. Visto el resultado espectacular obtenido en Cataluña, y sobre todo su más que extraordinaria repercusión en las restantes comunidades, que coloca al Partido Popular a los pies del caballo de Santiago Apóstol, Rivera ni corto ni perezoso, intenta hoy exportar la grave tensión territorial al País Vasco. Tanto para lograr representación en el parlamento de Vitoria, las encuestas le dan un escaño, como en el parlamento navarro, donde los mismos sondeos le otorgan tres escaños; pero, fundamentalmente, para consolidar su ascenso en el Congreso de los Diputados.

No podían, pues, desaprovechar el último e importante comunicado de ETA. Aseguran que no votarán los Presupuestos si la Moncloa cede a las presiones del Lehendakari Urkullu sobre los presos vascos o si el Gobierno de Euskadi se alinea con las reivindicaciones penitenciarias de la izquierda abertzale. Lo de menos es que estas premisas sean falsas, no existe tales presiones, lo que pretenden es presentar a Rajoy, una vez más, como un pusilánime al que el PNV tiene cogido por los cinco escaños, liderados por Aitor Esteban. Con lo que se le va a hacer extremadamente difícil, al aún presidente de Gobierno, acercar los presos a las cárceles vascas, tal como el presidente  galo Macron, modelo de Ciudadanos, los está acercando a las prisiones de su país.

Metidos ya en faenas vascas, Rivera mata dos pájaros de un tiro fiscal. Tampoco votará los Presupuestos si el Gobierno cede la gestión de la Seguridad Social al Gobierno vasco. Premisa igualmente falsa, porque si es cierto que el PNV la reclama, también lo es que el Partido Popular ni se plantea tal cesión. Da igual, ya ha salido un comunicado del Círculo de Empresarios, élite bastante estrechamente vinculada a Ciudadanos, en contra de tal transferencia y, por supuesto, el propio PP, a continuación, desmintiéndola. Sumada, además, a la acusación anticonstitucional sobre el mismo Concierto Vasco, reconocido por  la Constitución, se crea una imagen de la sociedad vasca, tan insolidaria como privilegiada, bastante rentable, en estrictos términos electorales, fuera de Euskadi.

Navarra no podía escapar tampoco a las crecientes ansias del ciudadano Rivera. Aprovechando la información sesgada sobre el juicio de Alsasua, en la que cualquiera parecido con la realidad es mera coincidencia, los de Ciudadanos pisan el acelerador político sobre el fantasma de una anexión de la comunidad navarra por la vasca, tratando de ulsterizar Navarra. Los tres escaños que le dan quienes sondean la intención de voto, todo un trasvase social del electorado del Partido Popular a Ciudadanos, abonan esta política tendente a enfrentar a los habitantes de cultura castellana con los de cultura navarra, a la vez que confrontar a Navarra con su vecina Euskadi. Los aficionados a jugar con Tabarnia tienen aquí, como en Alava, un campo donde trasplantar el juego preferido de Rivera.

La amenaza vasca de Rivera necesita, para ser eficaz, aplaudir con las dos manos la petición procesal, de ayer mismo, de la Fiscalía General del Estado contra nueve profesores catalanes “por humillar a los hijos de la Guardia Civil”. Ni que decir tiene, por si faltara algo, que la reciente requisa de vestimenta de los aficionados futbolísticos, decidida alegal o ilegalmente por el ministro Zoido, ha sido únicamente aplaudida por Ciudadanos. No digamos de ese anunciado fichaje del fracasado político socialista, Manuel Valls, para convertir Barcelona en un campo muy embarrado, donde algunos  aventureros cosmopolitas buscan una nueva oportunidad a costa de los catalanes. Más de doce largos años de experiencia frentista en Cataluña han convertido en un auténtico experto a Rivera.

Ciudadanos. como las Casa Cuartel de la Guardia Civil, tiene como emblema “Todo Por la Patria”. Entendiendo por tal solo una de las cuatro naciones que componen el Estado español. No sería muy grave, sino fuese acompañado por el ejército de la Brigada Aranzadi, la Brunete Mediática y el compromiso de los intelectuales con el poder. Su objetivo es la total ocupación de la Moncloa para proceder a una recentralización del Estado, punto final a las concesiones habidas durante la pasada transición de la dictadura a la democracia, que pueda ser apoyada por la inmensa mayoría de los españoles, pero no de los catalanes, vascos y gallegos. En esta cadena, Euskadi no es más que un eslabón.