Opinion · El desconcierto

La venganza de la España plurinacional

Como toda realidad que es negada, la España plurinacional acaba de vengarse. Una moción de censura que tenía como objetivo resituar políticamente tanto al PSOE como a Pedro Sánchez, ha terminado con el partido en la Moncloa y con su líder como presidente de Gobierno. En apenas unos días, el mismo PNV pasó de votar a favor de Rajoy, en la votación sobre los Presupuestos del Ministro Montoro, a botarle de la presidencia, en la votación sobre la moción de censura. Ortuzar no podía hacer otra cosa. Desde el mismo momento y hora en que Carles Puigdemont optó por hacer política estatal, el PNV no podía continuar acompañando a la mafia corrupta del PP; máxime, cuando los dos diputados de la izquierda abertzale anunciaban asimismo su voto higiénico contra el PP. Tanto que la reunión del Euskadi Buru Batzar era seguida incluso con más interés que el propio debate sobre la moción.

Desde las históricas elecciones de febrero de 1936, no había vuelto a registrarse una mayoría parlamentaria como la que ha llevado a Sánchez a la presidencia del Gobierno. La suma total de las fuerzas nacionalistas vascas con las soberanistas catalanas, además de las progresistas españolas, configura sociológicamente la pluralidad de las naciones que conviven en el Estado español. Doce millones de votos, un millón más de los que hoy sostienen el centralismo del PP y Cs, que venían demandando una firme política democrática, que combinase la agenda territorial con la social sin relegar a ninguna, han encontrado, finalmente, la respuesta política que buscaban. Unos nueve meses de sistemática involución democrática en España, sobre todo marcados por una fuerte represión en Cataluña, han generado la necesidad de poner pie con el gobierno Sánchez.

Una vez más, es al PSOE a quien le corresponde la responsabilidad de aglutinar este movimiento democrático. Probablemente, el recuerdo de aquel Sánchez, vencedor de los poderosos enemigos que ayer le defenestraron, explique el cheque en blanco que acaba de recibir. Esa es su debilidad y esa es toda su fuerza. Sus apoyos están y deben de continuar estando solo en el parlamento; su gobierno debe estar compuesto únicamente por socialistas. Al igual que ocurre con el gobierno de Antonio Costa en Portugal, sostenido desde fuera por el PCP y por el Bloco de Esquerda. La izquierda lusitana da un ejemplo político de lucha contra el sectarismo. La pugna por los sillones del Consejo de Ministros no lo fortalece sino que lo debilita Querer hoy rellenar ese talón en blanco, otorgado ayer mismo a Pedro Sánchez, agravaría bastante el desafío al que el Gobierno socialista va a tener que hacer frente. No es un problema cuantitativo, sino cualitativo, la formación de un gobierno en la  excepcional situación española.

Tarea prioritaria de Sánchez es el cambio de vías para evitar el choque de trenes nacionalistas tan ansiados por el joseantoniano Rivera. De entrada, ha recibido una buena noticia con el apoyo del nuevo president de la Generalitat, Quim Torra, a la sensata propuesta del Cercle d’Economia de elaborar “un nuevo Estatuto de Cataluña con rango constitucional en el marco de la Constitución Española”. La expulsión de Rajoy de la Moncloa, que siempre se negó al diálogo político con el parlamento catalán, crea, desde luego, un nuevo clima en el que los pueblos de España pueden reencontrarse. Que nadie se equivoque, el éxito o fracaso político de este nuevo gobierno socialista depende de que se sepa encauzar bien las tensiones interterritoriales presentes en España. Desde septiembre, sobre todo tras el parte del 3 de octubre del Jefe del Estado, la principal asignatura de la democracia es la agenda territorial.

Sin desarmar la Brigada Aranzadi, que judicializa los conflictos políticos pro domo sua (PP-Cs), y la Brunete mediática, la Moncloa lo va a tener muy difícil. Desde el ministerio de Justicia y la Fiscalía General del Estado, nombramientos urgentes, cabe disolver la fronda de los togados políticos tanto como promover  a la vez a los sectores profesionales de la judicatura. Es todo un síntoma que coincidiera la entrada de Sánchez en la Moncloa  con la salida de la mujer de Barcenas de Soto del Real, de la mano del presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes. No menos importante es que los medios de comunicación, una vez recuperen la pluralidad que tuvieron bajo el gobierno de Zapatero, puedan contribuir  a fomentar la cultura democrática inherente siempre a la España plurinacional. Una vez desmovilizadas estas brigadas, la Fiel Infantería de Rivera perdería bastantes piezas de artillería, justo cuando está a punto de retomar su presencia en la calle.

La España plurinacional solo ha ganado una batalla parlamentaria. Muy importante, pero muy limitada. Dispone de dos años para conquistar también la batalla política en las urnas. Primero, urnas municipales y autonómicas; luego, generales. Afortunadamente, la reacción del PP y Cs, compitiendo ahora desde la oposición por el españolismo más rancio, va a ahorrar no pocos problemas a la abigarrada mayoría parlamentaria que ha llevado a Sánchez a la Moncloa. Cuando se tienen apenas unos dos años por delante, la heterogeneidad de la España plurinacional va a concretarse en un programa común tácito: derrotar electoralmente a la reacción centralista. Si alguno de los ocho partidos que votaron a Sánchez lo olvida, lo pagaría en la parte que les corresponde  de los doce millones de votos progresistas que han llevado a Sánchez al Poder, tal como llevaron en febrero de 1936 a Manuel Azaña.