Opinion · El desconcierto

La doble estrategia de la tensión de Rajoy

El Ciudadano Rajoy contra el Popular Rajoy. Nada ilustra mejor el tipo de oposición que el Partido Popular va a practicar contra el aún non nato gobierno del Partido Socialista. La vendetta en forma de enmienda contra el PNV, que presenta en el Senado el ex-presidente contra el nuevo presidente, es el primer anticipo radical de lo que, probablemente, va a ser la política española hasta justo el final de la presente legislatura. Esa propuesta de revertir la inversión prevista en Euskadi para distribuirla en las demás comunidades, sellada made in Ciudadanos, evidencia que Rajoy expropia la política de Rivera para acentuar las contradicciones de la amplia mayoría parlamentaria que hoy sostiene el gobierno Sánchez.

2004 y 2016 son los dos modelos de la estrategia de la tensión de la derecha centralista contra Pedro Sánchez. La experiencia vivida por Zapatero en 2007, en la que el Partido Popular recogió medio millón de firmas contra el Estatut aprobado por el parlamento catalán, y la experiencia vivida por el propio presidente del Gobierno, durante las primarias que le devolvieron la secretaría general del PSOE que le habían arrebatado mediante un coup d’etat interno, van a ser la doble llave con la que Rajoy va a intentar impedir que pueda consolidarse el gobierno del PSOE. La primera con la intención de erosionarle en su electorado, la segunda con la manifiesta tentativa de desestabilizarle internamente.

Rajoy recoge el balón de Ciudadanos, pero rompe las piernas del jugador Rivera. Dispara contra Sánchez a la vez que dispara por elevación contra Rivera. Dos pájaros de un tiro, PSOE y Cs, es lo que persigue un Partido Popular airado contra el PSOE, por robarle la cartera de la Moncloa, y contra Ciudadanos, por abandonarle en la moción de censura. Al fin y al cabo, lo que remató a Rajoy fue el anuncio de que, si fracasaba la moción del PSOE, Ciudadanos presentaría otra de carácter instrumental para convocar nuevas elecciones. Anunciadas casi al mismo tiempo, llevaron al PNV a desmarcarse de los populares tras conocerse que Puigdemont no vetaba el voto a favor de Sánchez.

Todavía no se ha formado el nuevo gobierno y ya se detectan los primeros indicios de la quinta columna interna que hace un par de años defenestró a Sánchez. Los peores herederos de Indalecio Prieto, tan elogiado por José Antonio Primo de Rivera en sus obras, vuelven hoy a coincidir con los herederos del fundador de la Falange, Albert Rivera, en su rechazo visceral a los nacionalistas catalanes y vascos que, históricamente, siempre han ido de la mano en la defensa de la democracia española. Al asumir, a por a, b por b, el juicio sumario de intenciones de la peor derecha contra el gobierno del PSOE, son la mejor contribución posible a la estrategia de la tensión de Rajoy.

Pedro Sánchez descansa sobre una mayoría parlamentaria que ha aprendido una doble lección política en los últimos nueve meses. La experimentada por el nacionalismo catalán ya antes vivida por el vasco: es una gran equivocación colocar la carreta soberanista por delante de los bueyes democráticos; la experimentada por las fuerzas progresistas españolas desde septiembre pasado, es un gran error rajarse, por emplear la expresión de Tardà, ante la represión de la derecha centralista. Esa doble experiencia puede ser hoy de enorme utilidad a la hora de sortear las numerosas trampas de la caverna o de la quinta columna. La huída del maximalismo político tanto como del sectarismo social, es una necesidad común e imperativa de todos los partidos que votaron a Sánchez.

Quienes muy interesadamente ponen el acento en la diversidad que compone la mayoría parlamentaria sobre la que hoy se sostiene Sánchez, tratando de enfrentarlos, olvidan que todos y cada uno de los ocho partidos que las componen saben que, hasta que se abran las urnas legislativas, su primer deber es consolidar el gobierno del PSOE para, posteriormente al recuento electoral, poder avanzar después. Existe, desde luego, un programa mínimo implícito hasta 2020, que será sustituido por otro máximo explícito una vez que la gran mayoría de la sociedad refrende la distensión, el diálogo y la negociación política a la vez que castigue la tensión, el monólogo y la imposición. O sea, que vote por la moderación y la convivencia en una España plurinacional.