Otra economía

Por Fernando Luengo

Rosell, empleo y mujeres…caspa y cinismo

06 Nov 2016
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Afirma Juan Rosell, el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo es un problema, pues “¿cómo crear empleo para todos?”. Como si el legítimo derecho de las mujeres a tener un puesto de trabajo fuera una de las causas del elevado nivel de desempleo de nuestra economía (una quinta parte de la población activa).

Para el jefe de la patronal, la culpa del desempleo la tienen los trabajadores que -¡joder, qué pretenciosos!- quieren trabajar. Una cantinela parecida a la que sostiene la economía convencional, cuando afirma que hay desempleo porque los salarios no son lo suficientemente bajos, pues si lo fueran todo el que quisiera trabajar encontraría un empleo; nada importa para los que argumentan en estas claves constatar que las retribuciones de los trabajadores han retrocedido de manera sustancial sin que ello haya mejorado el balance ocupacional.

¿Y qué decir de la valoración de este personaje sobre el empleo de las mujeres? Uno de los colectivos más castigados por la crisis y que sufre una evidente discriminación en el mercado laboral, al que se destinan buena parte de los contratos basura. Un colectivo que sostiene la economía de los cuidados, un trabajo realizado extramuros del mercado, formidable en número de horas, no reconocido, invisible, no remunerado, sin el cual el capitalismo y las empresas que representa Rosell no podrían sobrevivir.

Una actividad que, como consecuencia de la división sexual del trabajo y del patriarcado imperante, recae mayoritariamente sobre las mujeres. Nada de esto le importa ni le preocupa a Rosell, que se limita a decir que no hay empleo para todos y todas.

Para crear empleo, es necesaria otra política económica radicalmente distinta de la que ha impulsado e impuesto esta patronal y el gobierno del Partido Popular. Alargar la jornada de trabajo, disminuir los salarios y reducir el gasto público, social y productivo, destruye, en lugar de crear, puestos de trabajo; instalarse en el casino financiero y no pagar impuestos, práctica habitual de las grandes corporaciones, destruye empleo; cargarse la negociación colectiva, con una de las reformas laborales más regresivas de Europa, también penaliza la generación de puestos de trabajo.

Sí, hay un potencial de empleo enorme en nuestro país, en la economía social y cooperativa, en los cuidados, financiada con recursos públicos, en la educación, en la sostenibilidad, en la negociación colectiva, en el crecimiento de los salarios, en la modernización de nuestro tejido productivo. Pero tenemos un problema y ese problema se llama Juan Rosell y la CEOE.


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