Opinion · Es la ecología, estúpidos

Bien con los coches, pero ¿qué pasa con las industrias y el aeropuerto de Madrid?

Un otoño más, Madrid sigue muy contaminada. No se han tomado las medidas preventivas necesarias y hoy se ven las consecuencias. Estamos cerca de una emergencia sanitaria pero, por fin, alguien ha hecho algo. Por lo menos ya no se trata de cambiar las estaciones de lugar o invocar la intrusión sahariana para negar la evidencia. Los datos científicos, que deberían inspirar cualquier política, que se han ignorado hasta ahora, se empiezan a considerar. El ayuntamiento de Ana Botella retrasó la aprobación de estas medidas “impopulares” los cuatro años de mandato y los pospuso al siguiente periodo electoral para que no le afectaran electoralmente. De todas formas, son muy permisivas.

Algunas actuaciones son inmediatas y muy baratas. Por ejemplo, avisar a la población de una forma masiva de los niveles y sus consecuencias sobre la salud. En días muy contaminados, como esta semana, sigue habiendo colegios haciendo gimnasia o gente corriendo. Es imprescindible incluir en los medios de comunicación avisos de los episodios de contaminación y pronosticar los niveles que habrá mañana. París o Nueva York lo hacen.

Pero ésta no es la solución. La solución es bajar los niveles. Urge frenar los elevados niveles de contaminación en una población de más de cuatro millones de personas.

El coche y la movilidad son claves, suponen cerca del 80% de las emisiones y se está empezando a hacer bien.  El transporte público, las flotas de reparto, los mensajeros, los coches de policía,  los taxis y los vehículos que están todo el día dando vueltas deben ser eléctricos o incluir otros combustibles. Hay que declarar una zona de bajas emisiones. Tienen que introducirse ya motos eléctricas, más baratas que las bicicletas como sucede en Hong Kong o Pekín o Hanói. Y en determinados momentos, no queda más remedio que restringir el tráfico. Afortunadamente, y después de un retraso de un decenio por lo menos respecto a Barcelona, Sevilla, Valencia y Zaragoza, ya existe un sistema público de alquiler de bicicletas en Madrid. Se tiene que valorar en determinados días de alta contaminación hacer que sea gratis el metro y el autobús.

Pero hay más. Y esto es importante y no se ha hecho. El otro 20% de la contaminación son industrias, centrales eléctricas, el aeropuerto, la incineradora, cementeras, actividades que aunque estén lejos (en ocasiones llega la contaminación ¡hasta de Puertollano!) afectan al aire que respiramos todos. Los días que se prevén niveles peligrosos para la salud las industrias deben parar. Por ejemplo, mañana. Es necesario actuar de una forma mucho más seria con estos emisores. Es más sencillo actuar en estos establecimientos que en el total de los automovilistas de Madrid.

Terry Tamminen, que fue asesor del gobernador de California, decía: “Respirar un día en una ciudad contaminada es como fumar media cajetilla de cigarrillos”. Llama la atención la afortunada y  restrictiva ley contra el tabaco en los lugares cerrados mientras se es tan laxo con las empresas, industrias y actividades que afectan a la contaminación del aire en las ciudades.  Muchos se preguntan por qué se es tan duro con la contaminación dentro de las casas y muy poco con la de fuera.

Tenemos herramientas, experiencias de otros sitios, métodos de control y ya somos capaces de avisar a la población. Si en vez de negar la realidad o querer cargarnos al mensajero  afrontamos el reto, tenemos todas las garantías de éxito. Nos jugamos la salud.