Matar lobos, destruye los ecosistemas

13 Mar 2016
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Angel M. Sanchez. Biólogo de vida salvaje.

Fernando Prieto. Ecólogo.

La ignorancia ha determinado grandes desequilibrios en los ecosistemas ibéricos. Por ejemplo se han repoblado cientos de miles de hectáreas con especies pirófitas como pinos y eucaliptos que todos los años son pasto de las llamas y que son en gran parte repobladas de nuevo con dinero procedente de las arcas públicas. También se han dejado de pastorear y controlar importantes áreas forestales con lo que el riesgo de potenciales incendios se incrementa año tras año. Otro tanto pasó con edificaciones en conos de deyección de barrancos, cerca de los ríos o con construcciones en primera línea de costa o deforestación en las cabeceras de las ramblas que anualmente provocan graves daños por inundación sobre todo en el mediterráneo.

EL LOBO PIEZA CLAVE DE LOS ECOSISTEMAS

Otro tanto sucede con los grandes carnívoros. Solo un ignorante es capaz de desconocer la labor fundamental que tienen los superdepredadores en los ecosistemas. Los estudios científicos demuestran que la pérdida de grandes carnívoros daña los ecosistemas  impidiendo los efectos beneficiosos de las “cascadas tróficas”.

Los grandes carnívoros ya han sido exterminados en muchas regiones desarrolladas de Europa Occidental y Oriental, los Estados Unidos o el Sudeste Asiático y este mismo patrón de exterminio se repite en todo el mundo desde el comienzo del Neolítico. Más de las tres cuartas partes de las 31 especies de grandes depredadores del planeta, tales como leones, tigres, leopardos, jaguares o lobos, presentan un acusado declive poblacional, como se constata en multitud de estudios científicos. De ellas, 17, están restringidas a menos de la mitad del territorio que históricamente ocuparon en un pasado reciente.

El  exterminio de grandes depredadores como los lobos y los osos tiene un efecto en cascada y afecta negativamente a un delicado equilibrio ecológico con millones de años de evolución. Las evidencias científicas manifiestan que los grandes y medianos depredadores desempeñan un papel fundamental en los sistemas ecológicos naturales, incluso en los más antropizados, que no puede ser reemplazado, en ningún caso, por la “gestión humana” que a la larga solo consigue alterar y desequilibrar los complejos flujos energéticos que tienen lugar en dichos sistemas ecológicos (i.e., superpoblación de ciervos y jabalíes en el Parque Nacional de Cabañeros que destruyen la vegetación de una joya del monte mediterráneo debido a la ausencia de depredadores naturales).

Los superdepredadores son los ingenieros de los ecosistemas, pero que además trabajan 24 horas,  son las únicas especies capaces de manejar las líneas de información y energía y materia en el ecosistema para que este se mantenga en el tiempo con adecuados niveles de estabilidad, madurez y biodiversidad. Los lobos son absolutamente necesarios para el mantenimiento de los mismos. Hoy vemos en ciertas zonas la superpoblación de corzos, ciervos, jabalíes y otros ungulados que son cazados como única medida de gestión. El lobo lo podría hacer gratuitamente y con mucho mayor criterio del que utilizamos los humanos en la gestión de estas poblaciones.

PROBLEMÁTICA

Los ecosistemas ibéricos que hoy nos encontramos son el resultado de un desarrollo humano intensivo e incontrolado desde hace milenios. Hoy existe una superpoblación de algunas especies (jabalíes, ciervos, cabras hispánicas, etc.) por intereses humanos para la práctica cinegética. Debido a la importante red de carreteras y a los tramos de alta velocidad, sin pasos de fauna, existen accidentes por atropello de fauna, en algunas zonas como Soria se estima que el 60% de los accidentes de carretera son por esta causa. La incidencia sobre los cultivos es consecuencia de la falta de alimento natural. La expansión del lobo y la restauración de estos ecosistemas es la única garantía para su mantenimiento.

Repasemos algunas problemáticas en general, aunque como es sabido existe una gran diversidad sierra a sierra y monte  a monte, y lo que puede ser válido para una zona es inadmisible para otra zona cercana.

Es cierto que en algunos sitios hay problemas por falta de medidas de conservación, rapidez y calidad en las ayudas a ganaderos, etc.. de pero en vez de utilizar la inteligencia o buscar cómo se puede favorecer al coexistencia entre el hombre y sus usos y esta magnífica especie se opta por la caza indiscriminada sin ningún tipo de control ni enfoque científico en la gestión,  matizado con eufemismos como “caza controlada” o “gestión poblacional” que en realidad.

Hay diversos intereses en torno al lobo, por una parte algunos ganaderos que no controlan adecuadamente sus cabañas ganaderas. Dejan al ganado sin ningún tipo de control en la montaña y posteriormente cuando vuelven a buscarlos se encuentran casos de depredación, lo que también tiene relación en ocasiones con que no se utilizan razas autóctonas, por ejemplo la avileña tiene un mayor instinto para defender a los terneros que la charolesa que tiene problemas en los partos en el monte y no defiende a las terneras del lobo. Lobos que, en ocasiones, por falta de presas naturales en zonas ganaderas se ven predispuestos a depredar sobre el ganado.

Los planes de  caza son absolutamente arbitrarios pues están condicionados por no existir censos actuales rigurosos y fiables. Es cierto que existe un instinto atávico de cuando el hombre era cazador antes de transformarse en recolector. Instinto de caza que se desarrolla con una caza social en miles de municipios de toda España donde el hombre caza especies con alta tasa de reclutamiento. Especies que se reproducen a un ritmo  rápido. Instinto de caza que se practica en España, Europa y en muchas partes del mundo, pero esto como todo evoluciona. Ningún cazador con el mínimo sentido de la ética cazaría un oso o un lince, o un águila imperial, aunque hace pocos años personajes de la realeza fueran capaces de ir a cazar a otros países osos o elefantes, o miembros de consejos de administración del IBEX35, incluso mediáticos jueces o ministros de diferentes orientaciones políticas, todavía practican la caza por el trofeo de las más diversas especies, incluyendo al lobo entre sus “piezas” por supuesto, dentro y fuera de España. Sin embargo, en muy poco tiempo nadie en este país cazará lobos, como pasa con las otras especies emblemáticas referidas anteriormente y que eran consideradas alimañas hace menos de 50 años. La existencia del lobo, mejora y sanea las poblaciones cinegéticas de ciervos y corzos. Así, los mejores trofeos de España se encuentran precisamente donde hay convivencia con el lobo ya que el lobo depreda sobre los individuos más débiles (i.e., Sierra de la Culebra, Zamora)

Algunos “expertos” también han hecho del lobo su modus vivendi. Así hacen recomendaciones bien pagadas sobre cuánto y donde se puede cazar, en casi todas las ocasiones sin censos que no son ni siquiera medianamente fiables y, por supuesto, sin adecuada información de base. Así se ponen una serie de datos encima de la mesa sin ningún tipo de control.

También existen conservacionistas bien intencionados que sin la información adecuada de censos, porque directamente no existe, quieren llegar a acuerdos con cazadores y ganaderos sin ninguna base científica. Este “buenrollismo” sería más lógico practicarlo en empresas con más futuro.

En algunas administraciones autonómicas, las decisiones sobre esta especie, también, se toman sin ningún tipo de base científica. Solo un prevaricador, ya que en determinado nivel de competencias no es admisible la ignorancia, es capaz de permitir que desaparezcan los lobos de un territorio. En la administración estatal sigue sin darse el adecuado valor a la especie, también dicen que están transferidas las competencias, lo cual no es cierto ya que mantienen algunas importantes. Hasta los máximos responsables del MAGRAMA han tratado de nuevo al lobo ibérico como alimaña y han clamado por su extinción.

SOLUCIONES

Es necesario respetar los ritmos de la naturaleza. Hay que buscar “soluciones basadas en la naturaleza” que serán siempre más ecológicas y más baratas. Es posible encontrar sistemas de convivencia entre los grandes depredadores y el hombre: la ciencia y una implicación y gestión bien fundamentada por parte de las diferentes administraciones, nos podría ayudar a encontrar dicha convivencia entre los ganaderos y el lobo, con adecuadas, rápidas y bien calculadas indemnizaciones por daños, implementación de métodos preventivos y/o disuasorios supervisados por la administración, aplicación de medidas de restauración del hábitat del lobo, y compensación de aquellas buenas prácticas que contribuyan a la conservación de la biodiversidad.

Actualmente se está empleando millones de euros (solo el proyecto Iberlince son 34 millones de euros) para conservar al lince después de llevarlo a una población residual al borde de la extinción, cuando hace solo unas décadas hubiera sido una labor mucho más sencilla. Con el oso sucede algo parecido, aunque en solo uno de los tres núcleos de su distribución ibérica, el occidental, hay ciertos datos de mejora, en los otros dos, oriental y Pirineos, su situación es absolutamente precaria.

 

 

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La sociedad avanza, actuaciones que se hacían hace 50 años, como exterminar alimañas o cazar linces, hoy nos ponen la carne de gallina. Pero por otra parte han cambiado los sistemas de valores. En Europa el lobo avanza y en Alemania por ejemplo, se celebra como una recuperación de la naturaleza salvaje. Según transcurren los años, especies que habían desaparecido en las zonas más desarrolladas, vuelven a colonizar los territorios con un nivel de desarrollo industrial menos elevado, en conexión con las poblaciones más orientales de Europa.

En España, podemos, debemos seguir ese camino. Es posible que hace 300 años o incluso 50, los sistemas de valores fueran diferentes, pero hoy en día no tiene ningún sentido seguir con estas prácticas bárbaras y absolutamente contrarias a la “eco-lógica”. Los sistemas de valores han evolucionado afortunadamente, con el paso de los años y al igual que nadie en su sano juicio puede defender y argumentar a favor hoy en día sobre la “caza deportiva” de los grandes depredadores, el lobo tampoco representa una amenaza para el ser humano y como se ha visto anteriormente, es una pieza indispensable del ecosistema. Pero no es solo una cuestión de ética o de conservación de las especies, es también una cuestión de estética. La sociedad española del siglo XXI exige un cambio de mentalidad desde la base y la protección del lobo ibérico en todo su territorio histórico es sin duda parte de ese cambio.

Para una gran mayoría de españoles, alancear al Toro de la Vega hasta la muerte, lanzar una cabra desde un campanario o descabezar un ganso por placer, son salvajadas que además afectan directamente a la dignidad humana. Y en muy poco tiempo demostraremos como sociedad que hemos sido capaces de progresar dejando atrás todas estas bárbaras costumbres.

Actualmente, en muchas Comunidades Autónomas de su área de distribución histórica, no existen lobos o hay grupos muy reducidos como Andalucía, Castilla la Mancha, Aragón o Extremadura, fomentemos y permitamos la dispersión natural de esta auténtica joya de nuestra fauna desde sus territorios septentrionales, así como la conectividad entre las diferentes poblaciones. Disminuyamos la persecución absurda y carente de apoyo científico de la especie al Sur del Duero, de la que anualmente se aniquila prácticamente el total de la tasa de renovación natural de la población, impidiendo la conectividad referida anteriormente.

 

 

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Cualquiera que sea capaz de echar un vistazo en los buscadores de Internet de su portátil o “Smartphone”, se dará cuenta de que se obtiene mucho más dinero, durante, como es lógico, mucho más tiempo, con actividades como la fotografía-observación de la fauna, o el eco-turismo activo asociado a las especies emblemáticas que con la caza de trofeos (La Caza en Castilla y León: http://www.ecologistasenaccion.es/article17888.html )

Tener lobos es un auténtico lujo, al igual que linces u osos. Desafortunadamente en España los tenemos solo en algunas regiones. Seguro que cualquier tipo de consulta entre el exterminio o el apoyo a la especie a escala nacional daría por resultados que una grandísima mayoría de la población española se decantaría por  el mantenimiento de la especie y su reintroducción en aquellas regiones que se den circunstancias favorables para su conservación.

Protejamos nuestro patrimonio, apoyemos la recolonización natural del lobo, reintroduzcamos la especie en su área natural. Que se extienda hacia sus áreas históricas andaluzas y levantinas. La inteligencia colectiva nos puede ayudar como país a resolver una serie de problemas enquistados como este del lobo, hagámoslo. Seamos listos, hay soluciones basadas en la naturaleza para convivir con esta especie. Utilicémoslas.


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