Fran Gayo

Días de Dolce fare niente

DÍA 8 – ASTAS AL VIENTO

10 Sep 2009
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Día ventoso en el que las astas de las banderas frente a la Sala Grande hacen un ruido endiablado como de botellas chocándose.

Todos empezamos a arrastrar (por este orden) mal humor, ojeras y pies doloridos. A esto le quedan dos padre nuestros y un ave maría, en cualquier caso.
Acabo de enterarme de toda la controversia relacionada con la película rumana “Francesca”, y la cancelación de sus dos repeticiones en la Mostra. Todo apunta a que este país se ha convertido en un lugar muy complicado para los que viven aquí e inexplicable para los que viven afuera. Por fortuna pude asistir a la primera proyección de esta peli el segundo día de festival, así que la hemos visto cuatro amigos gracias a la sensibilidad a flor de piel de un sector de la clase política italiana.

Más información? metan en google “Francesca” (la película) + Bobby Paunescu (el director y a la sazón productor de La Muerte del Señor Lazarescu) + Alessandra Mussolini (una de las interpeladas) y no hay pérdida, tendrán acceso a un universo de datos.

Este lugar (y me refiero al festival) es una burbuja, la dinámica de cada día te saca del mundo y cuando una noticia llega del exterior uno tiene la sensación de llevar varios meses lejos de su cotidiano.

Casi al tiempo que escribía las líneas de arriba Michele Placido rompía en gruñidos y desaires nerviosos por una pregunta que él consideraba fuera de lugar. A este tipo lo conocen ustedes porque era el protagonista de La Piovra, una serie que de chaval nunca fui capaz de meterme entre pecho y espalda. Luego  mi reencuentro con Placido se dio en la Mostra de Venecia, ha donde ha ido trayendo sus películas como realizador para recibir en ocasiones inmensos pateos. Especialmente sonoro fue el de “Ovunque sei” en 2004, menos guapo sus compatriotas le llamaron de todo. Si en Youtube meten Michele Placido lo primero que les sale es la bronca. Si lo quieren leer, en Público (y dónde mejor) tienen la crónica de Carlos Prieto, poniendo la película donde le corresponde.

….

Qué día extraño. No dejan entrar a la Sala Grande a una mujer enfundada en un burka, los responsables de seguridad no saben qué hacer, alguien con  la cara cubierta no puede acceder al recinto. Se miran entre ellos, varios hacen llamadas con cara de póker, se intercambian mil y un gestos. Y todas estas señales se pueden resumir en un único mensaje digno y conciliador, puro gremio: “tranquilos, todo va a estar bien”.

Proyección de “Lecturas del bloqueo”, el nuevo trabajo del maestro Sokurov para la TV Kupol rusa. La idea no es nueva: un texto (una compilación de testimonios sobre los 900 días de asedio a Leningrado), una serie de intérpretes (un grupo de gente al azar: ingenieros, estudiantes, actrices, soldados…) y la lectura íntegra de eso texto frente a la cámara. Straub y Huillet lo hicieron en “Operai Contadini”, Romuald Karmakar en “Hamburger Lektionen”, en “Shirin” Kiarostami le dio otra vuelta de tuerca grabando las reacciones en los rostros 140 mujeres ante la lectura en off de la leyenda de Shirin, la reina armenia… y bueno, se me ocurre ahora que en Madrid lo hacen cada año con el Quijote, no?
En el caso de Sokurov este lugar común deriva en otra cosa, la emoción incontenida de los actores frente al texto, la dureza extrema de los testimonios, la música que asoma de modo ocasional…

Veo “Villalobos” de Romuald Karmakar, no ficción retrato del músico y DJ Ricardo Villalobos. La proyección es en la sala Palabnl, otra carpa sin aislamiento acústico en la que un camión de la basura moviendo contenedores o una pareja discutiendo a varios metros de la entrada puede arruinarte un diálogo de la película que estés viendo. Para más gracia los suelos son de madera así que si das un paso con más ímpetu del necesario a la señora tres filas más allá se le moverá la permanente.
El film arranca sin contemplaciones, pura zapatilla, bombo y más bombo con algunos motivos andinos coronando. Cuando me quiero dar cuenta hay una vibración curiosa en el suelo, me fijo y veo que la mayoría de los asistentes al pase estamos siguiendo el ritmo de la canción con los pies. A Karmakar le hubiese encantado esta situación.


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