Fran Gayo

Días de Dolce fare niente

DÍA TRES – QUE VIVAN LOS GRANOS

04 Sep 2009
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Así es señores, que vivan, y lo digo en toda su extensión!

Tamaña afirmación está relacionada con el improbable remake que Shinya Tsukamoto ha acometido de su mítica Tetsuo, 20 años después, ahí es nada.

Pero de eso hablaremos luego. Y del grano en cuestión.

El día empezó farragoso, con problemas en una proyección y un retraso de 40 minutos, algo que en este lugar puede resultar fatal o generar un efecto mariposa de insospechables consecuencias. Una señora muy morena y peripuesta, muy tertuliana de La Noria o así,  se levanta varias veces de su butaca para exigir a voz en grito que alguien le explique lo que sucede exactamente y saber en qué momento se reiniciará la proyección.

No, señora, estas cosas a primera hora mejor no.

La tipa no se desenfurece por mucho que las azafatas intenten quitar hierro a la situación. Anuncia, a voz en grito también, que es periodista y tiene muchas entrevistas programadas para la mañana. Está indignada, pero vaya, a base de bien.En un momento una de las jovencitas uniformadas parece tener una idea genial, sale de la sala con la cabeza rodeadita de estrellas, como Vicky el Vikingo en los momentos de inspiración, y vuelve con una revista que ofrece a la señora cronista, para que vaya haciendo tiempo, dice.

Momento Mirada Fulminante.

Luego la gran dama agarra la revista y la muchacha se va triunfante. Antes de que consiga dar cuatro pasos vuelve a sonar un graznido en la sala “Al menos enciendan más luces, así no se puede leer!!!!!”

…….

El día se presenta cargado de tensiones. Rueda de prensa de Wener Herzog, por la (aparentemente) delirante continuación del “Teniente Corrupto” de Abel Ferrara. Ante los micros el director teutón, Nicolas Cage y Eva Mendes, a la que en un ramalazo epifánico le veo un no se qué de Ana Obregón.

No me pidan explicaciones porque las epifanías son así, cuestión de fe.

Un periodista alemán abre la tanda de preguntas. Se dirige a Herzog para preguntarle por su controversia con Ferrara (que se ha cagado en los muertos de esta continuación y de sus responsables). Segunda pregunta: Señor Herzog, ha tenido usted alguna experiencia con las drogas en la que inspirarse para la película?

Primera respuesta: WH mira al periodista con sus ojos azules de bruja mala (desde que se ha quitado el bigote da un mal rollo que te cagas) y le pregunta en qué planeta ha vivido durante los últimos cinco años. Silencio en la sala de prensa. Todos miramos acojonados los monitores que retransmiten la rueda.

Segunda respuesta (y si pueden léanlo con voz grave y amenazante): NUNCA, NI UNA SOLA VEZ EN MI VIDA, HE TENIDO NINGUNA EXPERIENCIA CON LAS DROGAS NI ME HA INTERESADO LA CULTURA DE LAS DROGAS. La gente se mira en la sala de prensa murmurando “yo tampoco, yo tampoco, y tu?” “no, no, que va, nunca, yo tampoco”.
…….

Hace 20 años Shinya Tsukamoto, con su medular “Tetsuo” marcó un antes y un después en el cine fantástico dejando una impronta de delirio en las mentes de muchos de nosotros. Dos décadas más tarde, el Sr. Tsukamoto ha contruído una extensa filmografía con algunos altibajos, (aunque las alegrías sin duda ganan por goleada) hasta llegar a este proyecto, un remake de larga gestación rodado e inglés y en un principio destinado al mercado USA.

En un principio. Porque aquí la propuesta de Tsukamoto está muy lejos de presentarse domesticada. Hay, como en el grueso de su filmografía, un momento de amago narrativo que pronto deriva en otra cosa, en un carrusel de texturas, sonido y chifladura que, como de costumbre, a unos nos pirra sin reservas y a otros lo expulsa de la sala casi inmediatamente.
El remake tiene poco que ver con el original, quizás la excusa argumental retrasa demasiado en esta ocasión el meollo de la película, a través de un pseudo melodrama familiar que caería en la cursilería de no descubrir el salary man protagonista que su fallecida madre fue realmente una cyborg, (y eso marca mucho, qué duda cabe). He aquí la explicación irrebatible a la cantidad de cables, tuercas y yo qué se cuántas cosas metálicas que esconde en su interior, y también a esos espectaculares lapos de aceite negro que no deja de expectorar.
Sin embargo algo se ha  perdido en el camino, no cabe duda de que Tsukamoto sigue manejando sus herramientas (las que él ha creado y sólo él sabe poner en funcionamiento) sin concesiones de ningún tipo, pero no dejamos aún así de añorar el granazo excesivo del 16mm que hizo tan característica la propuesta visual del original, aquel blanco y negro contrastadísimo que aquí dejan sitio a una alta definición molesta y algo aséptica.


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