Fran Gayo

Días de Dolce fare niente

DÍA 4 – LA SALA CHE NON C’ERA PIU (cuarta entrada y un relato fantástico)

05 Sep 2009
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Hoy el día se despierta peleón, viento, nubes y la amenaza de la clásica tormenta veneciana que nos visita cada año.
Qué ganas de estar en casa con la segunda taza de café y leyendo los periódicos…

Intento alquilar en el hotel una bicicleta para ir a la sala Zorzi, el lugar en el que duermo está a unos 25 minutos a pie y voy pelado de tiempo. El chico de la recepción se disculpa y me dice que han decidido no alquilar más bicicletas para un día completo, tienen demasiados huéspedes que las necesitan sólo un par de horas y los del full day tenemos la mala costumbre de llevarnos las que están en mejor estado.

Bueno, le digo, alquílame entonces una de las malas!
– No no puedo
– Pero, por qué?
– Porque no!
– Y entonces?
– Yo le digo de un lugar al lado de la dársena donde le alquilan una bicicleta para toda la semana.
– Pero si la quiero sólo para hoy!
– Bueno, puede usted negociar con ellos que se la alquilen por dos o tres días.
– Sólo hoy! la necesito sólo hoy!

Me voy corriendo como un galguillo entrado en años. Llego con el bazo envuelto en una página del Corriere pero a tiempo para la primera peli del día, “Kakraki”, una comedia rusa digna y convencional, a la Gómez Pereira. El operador no ha quitado las colas de la copia, así que entre rollo y rollo, cada 20 minutos aproximadamente, desfilan por la pantalla unos símbolos divertidísimos y unos numeracos en cuenta atrás.  Me arrebujo en la butaca y pienso que llevo cuatro días ya fuera de casa.

……..

Se ha corrido el rumor de que Hugo Chávez podría venir a la proyección de “South of the border”, el documental que Oliver Stone ha dirigido sobre él. Esto provoca aislados brotes de ansiedad y paranoia en la sala de prensa. Nadie se aventura a darlo por confirmado, pero la posibilidad de un una supernova informativa en la que coincidan en 24 horas Chávez, Oliver Stone y Michael Moore le hiela el estómago a más de uno.

……

Dove sei la sala Pasinetti?

El joven de la organización me responde que no sabe, va a buscar a alguien, vuelve con otro chaval (este trajeado) que me indica. Voy, me detengo a la entrada. ¿Sala Pasinetti? Me responden que no es ahí, tengo que dar la vuelta al edificio. Salgo, paso al lado del trajeado y le comento (ya me dirás para qué…) que la sala Pasinetti no está dónde él creía. “Mi scusi signor” me dice. “Nada, nada” le digo.

Más controles.

“¿Sala Pasinetti?”
Me responden que es en otro edificio, por un lateral de la sala grande. Hay una cola nada desdeñable de gente esperando. “Al fin, es aquí” me digo.
Cinco minutos después un joven viene agitado por las prisas y pregunta si esa es la entrada para la sala Pasinetti.
Varias personas responden al unísono que NO lo es y le dan indicaciones. El muchacho sale corriendo y sin apenas dudar salgo detrás de él. Cuando me quiero dar cuenta me encuentro caminando primero, corriendo  después, por un largo pasillo, sin luz natural y algunas fluorescentes desperdigadas en un techo por el que asoma un encofrado de hace varias décadas.

Los pasos del otro suenan cada vez más lejanos.

Hay unos segundos de silencio en los que me detengo sin saber qué hacer.

A mis espaldas oigo un caminar firme que se aproxima, me giro y veo una figura fornida y amenazante vestida con un extravagante traje de terciopelo negro y cuello Mao. Se acerca con sonrisa mefistofélica, las luces del techo hacen brillar su craneo, me agarra por el antebrazo mientras que clava su mirada azul en el fondo del pasillo y murmura algo que no llgo a comprender.

Sólo atino a decir: “Yo es que estaba buscando la sala Pasinetti…”

Fine de la prima puntata.

A continuare

…….

Día pleno de cine italiano. Nadie podrá decir que al menos no lo intentamos. Cuento hasta trece películas proyectándose a lo largo de la jornada. Tampoco en Italia remite la epidemia “Cuéntame cómo pasó”, las inacabables miradas nostálgicas a los 60 y 70, en las que mayormente se vuelve sobre aquellos años de convulsión ideológica y social para lanzar una mirada ternurista y babosilla (“íntima” le dicen).
Eso sí, cuando esto acabe el gremio de la ropa usada y el utillaje vintage habrá hecho ya su Agosto.


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