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‘Estoy muy orgulloso de mi sobrina Almudena, estudiante del IES Lluís Vives’

22 feb 2012
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Como sabéis, estudiantes de enseñanza secundaria de Valencia comenzaron hace poco a concentrarse en la calle para protestar por los severos recortes en educación pública efectuados por el gobierno del PP en la Comunidad Valenciana, a consecuencia de los cuáles muchos institutos están sufriendo restricciones de electricidad, agua y calefacción. Las protestas se han extendido a la universidad pública local, cuyos estudiantes se están sumando a las denuncias crecientes de violencia contra los estudiantes de secundaria por parte de la policía.

Mi sobrina Almudena, una joven de 17 años estudiante del instituto Lluís Vives de Valencia (foco inicial de las movilizaciones), lleva siendo varios días maltratada en la calle por la policía junto con muchos otros compañeros y compañeras -ayer fue directamente arrancada de los brazos de su madre en plena calle durante una concentración, tras ser señalada por un agente policial como una de las participantes en las movilizaciones desde su inicio; fue arrastrada del pelo por el suelo, golpeada, metida en un coche policial agarrada por tres policías, trasladada esposada en un coche celular y detenida en comisaría incomunicada durante nueve horas -ahora está protegida por su familia, acumula varias denuncias policiales, y aun así no deja de asistir a su instituto.

Esta es la noticia de hoy en El País, donde se recoge, entre otros, el caso de mi sobrina.

Aquí está la noticia del diario Público, donde se informa de que el mando policial, Antonio moreno, jefe superior de la policía en la comunidad valenciana, el energúmeno franquista responsable directo de la violencia policial contra estudiantes durante toda esta semana, llama a nuestros chicos ‘el enemigo’.

No podemos perder de vista los motivos de las protestas.

Mi sobrina Almudena es una joven inteligente, sensata, madura, valiente y comprometida. Por mi parte, sumo ya veinte años de activismo en movimientos autónomos, a lo largo de los cuales he experimentado todo tipo de represiones con consecuencias muy graves en el caso de varios compañeros. Historias que no soy dado a relatar, porque creo que la protesta ha de ser expresión de autonomía y júbilo, experiencia colectiva de alegría y felicidad; estoy convencido de que tenemos que transmitir, de la protesta, el gozo y no el miedo, pero nunca, hasta ahora, había sentido la violencia directamente aplicada sobre los hijos e hijas de mi familia y estos golpes duelen mucho más que todos los que yo haya recibido en mi propio cuerpo.

Las élites políticas y económicas de Europa tienen en mente acelerar un proceso de acumulación de riqueza mediante la pérdida de derechos y desposesión de las clases trabajadoras de todo el continente como si fuera lo necesario para salir de la ‘crisis’, y que supone el hostigamiento contra la población si se rebela. Lo que estamos viendo en Valencia no es sino otro síntoma del comienzo de algo más serio, un despliegue de violencia sobre la población que en Europa no experimentábamos desde hace décadas y que, duele decirlo, en el resto del planeta ha venido siendo el pan de cada día para amplias capas de la población mundial.

Estoy muy orgulloso de mi sobrina Almudena, pero extremadamente dolido por la situación que viven ahora ella y sus compañeros y compañeras estudiantes, nuestros chicos y chicas que nos están dando una lección de decisión, de valentía, de madurez, de entereza; y estoy furioso, siento rabia contra los profesionales de la violencia, los medios que mienten, y sobre todo, contra la gentuza que en las élites políticas dan la orden de agredir a nuestras hijas e hijos, tan sólo para que la acumulación de riqueza continúe, para que no toquemos sus privilegios, sus sueldazos, sus enormes casas y cochazos.

Nuestra respuesta, amigos y amigas, tiene que ser más movilización, más organización, más participación; más revuelta, más oposición y más desobediencia en nuestras calles y en nuestras casas, en el trabajo y en la vida cotidiana -preocupación, sí, pero también alegría y arrojo, iniciativa y contundencia- por nuestras hijas y por nuestros hijos, por nuestro futuro y por nuestro presente, y también por la memoria de un pasado de luchas; en solidaridad con los estudiantes y las estudiantes de Valencia, salgamos a las plazas y a las calles, reunámonos, demostremos que podemos, que somos más, que somos el 99%, que sí se puede, que hay otra forma, seamos inteligentes desviando el enfrentamiento. De la crisis no se sale sino construyendo otra sociedad, maneras nuevas de hacer las cosas. Hagamos impracticable este sistema violento, criminal y suicida. Construyamos otro ya, una democracia real.

21/02/2012

Un abrazo fraterno
Marcelo Expósito, Universidad Nómada

Visto en Madrilonia.org

La ‘operación Goya’ desde dentro

20 feb 2012
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Relato del anonymous que logró colarse en la ceremonia de los Goya: EPIC WIN

(me parece que está claro, pero por si acaso: no soy el autor de esta crónica ni, por tanto, su protagonista: sólo el editor, el intermediario. El autor y el protagonista es Anonymous)

 

“Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias, y os protegemos mientras dormís… así que no os metáis con nosotros.”
(El club de la lucha)

Los periódicos dicen que esta noche es la gran fiesta de la cultura, los Goya. Pero se equivocan, esta noche es la gran fiesta de Anonymous…

Encerrados en un búnker fortificado en mitad de la nada, con una doble muralla de antidisturbios, los representantes de la industria cultural cinematográfica organizan el mayor montaje del año. Una fiesta de reconocimiento de ellos mismos para sí mismos, en la que todos son figurantes. Este año el delirio llega al clímax e incluso el público es de mentira. Decenas de chavales pagados gritan piropos a los actores, mientras que el público real es retenido a cientos de metros, cacheado y en el caso de algún Anonymous incluso detenido. “La realidad acaba aquí” dicen las caras de los policías en la primera barrera, “a partir de aquí sólo ficción”. Una fiesta ficticia, para una industria ficticia que se niega a convertirse en lo que el mundo le exige que sea. Un pobre crío con un fuerte berrinche, que llora y patalea, y nos grita que se lo va a decir a mamá Sinde y a papá Wert, que nos van a cerrar todas las páginas esas tan feas de descargas, y nos va hacer ir al cine y comprar discos por 20 euros aunque no queramos, y que le da igual que nuestros padres sean jueces y hayan dicho que descargarse cosas es legal.

Pero a Anonymous nos gusta jugar. Y sabemos que en este juego no podemos perder. Porque somos el 99%, porque somos reales, porque el mundo que proponemos es infinitamente mejor que el vuestro, porque no podéis encerrar a una idea. Y no vamos a dejar de jugar hasta que acabemos con la industria cultural, y entonces sólo quede Cultura. Porque ese es el problema, que habéis intentado hacer una industria de la cultura, pero eso es imposible, porque la cultura fluye como el agua, colándose por todas las grietas, permeándolo todo, llenando de vida los cerebros que vosotros tanto adormecéis.
Y esta noche una vez más vamos a colarnos por las grietas de vuestra gran fiesta para recordároslo.

La primera imagen al llegar es aberrante. Glamourosas actrices enfundadas en trajes imposibles se ven obligadas a recorrer a pie las decenas de metros que separan la primera barrera de público real (muchos Anonymous entre ellos) de la entrada al recinto y el público ficticio. Jóvenes cacheados, decenas de antidisturbios y tacones que no se han hecho para recorrer el desierto que separa lo real de lo ficticio. Un descuido por un lado, un acercarse a la gente adecuada, y ya varios hemos superado la primera barrera.

Ahora esperamos junto al público de cartón y vemos como van llegando los autohomenajeados. Al entrar el último famoso alguien hace una señal, y el público inflable desaparece en perfecta formación hacia el autobús que les traía. Atónitos, sólo los intrusos permanecemos en la puerta. Un Anonymous se hace fotos en la entrada, mientras yo desaparezco en el interior en un nuevo descuido de la (creo) jefa de seguridad. Esa misma que luego me diría que era “¡imposible!” que yo hubiera entrado por ahí, y que sonreía con profunda malicia creyendo que había fracasado. Este twitt que he encontrado te lo dedico a ti, encanto. No existe la seguridad, si lo que intentáis es protegeros del 99%. Es pura ilusión, no nos podéis dejar fuera, siempre alguno encontraremos la manera de entrar. Y bailaremos y cantaremos en vuestra fiesta, y os recordaremos que sois feos, y que el mundo que nos imponéis no nos gusta, y no será.

La ceremonia (en este caso el nombre es perfecto) llega al mejor director. “Los finalistas son…”, y entonces cruzo el escenario y me dejo ver. No hay que hacer nada más. No hay que gritar, no hay que instalarse, no hace falta sacar pancartas reivindicando nada. Sólo un segundo en sus retinas, un fotograma perdido en el rollo, pero es una imagen que ya no pueden olvidar. Una imagen que inunda las dos horas y media de gala y les recuerda que no pueden olvidarse de todos nosotros, que no pueden ganar, que no nos vamos a cansar nunca. Una imagen que incendia las redes junto a la página de los Goya tirada abajo por miles de Anonymous, y que representan el brindis final de nuestra fiesta.

No nos podéis etiquetar y encerrar, porque somos cualquiera.
No nos podéis frenar, porque tenemos razón, pero sobre todo porque esto es lo que nos divierte y emociona.
No nos podéis ganar en las redes, porque las redes son nuestras.
No podéis convertir la vida en un negocio, porque la vida no tolera los límites.
Volvéis a perder.

No olvidamos, no perdonamos.
Somos anónimos, somos legión.

¿Cómo se gobierna un clima?

16 feb 2012
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En otro texto proponíamos la metáfora del clima para pensar el momento presente del 15-M: no identificar exclusivamente el movimiento con una estructura organizativa compuesta de asambleas y comisiones, sino también con otro estado mental y otra disposición colectiva hacia la realidad, marcada por la experiencia empoderadora de las plazas.

El clima como proceso complejo y discontinuo (en el tiempo y el espacio) que no deja sin embargo de operar transformaciones silenciosas e invisibles. El clima como unidad sin unificación: espacio real-simbólico en el que estamos juntos sin estar físicamente juntos. El clima animado por multitud de iniciativas formales e informales que no son multitudinarias, pero tocan y alteran lo cotidiano, retroalimentando el clima. El clima que puede precipitarse en enjambres o mareas masivas que no se dejan diseñar ni prever, pero a las que se puede contribuir aportando algo desde el lugar en el que se esté, sin pretender “dirigir” los acontecimientos.

Hay quien propone otras metáforas (agua o fuego), pero creo que todas van en la misma línea: pensar y valorar esta realidad discontinua, subterránea y compleja no sólo como “déficit” o “carencia”, que es lo que ocurre si la miramos y medimos desde los parámetros tradicionales de la política (visibilidad, acumulación, identidad), sino también como potencia de transformación.

La metáfora plantea más preguntas que respuestas: cómo se (auto)organiza el clima, cómo nos retroalimentamos con él, cómo leerlo, cómo cuidarlo… Esas preguntas son el motor de un pensar-hacer que sólo puede ser experimental y sin modelo, porque no hay ninguna ciencia que nos entregue una línea correcta a seguir.

Pero lo que para unos es fuente de experimentación, para otros es motivo de preocupación. El clima es un dato incómodo para los de arriba: no se deja representar (en interlocutores válidos con los que negociar), ni localizar (en espacios de-limitados), ni prever (en rutinas de acción), ni identificar (en un segmento concreto de la población). Nuestros gobernantes lo perciben como un rumor de fondo, una sombra al acecho. Inquietud. ¿Cómo neutralizar ese efecto constante, pero invisible y silencioso, que va erosionando las legitimidades bien establecidas? ¿Cómo prever y evitar la formación de los enjambres y las mareas aún desconocidas que amenazan con llevarse por delante los cálculos y las decisiones de mando?

Creo que la estrategia será: convertir el clima en un tablero de ajedrez.

El tablero de ajedrez es una máquina binaria, un espacio polarizado. Nos invita constantemente a definirnos a la contra, en un plano sólo de enfrentamiento y no de creación, en una lógica de bandos y no de autonomía del discurso y la acción, en una indignación victimizada y ya no alegre, encajándonos así en los posibles prescritos: blancas y negras, piezas en un campo de batalla, comportamientos predefinidos.

Se trata de una invitación en tres movimientos:

1- Blancas mueven, negras responden: contra los recortes, trinchera

Una amiga me dice: “no nos ayuda nada pensar en términos de recortes, en realidad se trata de un cambio de escenario”. La crisis no es sólo económica, sino de modelos y valores, del sentido y la finalidad de lo que hacemos día a día. Pensar en términos de recortes significa: donde antes había más ahora hay menos. Defendamos lo que queda y presionemos por volver al mismo sitio dónde estábamos. Esa lógica convierte el movimiento en una trinchera: “no pasarán”. Pero si lo que viene no sólo son recortes, sino un cambio de escenario, no podemos responder defendiendo lo mismo, sino creando otra cosa. Ese es el sentido de la famosa consigna zapatista: “resistir es crear”. La mera resistencia no resiste, las luchas defensivas se pierden todas desde hace años, para proteger algo hay que revitalizarlo y reinventarlo. No hacer una trinchera, sino encarnar una nueva visión.

Desde muchos espacios se piensan hoy en los bienes comunes como un tercer término más allá de lo público y lo privado (pero no necesariamente opuesto). El mismo 15-M es un gran ejemplo de una política de lo común, defendiendo/revitalizando las calles como un espacio público de todos y de nadie, más allá del acceso restringido de la privatización y de la propiedad/gestión exclusiva en manos del Estado.

Defender lo público es mantenerlo vivo y en movimiento, preguntándose por sí mismo, su sentido y su valor. No cancelar el debate y la reflexión “porque ahora toca resistir”, sino por el contrario abrir preguntas que nos conciernen a todos (qué educación, qué sanidad), invitando así a los demás no sólo a apoyar tu lucha, sino a pensar-hacer contigo, formar parte. Hacernos cargo en común de lo que tenemos en común.

2- Blancas mueven, negras responden: izquierda contra derecha

Con una derecha tan agresiva en el poder, existe una tentación obvia: posicionarse a la contra en el tablero de ajedrez. Formar un gran bloque de izquierdas, un “frente popular” de todos los agraviados por el PP, con todas las banderas reunidas. Los enemigos de mi enemigo son mis amigos. Creo que es todo lo contrario de lo que hizo fuerte al 15-M: desplazar el escenario-trampa de “las dos Españas” e interpelar al 99%. Invitar a cualquiera que se sintiera concernido por consignas no ideológicas como “no nos representan”, “lo llaman democracia y no lo es”, “somos personas, no mercancías en manos de políticos y banqueros”. Hablar, pensar y hacer desde el sentir y los problemas concretos que nos atraviesan a todos. Poner en primer plano lo que une (problemas y búsquedas), no lo que separa (identidades). Inventar nuevos saberes, haceres y decires, no limitarse simplemente a replicar o repetir los ya existentes.

Sólo pasan cosas cuando nos movemos de nuestro lugar, cuando abrimos lugares donde encontrarnos con otros que no son como nosotros. En los espacios “puros” todo está claro y somos todos “de los nuestros”, pero es muy difícil que algo ocurra. Nos confirmamos unos a otros. La política tiene que ver con cierta “incomodidad”, con no saber a ciencia cierta a quién tienes al lado. Esa fue la potencia de las plazas. Pudimos encontrarnos y mezclarnos porque suspendimos las identidades previas, entre las que sólo hubiera habido choque o suma instrumental pero no encuentro, y nos reunimos en tanto que “indignados”, “personas”, “99%” o simplemente “15-M”. Porque construimos no un bando ni un bloque, ni siquiera como suma de muchos pequeños bandos o bloques, sino un espacio de cualquiera.

3- Blancas mueven, negras responden: acción-represión-acción

Las escenas de represión y brutalidad policial se repiten: cabalgata indignada, concentración en favor del pueblo sirio en lucha, #yonopago, protestas contra la reforma laboral, cargas policiales contra estudiantes menores de edad en Valencia, etc. Está claro que se ha decidido el endurecimiento policial de la calle. Uno pasa por Sol una tarde cualquiera y se topa con un despliegue intimidatorio de furgones centelleantes y policías en alerta. Se gobierna desde la angustia y la paranoia constante, con pavor al rumor de fondo del clima.

En una asamblea reciente se dieron datos alarmantes: las cifras de detenidos, multados o identificados por la policía en torno al 15-M es altísima. Y estamos hablando de un movimiento exquisitamente no violento, conflictivo pero no violento. La gestión de la crisis es una estafa sangrante, un saqueo y un expolio de la riqueza común, pero el espacio para el disenso político real es raquítico. Los cuestionamientos que salgan del bar al espacio público se tratan como un simple problema de orden público, una cuestión policial. Poniéndome grave por un momento, creo que este es un hecho muy serio que debiera preocupar profundamente a cualquier persona que conserve un atisbo de aprecio por lo que significa la palabra “democracia”.

¿Qué nos propone (a empujones) el tablero aquí? Adoptar la lógica acción-represión-acción. Dejar de hablar de hipotecas, bancos y representación política, porque ya sólo podemos recaudar dinero para pagar las multas y acompañar a los amigos y compañeros heridos o detenidos. Entrar en la espiral “guerrera” que sólo los más militantes pueden/quieren sostener y vacía los espacios políticos del 99%. Convertirnos en víctimas impotentes, llenas de rabia reactiva y resentimiento, sin ninguna capacidad de iniciativa. Reducirnos a un gueto, asimilarnos al estereotipo “antisistema”.

¿Cómo escapar? Una amiga me cuenta que “en buceo enseñan una maniobra para cuando uno se ve inmerso en una corriente. El movimiento que salva la vida es contraintuitivo: en vez de recuperar la tendencia en dirección opuesta a la corriente, hay que salir formando un ángulo agudo con su dirección aunque suponga un distanciamiento considerable del barco”. Ese ángulo agudo son todas las acciones que nos permitan seguir llevando la iniciativa y decidiendo los espacios-tiempos del conflicto, las que acogen y cuidan la pluralidad que somos, las que hacen palanca en la imprevisibilidad y la capacidad de sorpresa que rompe las divisiones entre buenos y malos, las que mantienen el contacto empático con “la parte quieta del movimiento”, las que nos alejan de la policía y nos acercan a la gente.

Coda

“Siempre hay dos bandos y ahora tienes que elegir”: ese es el estribillo del tablero. La acción política, por su lado, no pasa por tomar partido entre posiciones dadas, sino por cambiar el mapa de lo posible. Crea un tercer término que no se mantiene a salvo o equidistante, sino que desbarata y confunde la lógica de bandos, abriendo un espacio incluyente y de cualquiera, produciendo nueva realidad. Blancas mueven, pero nadie responde, nadie confunde y desborda.

En definitiva, no asumir el tablero de ajedrez como escenario significa:

-No perder el centro de gravedad: nosotros mismos. No somos lo contrario de nuestro enemigo. Autonomía del discurso y de la acción.

-No perder la capacidad de interpelación al 99%. No somos un bando contra otro, sino un espacio de cualquiera, común.

Qué difícil va a ser pero qué necesario, aprender a bucear.

—–

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Ni izquierda ni derecha: una revolución de personas

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¿Y si no hiciésemos nada?

09 feb 2012
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Más de diez huelgas generales en Grecia, pero ¿se ha conseguido algo? Alexandra-Odette Kypriotaki ha participado en las movilizaciones desde 2008, pero se marchó a Londres con esa pregunta en la cabeza. “En mi país ya no se encuentra trabajo ni de camarera”, me contó. La conocí en un encuentro organizado por el pensador-activista Franco Berardi (Bifo) en Barcelona. Su intervención en aquel encuentro me pareció muy sugestiva y desafiante.

A partir de un balance autocrítico de las lógicas de enfrentamiento y movilización, que no han frenado ni un ápice la devastación social, pero han expuesto demasiados cuerpos a la represión y la destrucción, Alexandra propone recomenzar por otro lado: ni luchar ni confrontar, sino desertar; ni reivindicar ni pedir, desplegar aquí y ahora el mundo en el que queremos vivir; ni actuar ni movilizarnos, sino entregarnos a cierto abandono. Hacer fuerza de nuestra debilidad.

El capitalismo nos exige una disposición permanente al deseo, al contacto, a la producción. Un tiempo permanentemente ocupado, bajo presión, en pos de resultados. Hoy es obligatorio estar contentos, ser optimistas y positivos. Debemos proyectar constantemente la imagen de que sabemos, de que va todo bien, de que tenemos las cosas bajo control, de que somos fuertes. Pero, ¿no nos exige demasiadas veces lo mismo el activismo político? Lucha, resultados, la respuesta en la boca, la moral siempre alta, fuera los tímidos, los dubitativos y los melancólicos…

¿No podríamos formar un ejército de débiles, de torpes, de ignorantes? La consigna sería: “sí, estamos deprimidos, qué pasa”? El programa: “no sé”. La huelga, no hacer nada de nada, ni siquiera movilizarnos. Do nothing day… un miércoles, luego el jueves y así.

Como canta Nacho Vegas, el 15-M ha cambiado el significado de algunos verbos como disfrutar. Un amigo me explicó hace poco que lo más fuerte de las plazas era el descubrimiento colectivo de que el verdadero lujo no tiene que ver con el consumo, sino con otra vivencia del tiempo, la experiencia de hacer mucho con muy poco, el encuentro con otros con quienes no me hubiera encontrado nunca, las nuevas amistades. La auténtica riqueza es la que nos damos unos a otros, la que circula y no se posee.

Interrumpir la presión, no responder a la destrucción con más destrucción, abandonar  las filas, disfrutar. Os dejo con las reflexiones de Alexandra, que ha traducido mi amigo Tomás Cobos. Pura ciencia-ficción, pero de la que nos permite pensar la realidad y el presente. Y además, ¿cuál es la alternativa?

 


 

Una nueva zona temporal del ser (los griegos y la nueva psicodelia)

Alexandra-Odette Kypriotaki

 

Estamos esperando un apocalipsis que nunca llega, un “fin de los tiempos ” pospuesto continuamente, con el fin de reinventarnos. Esta espera interminable nos agota. Ojalá acabara ya esta cuenta atrás, aunque casi preferiríamos que aterrizara una nave espacial en nuestro jardín y nos llevara lejos de aquí. Construiríamos un planeta nuevo y reluciente, Lagash, como en Anochecer de Asimov: la población sucumbe a la barbarie y la locura cada 2.500 años con el fin de reinventar su civilización, sus tecnologías y las formas de ilustración.

Ni siquiera la alienación es ya una alternativa.

Desgraciadamente, la necesidad acuciante de reinventarnos a nosotros mismos, la cultura y el ser pide a gritos ser desactivada, ahora y con urgencia. Paf!

Teniendo en cuenta el fin del tiempo y el futuro (político), ¿vivimos en la era del apocalipsis?

La política frente a la antipolítica. La (r)evolución global no la traerá ninguno de los líderes o partidos actuales; por esa razón optaré por no hablar de ningún tipo de pensamiento político en el contexto de la democracia parlamentaria o el gobierno socio-democrático.

El sentido real de la palabra apocalipsis es “desvelar” y “revelar”.

¿Qué trae a nuestra conciencia y nuestro cuerpo este desvelamiento? Nuevas espiritualidades, nuevos tiempos y estados de resistencia. Autonomías nuevas.

 

Depresión colectiva

Desde enero de 2011, cuando asistimos al primer acto de las subidas de impuestos en el Parlamento griego, las portadas de todos los medios nacionales e internacionales han hablado de Grecia como un país sumido en la depresión y el pánico colectivos. La revista Time publicó un artículo sobre el rápido aumento de las tasas de depresión y suicidio en la hasta entonces ‘despreocupada’ Grecia desde el comienzo de la ‘crisis’. Los psiquiatras no solo mencionan una mayor incidencia de ataques de pánico, ansiedad y suicidios sino también una enorme repercusión en cuestiones de identidad. El hecho de que no haya más tiempo, ni más alternativas, ni más rumbos futuros lleva a la idiotez y/o la muerte. La premonición de un desastre que nunca-llega-nunca-acaba, reforzada por un continuo bombardeo de vagas amenazas, deudas, números virtuales y gráficos incomprensibles, lleva a la subjetividad y la colectividad a un callejón sin salida. Por otra parte, la absoluta privatización de este estrés y sus rastros en el cuerpo humano es un inextricable proceso de “realismo capitalista”, como explica Mark Fisher en su libro. La confusión, la miseria, la depresión contagiosa, el deseo de morir, la violencia: todas ellas se tratan de manera privada y escondida, como si estuvieran separadas de un marco y un contexto socio-político.

El sol griego en la plaza Syntagma des-veló de manera de manera cruda la depresión colectiva de los cuerpos. La depresión que emana de no compartir las vidas y la afectividad. Fue un milagro, un grito a favor de más “tiempo juntos”: exhibir impotencia podía funcionar también como arma “potencial” para la emergencia de nuevas corpo-realidades y colectividades. Como explica Bifo: “Si consideramos como depresión la suspensión del acto de compartir el tiempo, como el despertar a un mundo insensible, entonces tenemos que admitir que, filosóficamente hablando, la depresión es sencillamente el momento que más se acerca a la verdad”.

Una (in)actividad colectiva y masiva comenzó a surgir en el suelo de las plazas de toda la Tierra. ¿Qué nos aportan estas nuevas temporalidades inactivas?

La fatídica y agotada situación política griega, pero también el círculo vicioso de violencia constante, exigen una nueva perspectiva. Tras participar en la mayoría de los protestas griegas, desde 2008 (cuando comenzaron los disturbios por la muerte de Alexis Grigoropoulos a manos de la policía) hasta hoy, me di cuenta de que la acción y la destrucción, el sobre-esfuerzo y la lucha excesiva de los cuerpos ya no funcionan. Sin embargo, durante mi reciente visita a Atenas, las potencialidades y posibilidades de un desvelamiento colectivo de las inestabilidades y debilidades psicológicas me parecieron maravillosamente terribles. Quería observar más de esos procesos porque considero que el actual “movimiento revolucionario” está un poco obsoleto. Los medios de comunicación, líderes políticos intelectuales, artistas y la gente de todo el mundo miran a Grecia esperando una señal, un movimiento de jaque mate. Una (r)evolución radical (¿quizá ocupando una isla y autoorganizándose radicalmente lejos de la política electoral?).

Respecto al intento de “democracia real”, creo que una vez que los “indignados” griegos se den cuenta de que deberían insistir en que cesen los combates, las autonomías resistentes brillarán. La depresión tiene la capacidad de boicotear la acción y el cuerpo depresivo es incapaz de salir de su estado pasivo. Sin embargo, compartir y exhibir los síntomas —en concreto en una plaza marcada con símbolos y sentidos políticos— fue un comienzo para nuevas temporalidades emergentes.

El cuasi-alzamiento de una nueva y tercera zona temporal del ser (dejando atrás la zona temporal de la acción/destrucción y la de la burocracia) está intentando tomar forma a través de las situaciones en las plazas de todo el mundo.

¿Qué ocurriría si todo el mundo renunciara? Un abandono generalizado y colectivo.

¿Qué significa en realidad no hacer nada?

No hacer nada significa recuperar tu tiempo con el fin de construir subjetividades y colectividades de resistencia. Pero, ¿qué serían estas nuevas (a)temporalidades y qué elementos contendrían?

Nos hemos olvidado por completo del abandono. Nos hemos olvidado de respirar. Respirar a través de las respiraciones de los otros. En los ataques de pánico, lo único que hay que hacer es respirar. Así te salvas; a ti y a todo el universo. Un plan maestro.

 

Una nueva zona temporal

Los indignados griegos vivían en la plaza Syntagma: cocinaban, escribían, rezaban, pensaban, se enamoraban y jugaban. Habían abandonado sus trabajos productivos y sus luchas diarias.

Comenzaron a recuperar su tiempo y a sumergirse en su organismo. Su holgazanería y su vaguería se veía ‘interrumpida’ por pequeñas tareas que llenaban cada día y las necesidades naturales. Comenzó a nacer una pasividad orgánica, activa, que necesita afectividad y atención para crecer. Los cuerpos humanos que siguen en la plaza —que no podían hacer nada más que hacer nada— tienen que intentar aprender otra vez cómo ser vagos y perdurar. Hace falta tiempo para reescribir la inactividad en el cuerpo. Catherine Clement habla sobre los “sincronizadores” como “variables en el entorno que permiten la adaptación relativa del organismo al tiempo social según las circunstancias de la vida”. Con la reconstrucción de estos “sincronizadores” urbanos, en el interior de las densidades urbanas —la plaza como “pista”—, están comenzando a flotar (a)temporalidades rurales e isleñas. Los cuerpos cambian sus ciclos, sus alientos, su presión sanguínea y sus hormonas. Se trata de colectividades que tratan de traspasar el tiempo social y reajustarse al tiempo corporal.

Ahora, con un cambio arbitrario y antidemocrático en la escena política en Grecia, el devenir constante debería estar en el centro de estas nuevas bolsas de tiempo que surgen. El boicot y el rechazo. Las espacialidades de tierra/agua tienen que revivirse y destruir a las de hormigón/piedra. Una ruptura constante a través del sonido perpetuo y cíclico de las cigarras y las olas.

Sonido. Los cuerpos deberían encontrar su manera de marcar territorios distintos a través del sonido. Quizá las señales y los modos cuasi-primitivos deberían intervenir en la arquitectura sónica de lo urbano y crear un territorio post-geográfico.

¿Cómo pueden encontrar los griegos una línea de fuga, una ruptura en los ensamblajes opresivos?

Todas las noches, estos cuerpos exhaustos y monstruosos sacarán a bailar su depresión: tratando de volver a marcar y recuperar su territorio, exorcizando el mal. Con mayor intensidad, incluso. De manera más ofensiva y audaz. Los rituales, el trance y los mitos se inscriben en los cuerpos globales.

El comienzo del fin de este sistema —podrido hasta los órganos— se encuentra en dejar de servir al cuerpo humano como un campo de batalla. El hartal de Ghandi (el cese total de cualquier cosa funcional) debería enseñar a nuestros cuerpos ese ‘abandono’ y sus potencialidades.

En el movimiento italiano de Autonomía de los años 70 se consideraba que la autonomía emanaba de tácticas directas de la vida cotidiana y la “anarquía práctica” (1). Se consideraba que la esencia de la ‘utopía’ se encontraba en actos que no eran románticos, heroicos ni políticos (antipolíticos en todo caso). Los autónomos italianos difundían: “La utopía es aquí y ahora. No hay futuro, ni ayer. Solo tenemos el hoy, un presente eterno. Tenemos que destruir los fantasmas del pasado y las pesadillas llenas de ansiedad del futuro”. (2)

Cuando los trabajadores griegos del transporte y los servicios de limpieza dejan de trabajar, el paisaje urbano se transforma en una instalación artística: “el capitalismo en descomposición”. Deberíamos adoptar y reforzar estas no-acciones. Deberíamos abrazar la muerte y la decadencia.

La criminalización de la espiritualidad y la muerte, la desmitificación de la mística y la privatización de la salud mental han puesto fin a la psicodelia.

Ha llegado la hora de que los griegos —y todos los ‘perdedores’ del mundo— se reconstruyan sobre los pilares de su debilidad. Que repiensen su identidad a través de una lente de tradición y espiritualidad. A través de la cocina: compartiendo el proceso de hacer un pastel y comérselo juntos. A través de la imaginación: mitos, narrativas, cuentos de hadas. A través de la tradición: el luto, los cultivos, la canción. A través de la solidaridad y la autoorganización. Mi término para la situación es ‘enraizamiento’. Gente conectada con la tierra. Fotosíntesis, comida, agua y música.

Deberíamos revisar el concepto de Bifo de ‘composicionismo social’: “Un entorno químico donde la cultura, la sexualidad, la enfermedad y el deseo pelean y se encuentran y se mezclan y cambian de manera continua el paisaje”. Tiene que ver con un sentimiento religioso de amor e iluminación. Federico Campagna mencionó este sentimiento como un acceso al tiempo-ahora y una apertura hacia otras temporalidades (utópicas). La tercera zona temporal del ser tiene las condiciones perfectas para recoger las nuevas realidades visionarias y las nuevas psicodelias. Burbujas de la materialidad y la texturalidad de la posibilidad y la experiencia. Los acontecimientos de nuestra vida seguirán convirtiéndose en ciencia-ficción y vicevesa, pero la ‘verdad’ es algo que no existe en ninguna de las dos.

El Plan 9 del espacio exterior (3) ha fracasado: nuestros muertos están aún enterrados e inmóviles. Con todo, nosotros, los ‘vivos’, podemos empezar a devenir cuasi-muertos. Corpo-realidades muertas. “Los zombies cantan una canción, pero es la de la vida” (Deleuze).

Igia, kavla ki epanastasi”*, queridos amigos. Y amor.

 

* “Salud, deseo sexual extremo y revolución”: eslógan anarquista difundido en Atenas tras las revueltas de 2008

 

Bibliografía:

Arendt, H. La condición humana. Ediciones Paidós, Barcelona, 1993.

Asimov, I. y Silverberg, R. Anochecer. Nuevas Ediciones de Bolsillo, Barcelona, 2004.

Berardi (Bifo), F. (2009). Precarious Rhapsody. London: Minor Compositions. En castellano, puede leerse La fábrica de la infelicidad (Traficantes de Sueños, 2003) o El sabio, el mercader y el guerrero (Acuarela, 2007).

Clement, C. (1994). Syncope: The Philosophy of Rapture. Minneapolis & London: University of Minessota Press

Deleuze, G.. La imagen-tiempo: estudios sobre cine 2. Paidós Ibérica, Barcelona, 1996.

Fisher, M. (2009). Capitalist Realism, Is there no alternative? Hampshire: 0 Books

Notas:

(1) Notas tomadas de una conversación de Federico Campagna con Aaron Peters.

(2) Ibid.

(3) Plan 9 del espacio exterior es una película de Edward D. Wood Jr. filmada en 1959, con Bela Lugosi de protagonista. La historia consiste en unos extraterrestres que devuelven la vida a los muertos con forma de zombis y vampiros con el fin de que evitar que la humanidad cree un poderoso explosivo que destruiría el sol y la galaxia, la Solaranite.

Traducción: Tomás Cobos

Fotografía: Nikolas Giakoumidis

“¿Y si no hiciésemos nada?” como programa de radio (Clinamen)