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La ‘operación Goya’ desde dentro

20 feb 2012
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Relato del anonymous que logró colarse en la ceremonia de los Goya: EPIC WIN

(me parece que está claro, pero por si acaso: no soy el autor de esta crónica ni, por tanto, su protagonista: sólo el editor, el intermediario. El autor y el protagonista es Anonymous)

 

“Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias, y os protegemos mientras dormís… así que no os metáis con nosotros.”
(El club de la lucha)

Los periódicos dicen que esta noche es la gran fiesta de la cultura, los Goya. Pero se equivocan, esta noche es la gran fiesta de Anonymous…

Encerrados en un búnker fortificado en mitad de la nada, con una doble muralla de antidisturbios, los representantes de la industria cultural cinematográfica organizan el mayor montaje del año. Una fiesta de reconocimiento de ellos mismos para sí mismos, en la que todos son figurantes. Este año el delirio llega al clímax e incluso el público es de mentira. Decenas de chavales pagados gritan piropos a los actores, mientras que el público real es retenido a cientos de metros, cacheado y en el caso de algún Anonymous incluso detenido. “La realidad acaba aquí” dicen las caras de los policías en la primera barrera, “a partir de aquí sólo ficción”. Una fiesta ficticia, para una industria ficticia que se niega a convertirse en lo que el mundo le exige que sea. Un pobre crío con un fuerte berrinche, que llora y patalea, y nos grita que se lo va a decir a mamá Sinde y a papá Wert, que nos van a cerrar todas las páginas esas tan feas de descargas, y nos va hacer ir al cine y comprar discos por 20 euros aunque no queramos, y que le da igual que nuestros padres sean jueces y hayan dicho que descargarse cosas es legal.

Pero a Anonymous nos gusta jugar. Y sabemos que en este juego no podemos perder. Porque somos el 99%, porque somos reales, porque el mundo que proponemos es infinitamente mejor que el vuestro, porque no podéis encerrar a una idea. Y no vamos a dejar de jugar hasta que acabemos con la industria cultural, y entonces sólo quede Cultura. Porque ese es el problema, que habéis intentado hacer una industria de la cultura, pero eso es imposible, porque la cultura fluye como el agua, colándose por todas las grietas, permeándolo todo, llenando de vida los cerebros que vosotros tanto adormecéis.
Y esta noche una vez más vamos a colarnos por las grietas de vuestra gran fiesta para recordároslo.

La primera imagen al llegar es aberrante. Glamourosas actrices enfundadas en trajes imposibles se ven obligadas a recorrer a pie las decenas de metros que separan la primera barrera de público real (muchos Anonymous entre ellos) de la entrada al recinto y el público ficticio. Jóvenes cacheados, decenas de antidisturbios y tacones que no se han hecho para recorrer el desierto que separa lo real de lo ficticio. Un descuido por un lado, un acercarse a la gente adecuada, y ya varios hemos superado la primera barrera.

Ahora esperamos junto al público de cartón y vemos como van llegando los autohomenajeados. Al entrar el último famoso alguien hace una señal, y el público inflable desaparece en perfecta formación hacia el autobús que les traía. Atónitos, sólo los intrusos permanecemos en la puerta. Un Anonymous se hace fotos en la entrada, mientras yo desaparezco en el interior en un nuevo descuido de la (creo) jefa de seguridad. Esa misma que luego me diría que era “¡imposible!” que yo hubiera entrado por ahí, y que sonreía con profunda malicia creyendo que había fracasado. Este twitt que he encontrado te lo dedico a ti, encanto. No existe la seguridad, si lo que intentáis es protegeros del 99%. Es pura ilusión, no nos podéis dejar fuera, siempre alguno encontraremos la manera de entrar. Y bailaremos y cantaremos en vuestra fiesta, y os recordaremos que sois feos, y que el mundo que nos imponéis no nos gusta, y no será.

La ceremonia (en este caso el nombre es perfecto) llega al mejor director. “Los finalistas son…”, y entonces cruzo el escenario y me dejo ver. No hay que hacer nada más. No hay que gritar, no hay que instalarse, no hace falta sacar pancartas reivindicando nada. Sólo un segundo en sus retinas, un fotograma perdido en el rollo, pero es una imagen que ya no pueden olvidar. Una imagen que inunda las dos horas y media de gala y les recuerda que no pueden olvidarse de todos nosotros, que no pueden ganar, que no nos vamos a cansar nunca. Una imagen que incendia las redes junto a la página de los Goya tirada abajo por miles de Anonymous, y que representan el brindis final de nuestra fiesta.

No nos podéis etiquetar y encerrar, porque somos cualquiera.
No nos podéis frenar, porque tenemos razón, pero sobre todo porque esto es lo que nos divierte y emociona.
No nos podéis ganar en las redes, porque las redes son nuestras.
No podéis convertir la vida en un negocio, porque la vida no tolera los límites.
Volvéis a perder.

No olvidamos, no perdonamos.
Somos anónimos, somos legión.

¿Cómo se gobierna un clima?

16 feb 2012
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En otro texto proponíamos la metáfora del clima para pensar el momento presente del 15-M: no identificar exclusivamente el movimiento con una estructura organizativa compuesta de asambleas y comisiones, sino también con otro estado mental y otra disposición colectiva hacia la realidad, marcada por la experiencia empoderadora de las plazas.

El clima como proceso complejo y discontinuo (en el tiempo y el espacio) que no deja sin embargo de operar transformaciones silenciosas e invisibles. El clima como unidad sin unificación: espacio real-simbólico en el que estamos juntos sin estar físicamente juntos. El clima animado por multitud de iniciativas formales e informales que no son multitudinarias, pero tocan y alteran lo cotidiano, retroalimentando el clima. El clima que puede precipitarse en enjambres o mareas masivas que no se dejan diseñar ni prever, pero a las que se puede contribuir aportando algo desde el lugar en el que se esté, sin pretender “dirigir” los acontecimientos.

Hay quien propone otras metáforas (agua o fuego), pero creo que todas van en la misma línea: pensar y valorar esta realidad discontinua, subterránea y compleja no sólo como “déficit” o “carencia”, que es lo que ocurre si la miramos y medimos desde los parámetros tradicionales de la política (visibilidad, acumulación, identidad), sino también como potencia de transformación.

La metáfora plantea más preguntas que respuestas: cómo se (auto)organiza el clima, cómo nos retroalimentamos con él, cómo leerlo, cómo cuidarlo… Esas preguntas son el motor de un pensar-hacer que sólo puede ser experimental y sin modelo, porque no hay ninguna ciencia que nos entregue una línea correcta a seguir.

Pero lo que para unos es fuente de experimentación, para otros es motivo de preocupación. El clima es un dato incómodo para los de arriba: no se deja representar (en interlocutores válidos con los que negociar), ni localizar (en espacios de-limitados), ni prever (en rutinas de acción), ni identificar (en un segmento concreto de la población). Nuestros gobernantes lo perciben como un rumor de fondo, una sombra al acecho. Inquietud. ¿Cómo neutralizar ese efecto constante, pero invisible y silencioso, que va erosionando las legitimidades bien establecidas? ¿Cómo prever y evitar la formación de los enjambres y las mareas aún desconocidas que amenazan con llevarse por delante los cálculos y las decisiones de mando?

Creo que la estrategia será: convertir el clima en un tablero de ajedrez.

El tablero de ajedrez es una máquina binaria, un espacio polarizado. Nos invita constantemente a definirnos a la contra, en un plano sólo de enfrentamiento y no de creación, en una lógica de bandos y no de autonomía del discurso y la acción, en una indignación victimizada y ya no alegre, encajándonos así en los posibles prescritos: blancas y negras, piezas en un campo de batalla, comportamientos predefinidos.

Se trata de una invitación en tres movimientos:

1- Blancas mueven, negras responden: contra los recortes, trinchera

Una amiga me dice: “no nos ayuda nada pensar en términos de recortes, en realidad se trata de un cambio de escenario”. La crisis no es sólo económica, sino de modelos y valores, del sentido y la finalidad de lo que hacemos día a día. Pensar en términos de recortes significa: donde antes había más ahora hay menos. Defendamos lo que queda y presionemos por volver al mismo sitio dónde estábamos. Esa lógica convierte el movimiento en una trinchera: “no pasarán”. Pero si lo que viene no sólo son recortes, sino un cambio de escenario, no podemos responder defendiendo lo mismo, sino creando otra cosa. Ese es el sentido de la famosa consigna zapatista: “resistir es crear”. La mera resistencia no resiste, las luchas defensivas se pierden todas desde hace años, para proteger algo hay que revitalizarlo y reinventarlo. No hacer una trinchera, sino encarnar una nueva visión.

Desde muchos espacios se piensan hoy en los bienes comunes como un tercer término más allá de lo público y lo privado (pero no necesariamente opuesto). El mismo 15-M es un gran ejemplo de una política de lo común, defendiendo/revitalizando las calles como un espacio público de todos y de nadie, más allá del acceso restringido de la privatización y de la propiedad/gestión exclusiva en manos del Estado.

Defender lo público es mantenerlo vivo y en movimiento, preguntándose por sí mismo, su sentido y su valor. No cancelar el debate y la reflexión “porque ahora toca resistir”, sino por el contrario abrir preguntas que nos conciernen a todos (qué educación, qué sanidad), invitando así a los demás no sólo a apoyar tu lucha, sino a pensar-hacer contigo, formar parte. Hacernos cargo en común de lo que tenemos en común.

2- Blancas mueven, negras responden: izquierda contra derecha

Con una derecha tan agresiva en el poder, existe una tentación obvia: posicionarse a la contra en el tablero de ajedrez. Formar un gran bloque de izquierdas, un “frente popular” de todos los agraviados por el PP, con todas las banderas reunidas. Los enemigos de mi enemigo son mis amigos. Creo que es todo lo contrario de lo que hizo fuerte al 15-M: desplazar el escenario-trampa de “las dos Españas” e interpelar al 99%. Invitar a cualquiera que se sintiera concernido por consignas no ideológicas como “no nos representan”, “lo llaman democracia y no lo es”, “somos personas, no mercancías en manos de políticos y banqueros”. Hablar, pensar y hacer desde el sentir y los problemas concretos que nos atraviesan a todos. Poner en primer plano lo que une (problemas y búsquedas), no lo que separa (identidades). Inventar nuevos saberes, haceres y decires, no limitarse simplemente a replicar o repetir los ya existentes.

Sólo pasan cosas cuando nos movemos de nuestro lugar, cuando abrimos lugares donde encontrarnos con otros que no son como nosotros. En los espacios “puros” todo está claro y somos todos “de los nuestros”, pero es muy difícil que algo ocurra. Nos confirmamos unos a otros. La política tiene que ver con cierta “incomodidad”, con no saber a ciencia cierta a quién tienes al lado. Esa fue la potencia de las plazas. Pudimos encontrarnos y mezclarnos porque suspendimos las identidades previas, entre las que sólo hubiera habido choque o suma instrumental pero no encuentro, y nos reunimos en tanto que “indignados”, “personas”, “99%” o simplemente “15-M”. Porque construimos no un bando ni un bloque, ni siquiera como suma de muchos pequeños bandos o bloques, sino un espacio de cualquiera.

3- Blancas mueven, negras responden: acción-represión-acción

Las escenas de represión y brutalidad policial se repiten: cabalgata indignada, concentración en favor del pueblo sirio en lucha, #yonopago, protestas contra la reforma laboral, cargas policiales contra estudiantes menores de edad en Valencia, etc. Está claro que se ha decidido el endurecimiento policial de la calle. Uno pasa por Sol una tarde cualquiera y se topa con un despliegue intimidatorio de furgones centelleantes y policías en alerta. Se gobierna desde la angustia y la paranoia constante, con pavor al rumor de fondo del clima.

En una asamblea reciente se dieron datos alarmantes: las cifras de detenidos, multados o identificados por la policía en torno al 15-M es altísima. Y estamos hablando de un movimiento exquisitamente no violento, conflictivo pero no violento. La gestión de la crisis es una estafa sangrante, un saqueo y un expolio de la riqueza común, pero el espacio para el disenso político real es raquítico. Los cuestionamientos que salgan del bar al espacio público se tratan como un simple problema de orden público, una cuestión policial. Poniéndome grave por un momento, creo que este es un hecho muy serio que debiera preocupar profundamente a cualquier persona que conserve un atisbo de aprecio por lo que significa la palabra “democracia”.

¿Qué nos propone (a empujones) el tablero aquí? Adoptar la lógica acción-represión-acción. Dejar de hablar de hipotecas, bancos y representación política, porque ya sólo podemos recaudar dinero para pagar las multas y acompañar a los amigos y compañeros heridos o detenidos. Entrar en la espiral “guerrera” que sólo los más militantes pueden/quieren sostener y vacía los espacios políticos del 99%. Convertirnos en víctimas impotentes, llenas de rabia reactiva y resentimiento, sin ninguna capacidad de iniciativa. Reducirnos a un gueto, asimilarnos al estereotipo “antisistema”.

¿Cómo escapar? Una amiga me cuenta que “en buceo enseñan una maniobra para cuando uno se ve inmerso en una corriente. El movimiento que salva la vida es contraintuitivo: en vez de recuperar la tendencia en dirección opuesta a la corriente, hay que salir formando un ángulo agudo con su dirección aunque suponga un distanciamiento considerable del barco”. Ese ángulo agudo son todas las acciones que nos permitan seguir llevando la iniciativa y decidiendo los espacios-tiempos del conflicto, las que acogen y cuidan la pluralidad que somos, las que hacen palanca en la imprevisibilidad y la capacidad de sorpresa que rompe las divisiones entre buenos y malos, las que mantienen el contacto empático con “la parte quieta del movimiento”, las que nos alejan de la policía y nos acercan a la gente.

Coda

“Siempre hay dos bandos y ahora tienes que elegir”: ese es el estribillo del tablero. La acción política, por su lado, no pasa por tomar partido entre posiciones dadas, sino por cambiar el mapa de lo posible. Crea un tercer término que no se mantiene a salvo o equidistante, sino que desbarata y confunde la lógica de bandos, abriendo un espacio incluyente y de cualquiera, produciendo nueva realidad. Blancas mueven, pero nadie responde, nadie confunde y desborda.

En definitiva, no asumir el tablero de ajedrez como escenario significa:

-No perder el centro de gravedad: nosotros mismos. No somos lo contrario de nuestro enemigo. Autonomía del discurso y de la acción.

-No perder la capacidad de interpelación al 99%. No somos un bando contra otro, sino un espacio de cualquiera, común.

Qué difícil va a ser pero qué necesario, aprender a bucear.

—–

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¿Y si no hiciésemos nada?

09 feb 2012
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Más de diez huelgas generales en Grecia, pero ¿se ha conseguido algo? Alexandra-Odette Kypriotaki ha participado en las movilizaciones desde 2008, pero se marchó a Londres con esa pregunta en la cabeza. “En mi país ya no se encuentra trabajo ni de camarera”, me contó. La conocí en un encuentro organizado por el pensador-activista Franco Berardi (Bifo) en Barcelona. Su intervención en aquel encuentro me pareció muy sugestiva y desafiante.

A partir de un balance autocrítico de las lógicas de enfrentamiento y movilización, que no han frenado ni un ápice la devastación social, pero han expuesto demasiados cuerpos a la represión y la destrucción, Alexandra propone recomenzar por otro lado: ni luchar ni confrontar, sino desertar; ni reivindicar ni pedir, desplegar aquí y ahora el mundo en el que queremos vivir; ni actuar ni movilizarnos, sino entregarnos a cierto abandono. Hacer fuerza de nuestra debilidad.

El capitalismo nos exige una disposición permanente al deseo, al contacto, a la producción. Un tiempo permanentemente ocupado, bajo presión, en pos de resultados. Hoy es obligatorio estar contentos, ser optimistas y positivos. Debemos proyectar constantemente la imagen de que sabemos, de que va todo bien, de que tenemos las cosas bajo control, de que somos fuertes. Pero, ¿no nos exige demasiadas veces lo mismo el activismo político? Lucha, resultados, la respuesta en la boca, la moral siempre alta, fuera los tímidos, los dubitativos y los melancólicos…

¿No podríamos formar un ejército de débiles, de torpes, de ignorantes? La consigna sería: “sí, estamos deprimidos, qué pasa”? El programa: “no sé”. La huelga, no hacer nada de nada, ni siquiera movilizarnos. Do nothing day… un miércoles, luego el jueves y así.

Como canta Nacho Vegas, el 15-M ha cambiado el significado de algunos verbos como disfrutar. Un amigo me explicó hace poco que lo más fuerte de las plazas era el descubrimiento colectivo de que el verdadero lujo no tiene que ver con el consumo, sino con otra vivencia del tiempo, la experiencia de hacer mucho con muy poco, el encuentro con otros con quienes no me hubiera encontrado nunca, las nuevas amistades. La auténtica riqueza es la que nos damos unos a otros, la que circula y no se posee.

Interrumpir la presión, no responder a la destrucción con más destrucción, abandonar  las filas, disfrutar. Os dejo con las reflexiones de Alexandra, que ha traducido mi amigo Tomás Cobos. Pura ciencia-ficción, pero de la que nos permite pensar la realidad y el presente. Y además, ¿cuál es la alternativa?

 


 

Una nueva zona temporal del ser (los griegos y la nueva psicodelia)

Alexandra-Odette Kypriotaki

 

Estamos esperando un apocalipsis que nunca llega, un “fin de los tiempos ” pospuesto continuamente, con el fin de reinventarnos. Esta espera interminable nos agota. Ojalá acabara ya esta cuenta atrás, aunque casi preferiríamos que aterrizara una nave espacial en nuestro jardín y nos llevara lejos de aquí. Construiríamos un planeta nuevo y reluciente, Lagash, como en Anochecer de Asimov: la población sucumbe a la barbarie y la locura cada 2.500 años con el fin de reinventar su civilización, sus tecnologías y las formas de ilustración.

Ni siquiera la alienación es ya una alternativa.

Desgraciadamente, la necesidad acuciante de reinventarnos a nosotros mismos, la cultura y el ser pide a gritos ser desactivada, ahora y con urgencia. Paf!

Teniendo en cuenta el fin del tiempo y el futuro (político), ¿vivimos en la era del apocalipsis?

La política frente a la antipolítica. La (r)evolución global no la traerá ninguno de los líderes o partidos actuales; por esa razón optaré por no hablar de ningún tipo de pensamiento político en el contexto de la democracia parlamentaria o el gobierno socio-democrático.

El sentido real de la palabra apocalipsis es “desvelar” y “revelar”.

¿Qué trae a nuestra conciencia y nuestro cuerpo este desvelamiento? Nuevas espiritualidades, nuevos tiempos y estados de resistencia. Autonomías nuevas.

 

Depresión colectiva

Desde enero de 2011, cuando asistimos al primer acto de las subidas de impuestos en el Parlamento griego, las portadas de todos los medios nacionales e internacionales han hablado de Grecia como un país sumido en la depresión y el pánico colectivos. La revista Time publicó un artículo sobre el rápido aumento de las tasas de depresión y suicidio en la hasta entonces ‘despreocupada’ Grecia desde el comienzo de la ‘crisis’. Los psiquiatras no solo mencionan una mayor incidencia de ataques de pánico, ansiedad y suicidios sino también una enorme repercusión en cuestiones de identidad. El hecho de que no haya más tiempo, ni más alternativas, ni más rumbos futuros lleva a la idiotez y/o la muerte. La premonición de un desastre que nunca-llega-nunca-acaba, reforzada por un continuo bombardeo de vagas amenazas, deudas, números virtuales y gráficos incomprensibles, lleva a la subjetividad y la colectividad a un callejón sin salida. Por otra parte, la absoluta privatización de este estrés y sus rastros en el cuerpo humano es un inextricable proceso de “realismo capitalista”, como explica Mark Fisher en su libro. La confusión, la miseria, la depresión contagiosa, el deseo de morir, la violencia: todas ellas se tratan de manera privada y escondida, como si estuvieran separadas de un marco y un contexto socio-político.

El sol griego en la plaza Syntagma des-veló de manera de manera cruda la depresión colectiva de los cuerpos. La depresión que emana de no compartir las vidas y la afectividad. Fue un milagro, un grito a favor de más “tiempo juntos”: exhibir impotencia podía funcionar también como arma “potencial” para la emergencia de nuevas corpo-realidades y colectividades. Como explica Bifo: “Si consideramos como depresión la suspensión del acto de compartir el tiempo, como el despertar a un mundo insensible, entonces tenemos que admitir que, filosóficamente hablando, la depresión es sencillamente el momento que más se acerca a la verdad”.

Una (in)actividad colectiva y masiva comenzó a surgir en el suelo de las plazas de toda la Tierra. ¿Qué nos aportan estas nuevas temporalidades inactivas?

La fatídica y agotada situación política griega, pero también el círculo vicioso de violencia constante, exigen una nueva perspectiva. Tras participar en la mayoría de los protestas griegas, desde 2008 (cuando comenzaron los disturbios por la muerte de Alexis Grigoropoulos a manos de la policía) hasta hoy, me di cuenta de que la acción y la destrucción, el sobre-esfuerzo y la lucha excesiva de los cuerpos ya no funcionan. Sin embargo, durante mi reciente visita a Atenas, las potencialidades y posibilidades de un desvelamiento colectivo de las inestabilidades y debilidades psicológicas me parecieron maravillosamente terribles. Quería observar más de esos procesos porque considero que el actual “movimiento revolucionario” está un poco obsoleto. Los medios de comunicación, líderes políticos intelectuales, artistas y la gente de todo el mundo miran a Grecia esperando una señal, un movimiento de jaque mate. Una (r)evolución radical (¿quizá ocupando una isla y autoorganizándose radicalmente lejos de la política electoral?).

Respecto al intento de “democracia real”, creo que una vez que los “indignados” griegos se den cuenta de que deberían insistir en que cesen los combates, las autonomías resistentes brillarán. La depresión tiene la capacidad de boicotear la acción y el cuerpo depresivo es incapaz de salir de su estado pasivo. Sin embargo, compartir y exhibir los síntomas —en concreto en una plaza marcada con símbolos y sentidos políticos— fue un comienzo para nuevas temporalidades emergentes.

El cuasi-alzamiento de una nueva y tercera zona temporal del ser (dejando atrás la zona temporal de la acción/destrucción y la de la burocracia) está intentando tomar forma a través de las situaciones en las plazas de todo el mundo.

¿Qué ocurriría si todo el mundo renunciara? Un abandono generalizado y colectivo.

¿Qué significa en realidad no hacer nada?

No hacer nada significa recuperar tu tiempo con el fin de construir subjetividades y colectividades de resistencia. Pero, ¿qué serían estas nuevas (a)temporalidades y qué elementos contendrían?

Nos hemos olvidado por completo del abandono. Nos hemos olvidado de respirar. Respirar a través de las respiraciones de los otros. En los ataques de pánico, lo único que hay que hacer es respirar. Así te salvas; a ti y a todo el universo. Un plan maestro.

 

Una nueva zona temporal

Los indignados griegos vivían en la plaza Syntagma: cocinaban, escribían, rezaban, pensaban, se enamoraban y jugaban. Habían abandonado sus trabajos productivos y sus luchas diarias.

Comenzaron a recuperar su tiempo y a sumergirse en su organismo. Su holgazanería y su vaguería se veía ‘interrumpida’ por pequeñas tareas que llenaban cada día y las necesidades naturales. Comenzó a nacer una pasividad orgánica, activa, que necesita afectividad y atención para crecer. Los cuerpos humanos que siguen en la plaza —que no podían hacer nada más que hacer nada— tienen que intentar aprender otra vez cómo ser vagos y perdurar. Hace falta tiempo para reescribir la inactividad en el cuerpo. Catherine Clement habla sobre los “sincronizadores” como “variables en el entorno que permiten la adaptación relativa del organismo al tiempo social según las circunstancias de la vida”. Con la reconstrucción de estos “sincronizadores” urbanos, en el interior de las densidades urbanas —la plaza como “pista”—, están comenzando a flotar (a)temporalidades rurales e isleñas. Los cuerpos cambian sus ciclos, sus alientos, su presión sanguínea y sus hormonas. Se trata de colectividades que tratan de traspasar el tiempo social y reajustarse al tiempo corporal.

Ahora, con un cambio arbitrario y antidemocrático en la escena política en Grecia, el devenir constante debería estar en el centro de estas nuevas bolsas de tiempo que surgen. El boicot y el rechazo. Las espacialidades de tierra/agua tienen que revivirse y destruir a las de hormigón/piedra. Una ruptura constante a través del sonido perpetuo y cíclico de las cigarras y las olas.

Sonido. Los cuerpos deberían encontrar su manera de marcar territorios distintos a través del sonido. Quizá las señales y los modos cuasi-primitivos deberían intervenir en la arquitectura sónica de lo urbano y crear un territorio post-geográfico.

¿Cómo pueden encontrar los griegos una línea de fuga, una ruptura en los ensamblajes opresivos?

Todas las noches, estos cuerpos exhaustos y monstruosos sacarán a bailar su depresión: tratando de volver a marcar y recuperar su territorio, exorcizando el mal. Con mayor intensidad, incluso. De manera más ofensiva y audaz. Los rituales, el trance y los mitos se inscriben en los cuerpos globales.

El comienzo del fin de este sistema —podrido hasta los órganos— se encuentra en dejar de servir al cuerpo humano como un campo de batalla. El hartal de Ghandi (el cese total de cualquier cosa funcional) debería enseñar a nuestros cuerpos ese ‘abandono’ y sus potencialidades.

En el movimiento italiano de Autonomía de los años 70 se consideraba que la autonomía emanaba de tácticas directas de la vida cotidiana y la “anarquía práctica” (1). Se consideraba que la esencia de la ‘utopía’ se encontraba en actos que no eran románticos, heroicos ni políticos (antipolíticos en todo caso). Los autónomos italianos difundían: “La utopía es aquí y ahora. No hay futuro, ni ayer. Solo tenemos el hoy, un presente eterno. Tenemos que destruir los fantasmas del pasado y las pesadillas llenas de ansiedad del futuro”. (2)

Cuando los trabajadores griegos del transporte y los servicios de limpieza dejan de trabajar, el paisaje urbano se transforma en una instalación artística: “el capitalismo en descomposición”. Deberíamos adoptar y reforzar estas no-acciones. Deberíamos abrazar la muerte y la decadencia.

La criminalización de la espiritualidad y la muerte, la desmitificación de la mística y la privatización de la salud mental han puesto fin a la psicodelia.

Ha llegado la hora de que los griegos —y todos los ‘perdedores’ del mundo— se reconstruyan sobre los pilares de su debilidad. Que repiensen su identidad a través de una lente de tradición y espiritualidad. A través de la cocina: compartiendo el proceso de hacer un pastel y comérselo juntos. A través de la imaginación: mitos, narrativas, cuentos de hadas. A través de la tradición: el luto, los cultivos, la canción. A través de la solidaridad y la autoorganización. Mi término para la situación es ‘enraizamiento’. Gente conectada con la tierra. Fotosíntesis, comida, agua y música.

Deberíamos revisar el concepto de Bifo de ‘composicionismo social’: “Un entorno químico donde la cultura, la sexualidad, la enfermedad y el deseo pelean y se encuentran y se mezclan y cambian de manera continua el paisaje”. Tiene que ver con un sentimiento religioso de amor e iluminación. Federico Campagna mencionó este sentimiento como un acceso al tiempo-ahora y una apertura hacia otras temporalidades (utópicas). La tercera zona temporal del ser tiene las condiciones perfectas para recoger las nuevas realidades visionarias y las nuevas psicodelias. Burbujas de la materialidad y la texturalidad de la posibilidad y la experiencia. Los acontecimientos de nuestra vida seguirán convirtiéndose en ciencia-ficción y vicevesa, pero la ‘verdad’ es algo que no existe en ninguna de las dos.

El Plan 9 del espacio exterior (3) ha fracasado: nuestros muertos están aún enterrados e inmóviles. Con todo, nosotros, los ‘vivos’, podemos empezar a devenir cuasi-muertos. Corpo-realidades muertas. “Los zombies cantan una canción, pero es la de la vida” (Deleuze).

Igia, kavla ki epanastasi”*, queridos amigos. Y amor.

 

* “Salud, deseo sexual extremo y revolución”: eslógan anarquista difundido en Atenas tras las revueltas de 2008

 

Bibliografía:

Arendt, H. La condición humana. Ediciones Paidós, Barcelona, 1993.

Asimov, I. y Silverberg, R. Anochecer. Nuevas Ediciones de Bolsillo, Barcelona, 2004.

Berardi (Bifo), F. (2009). Precarious Rhapsody. London: Minor Compositions. En castellano, puede leerse La fábrica de la infelicidad (Traficantes de Sueños, 2003) o El sabio, el mercader y el guerrero (Acuarela, 2007).

Clement, C. (1994). Syncope: The Philosophy of Rapture. Minneapolis & London: University of Minessota Press

Deleuze, G.. La imagen-tiempo: estudios sobre cine 2. Paidós Ibérica, Barcelona, 1996.

Fisher, M. (2009). Capitalist Realism, Is there no alternative? Hampshire: 0 Books

Notas:

(1) Notas tomadas de una conversación de Federico Campagna con Aaron Peters.

(2) Ibid.

(3) Plan 9 del espacio exterior es una película de Edward D. Wood Jr. filmada en 1959, con Bela Lugosi de protagonista. La historia consiste en unos extraterrestres que devuelven la vida a los muertos con forma de zombis y vampiros con el fin de que evitar que la humanidad cree un poderoso explosivo que destruiría el sol y la galaxia, la Solaranite.

Traducción: Tomás Cobos

Fotografía: Nikolas Giakoumidis

“¿Y si no hiciésemos nada?” como programa de radio (Clinamen)

¿En qué consiste la creación?

31 ene 2012
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“Nada es original. Roba de cualquier lugar que haga resonar a tu inspiración o que alimente tu imaginación. Devora películas viejas o nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, obras de arquitectura, puentes, señales callejeras, árboles, nubes, cuerpos de agua, luz y sombras. Elige para robar sólo las cosas que te hablen directamente al alma. Si lo haces de este modo, tu trabajo (y tus robos) serán auténticos. La autenticidad es invalorable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tus hurtos -celébralos si tienes ganas. En todo caso, recuerda siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: “No se trata de de dónde tomas las cosas, se trata de a dónde las llevas”.

Jim Jarmusch

Un movimiento de todos y de nadie

24 ene 2012
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Una entrevista que me hizo Fernando Peirano sobre el 15-M para la revista de cultura Ñ del periódico argentino Clarín, publicada junto a un texto del propio Fernando sobre los “movimientos sociales difusos”. Igual nada muy sorprendente para los que seguís el blog, pero juzgad vosotros mismos.



Amador Fernández-Savater es editor e investigador independiente. Dirigió durante años la revista Archipiélago y ahora impulsa con otros amigos la editorial Acuarela libros. Ha participado en varios movimientos sociales desde mediados de los años 90. Se presenta a sí mismo como “un escriba del 15-M” y lo explica de este modo: “desde el comienzo voy haciendo el trabajo de escuchar y registrar, de traducir algunos pensamientos latentes a concepto, de dar forma y devolver todo el rato”. Uno de los lugares donde se puede leer este trabajo es su blog en el diario Público.

Si entendemos al 15-O como la primera manifestación global de la historia, ¿se podría decir que hay un diálogo posible entre el 15-M, OWS, la Primavera Arabe, el movimiento de estudiantes chilenos, y las manifestaciones que ese día se sumaron en Londres, Tel Aviv, Atenas, Nueva Delhi, México, Moscú y Tokio? ¿En qué medida se puede hablar de la emergencia de un nuevo sujeto político?

La idea de “un nuevo sujeto político” no me parece muy útil para ponernos a la escucha de una conversación entre plazas: Tahrir, Syntagma, Sol o Zucotti. Un texto del Comité Invisible recomienda pensar mejor en una composición musical: “algo que se constituye aquí resuena con la onda de choque que emite algo que se constituyó allí y cada cuerpo vibra según su modo propio”. Aunque no supiéramos muy bien qué ocurría realmente en Egipto, la onda de choque de Plaza Tahrir atravesó las plazas del 15-M con la siguiente idea: la rebelión necesita un lugar, un espacio de encuentro y mezcla entre diferentes, con un mensaje dirigido a todos y a todas, más allá de su clase o ideología: “somos personas, no mercancías en manos de políticos y banqueros”. También entre el 15-M y el movimiento Occupy hubo diálogo. Un campo de resonancias, vibraciones y ondas de choque, no una identidad. Una conversación intermitente, frágil y precaria, no un “nuevo sujeto político”. Me parece que esto es lo que tenemos que escuchar y pensar.

Frente a la irrupción de movimientos sociales difusos como el 15-M o el OWS, que le dicen a sus gobernantes “no nos representan”, los gobiernos no encuentran una respuesta satisfactoria. Hasta ahora sus respuestas se parecen más a la impotencia que a una estrategia, como si su poder de infundir miedo y su capacidad de anularlos mediante la integración ya no fueran efectivas. ¿El Estado está perdiendo el control frente a fuerzas sociales que tienden a deslegitimarlo? ¿Cómo se resuelve esta tensión?

Los poderes operan siempre por de-limitación: ponen nombres, establecen fronteras, asignan identidades, estereotipan la realidad. El objetivo que han perseguido en el caso del 15-M es distinguir entre la gente que protesta y la gente normal, señalando a los indignados como “marginales anti-sistema”, “violentos” o “perroflautas”. Así, se trataba de neutralizar el 15-M como espacio de cualquiera mediante una operación simple: dividir mediante estereotipos impregnados de miedo, marcar una línea clara entre lo normal (que no se mueve y asume la representación) y lo sospechoso (turbio y violento). Pero el 15-M ha inventado mil formas de pinchar los estereotipos, desde el humor que ridiculiza y vacía las imágenes del miedo hasta la invitación constante a cualquiera a acercarse a ver con sus propios ojos la realidad que estábamos construyendo en las plazas, reproponiéndose a sí mismo una y otra vez como espacio de cualquiera. Esa ha sido y es su fuerza.

Lo que hacen los movimientos sociales difusos, ¿es anti-política como dicen algunos críticos o es una crítica de la política con una nueva propuesta de vida y de gobierno como dice Santiago López Petit? En tal caso, ¿dónde se ven insinuadas esas formas de vida y gobierno.

Veo las dos cosas. El 15-M tiene un enorme potencial destituyente. Dos de sus principales consignas son “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”. Así abre el tabú por excelencia en España desde hace treinta años: qué democracia tenemos. Es ya una percepción muy extendida que la política de los políticos se limita hoy en día a gestionar las necesidades de la economía global presentada como un “destino”. Que la política no está al servicio de las personas, sino de la lógica de beneficio. El 15-M pone esa cuestión en el centro de todas las ciudades y en el centro de todos los debates públicos. En este sentido podría considerarse un movimiento “anti-político”. Pero aunque nos una el rechazo, somos más que rechazo. Esta es una verdad que intelectuales de la talla de Z. Bauman no ven pero que sin embargo es obvia para cualquiera que pasara por las plazas: a los pocos días no estábamos allí para gritar nuestra indignación contra nadie, sino por la belleza y la potencia de estar juntos, ensayando modos de participación común en las cosas comunes. Por lo tanto, redefiniendo y reinventando lo político.

El contrato social y el estado moderno se fundan sobre la base de una sospecha, donde el hombre se ve a sí mismo como su propia amenaza, ¿cuál es el fundamento de lo que hoy se llama “nuevo contrato social”?

Hay un “contrato social” en crisis, el que ofrecía derechos colectivos (salud, educación, trabajo, etc.) a cambio de un cierto consenso político. En España ese contrato se llamó Cultura de la Transición (que la verdad tuvo más de consenso que de derechos). Pero las necesidades de la economía global exigen recortes, privatizaciones y precariedad. El consenso ya no es la contrapartida de nada. El 15-M lo rompe, deslegitimando radicalmente todas las instancias de representación tradicionales (partidistas o sindicales). La izquierda que aún reivindica su nombre querría reflotar más o menos el viejo contrato. Pero me parece más interesante lo que se está pensando en torno a los bienes comunes, como un tercer término más allá de lo público y lo privado. El aire, la biodiversidad, el genoma, el lenguaje, las calles, Internet… De todos y de nadie, los bienes comunes nos atraviesan y constituyen, nos hacen y deshacen. Y exigen de nosotros la invención de nuevas instituciones y formas de gestión ciudadana para hacernos cargo en común de lo que tenemos en común.

Podemos arriesgarnos a decir que hace 10 años Argentina vivía un anticipo de la crisis que hoy vive Europa, pero no fue con menos Estado ni una subordinación de la política frente al mundo financiero que la está dejando atrás. En otras palabras, no fue rechazando las instancias de involucramiento y transformación que disponen el Estado y las estructuras políticas clásicas. ¿Qué valor de referencia tiene, por ejemplo para el 15-M, el modo en que Argentina logró salir de la crisis?

Me parece que lo que pasa ahora en Argentina no se entiende sin tener en cuenta la deslegitimación radical y práctica del neoliberalismo que operaron los movimientos en torno al cambio de siglo. Desde abajo se abrieron otras posibilidades, también para los gobiernos. En Europa estamos muy lejos de ahí. Ni siquiera nos tenemos que preocupar de que un gobierno integre reivindicaciones de los movimientos autónomos a cambio de su desactivación. Los poderes están lanzados en una fuga hacia adelante suicida, ajena a toda escucha y blindada a cualquier tipo de participación ciudadana. Pero los cambios importantes siempre empiezan por abajo. El colectivo Tiqqun dice que la base del neoliberalismo es existencial: la idea de que cada cual tiene su vida. Es lo que llaman “liberalismo existencial”. El 15-M cuestiona la hegemonía de esa idea: en las plazas hubo todo un proceso de redescubrimiento del otro, hasta ahora enemigo, obstáculo u objeto indiferente. Ojalá avancemos en una crisis mayor del neoliberalismo que abra para todos el mapa de lo posible.

La filosofía política viene ensayando aproximaciones a una nueva manera de abordar lo colectivo; el desarrollo de conceptos como procomún, multitud, comunidad son algunos de esos ejemplos. ¿Hay un nuevo “nosotros”? ¿Cómo imagina una representación posible para esa nueva acepción del pronombre con mayor capacidad de inclusión.

Hacernos invisibles para el poder y visibles para los demás. Aparecer borroso. Esa es la función de las ficciones políticas. Jacques Ranciére tiene reflexiones poderosísimas al respecto. La ficción política interrumpe el orden policial de la identidad, abriendo espacios donde cualquiera puede contarse. Frente a los estereotipos que dividen y definen la realidad, los nombres de cualquiera. Por ejemplo, “indignados”. Al principio funcionó como etiqueta mediática, pero la gente del 15-M se lo ha reapropiado. Indignado puede ser cualquiera, cualquiera que perciba como intolerable la vida bajo este capitalismo enloquecido, cualquiera que piense que sólo colectivamente podemos recuperar la dignidad (una palabra que encierra “indignados”). Indignados no son “los de izquierda”, ni “los radicales”, no son los trabajadores ni siquiera los ciudadanos. No es una identidad, sino una decisión subjetiva y posible para todos. “No es un lugar al que se pertenece, sino un espacio al que se ingresa para construirlo”, como decía Diego Tatián. Y lo mismo ocurre con otras ficciones políticas del 15-M: “personas”, “somos el 99%” o incluso la plaza de Sol como personaje colectivo.

Mayo del 68 y el 15-M

18 ene 2012
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De una primavera a otra: Mayo del 68 y el 15-M

Desde la Asamblea Popular del Barrio de Malasaña queremos invitaros a participar en la proyección de cine y posterior debate, que se celebrarán el viernes 20 de enero, a partir de las 19:00, en la Calle Santa Lucía, 10 (cercana a la Plaza del Dos de Mayo y semi-esquina con la calle San Vicente Ferrer).

En esta ocasión nos acercaremos a la atmósfera vital de Mayo del 68 y a sus resonancias con el movimiento 15-M.

Podremos ver el documental Grands soirs et petits matins (1978) realizado por William Klein durante Mayo del 68 en el Barrio Latino de París montando ese material diez años después. La presentación y moderación correrá a cargo de Amador Fernández- Savater, periodista, editor y participante activo en diversos movimientos sociales.

Grands soirs et petits matins (1978), William Klein, b/n, 98 min.

Diez años después de que, a instancias de los Estados Generales del Cine, hubiera rodado con la cámara al hombro los sucesos más relevantes que tuvieron lugar durante Mayo del 68 en el Barrio Latino de París, el fotógrafo y cineasta William Klein monta con el metraje original un documental que capta con extraordinaria intensidad la atmósfera de las manifestaciones, reuniones y debates públicos.

La memoria pesa y aburre cuando alecciona al presente en lugar de inspirarlo y hacerle preguntas. Hay toda una memoria aburrida y pesada de Mayo del 68 (“yo estuve allí, entonces sí que se luchaba”, etc.). Pero las imágenes que captó William Klein con su cámara al hombro nos muestran (directamente, sin intermediarios) un acontecimiento vivo y que conecta con nuestro presente. Vemos el 68 como una formidable toma de la palabra por parte de miles de personas condenadas hasta entonces al silencio y el aislamiento. La calle como lugar de diálogo y los muros como espacio de expresión creativa. La alegría desbordante del encuentro entre diferentes y de la interrupción de la normalidad mortífera. La política no como un asunto de partidos o profesionales, sino como la invención de prácticas mediante las cuales las personas cualquiera se vuelven capaces de hablar en nombre propio, pensar y decidir en primera persona, planteando colectivamente los propios problemas. Una pelea, no entre izquierda y derecha, sino entre arriba y abajo. Todo ello resuena muy poderosamente con el movimiento 15-M, ¿es un espejismo o existe algún tipo de relación? ¿Qué nos dice aquel pasado sobre nuestro presente? Más de 40 años después, Mayo del 68 puede seguir dándonos mucho qué pensar.

Contra y contra el cine. En torno a Mayo del 68 (proyecto en torno al cine de mayo del 68)

Por una memoria viva del mayo del 68 (artículo en Público, mayo 2008)

Mayo del 68, futuro anterior (artículo en Público, octubre 2007)

Máscaras, ficciones políticas, nombres colectivos…

16 ene 2012
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Mi amigo Leónidas Martín Saura ha realizado junto a Núria Campabadal este reportaje sobre activismo y ficción para Metrópolis (TVE 2). Se trata de un repaso por cinco experiencias de uso político de la ficción, los nombres colectivos y las máscaras: Súperbarrio, el héroe de los sinvivienda en Méjico; Unemployed Man, súperhéroe de los trabajadores precarios e invisibles; el Reverendo Billy que desde su Iglesia Contra el Consumo rompe el hechizo de las mercancías; los palestinos de Bilin que reivindican sus tierras disfrazados como personajes de Avatar; y finalmente Anonymous, que ya no necesita ninguna presentación porque somos todos. Leo me invitó a participar y aparezco por ahí dejando caer alguna cosa sobre estas experiencias cuya potencia, al modo de Ulises y Espartaco, consiste en que nos permiten a la vez hacernos invisibles al poder y visibles para los demás cómplices.

El asunto primordial de la ficción ha sido, es y será siempre la emoción, las creencias y los valores de los seres humanos. Los proyectos incluidos en este programa cumplen a raja tabla esta condición; pero lo hacen a su manera. Si los realistas franceses del siglo XIX proponían pintar lo que se veía, estas experiencias a caballo entre la ficción y el activismo social proponen hacer lo que se ve. Es como si dijesen: estamos cansados de mirar, ahora queremos vivir la imagen.
Superbarrio, por ejemplo, no es más que eso, un hombre cualquiera que tras perder su trabajo y su casa en la ciudad de México, decide convertirse en su propio personaje: un luchador enmascarado capaz de enfrentarse a los responsables políticos de la especulación urbanística. Lo mismo sucede con Unemployed Man, un guión de cómic escrito por un par de chicos que cansados de sufrir la crisis económica, deciden convertirla en una historieta repleta de superhéroes sociales que rápidamente abandonan las páginas del cómic para aparecer en las manifestaciones y campamentos contra la crisis capitalista, a lo largo y ancho de los Estados Unidos.
Las experiencias artísticas contenidas en este “Activismo y Ficción”, más que intentar convencer al espectador para que acepte lo que muestran, lo que hacen es encantarlo, hipnotizarlo incluso para que suspenda la incredulidad y pase a involucrarse en el conflicto social narrado por ellas. Este es el caso de los Palestina Avatar, ese grupo de jóvenes palestinos que conmocionaron a medio mundo apareciendo en una colonia de Gaza, manifestándose contra la ocupación del ejercito israelí disfrazados de Na´vi, los personajes buenos de la película Avatar. Esos chicos se convierten en ficción, para ocupar nuestras pantallas y despertar en nosotros el deseo de cambiar este mundo. Lo mismo hace el Reverendo Billy y su Iglesia contra el consumo, que tras apropiarse de la figura de esos reverendos lunáticos que ocupan una gran parte del horario televisivo americano, logran convertir muchos de los relatos y mitologías cristianas en verdaderas flechas contra la sociedad del consumo.
Si las ficciones son proyecciones delirantes nacidas en el espacio que queda entre el autor y el que las recibe, los proyectos incluidos en este programa se centran claramente en el que las recibe: el espectador. Esta figura está entendida aquí de manera mucho más libre de lo que suelen pensar algunas corrientes críticas, para los autores de estos proyectos una imagen nunca podrá representarlo todo, por eso Anonymous realiza esta especie de ejercicio de posesión y se adueña de un rostro y un cuerpo que no le pertenecen, para operar bajo su apariencia y añadir así aquello que siempre le faltará a la imagen: la acción.

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Somos el 99%: Occupy y el 15-M

12 ene 2012
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En Una Línea sobre el Mar, el programa de radio donde participo, viajamos a EEUU para acercarnos al movimiento Occupy, los indignados americanos. Y lo hicimos de la mano de nuestro amigo Ángel Luis Lara, que vive en “el monstruo” Nueva York desde hace cinco años. Le planteamos a Ángel un juego de las siete diferencias entre el 15-M y Occupy. Y las viñetas que le mostramos son nueve frases y lemas asociados de alguna manera al 15-M:

“toma la plaza”,

“ni izquierdas ni derechas, somos puro sentido común”,

“somos personas, no mercancías en manos de políticos y banqueros”,

“somos todos”,

“vamos despacio porque vamos lejos”,

“te queremos, únete”,

“no saben lo que quieren pero lo están consiguiendo”,

“si viene la policía sacad las uvas y disimulad”

y “somos un movimiento de amor”.

Puedes escuchar el programa aquí

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Algunos fragmentos de “Occupy Wall Street o la bendita metamorfosis”: 

“Ese es el milagroso efecto del 15M y de los movimientos en el Mediterráneo: nos hemos imbuido de una extraña y maravillosa energía, una especie de determinación colectiva que no nos abandona. Estamos aprendiendo que, a diferencia de los partidos o las instituciones, los movimientos no tienen miedo a las transformaciones, a los cambios o a los gerundios. Ser movimiento es estar en movimiento. Sabíamos que se trataba de romper la burbuja inicial, de cambiar”

“El contraste entre la violencia policial y el carácter decididamente pacífico de #OccupyWallStreet ha funcionado como un campo magnético que ha atrapado no sólo la atención sobre el movimiento, sino también los afectos. Ni uno solo de los responsables del desastre económico desatado desde Wall Street ha sido detenido y procesado. Casi novecientas personas han sido arrestadas desde que el movimiento ocupara Liberty Plaza el pasado diecisiete de septiembre. El contraste se ha hecho sencillamente insoportable para mucha gente”

“La hegemonía de la frase “We are the 99%” en el conjunto de los eslóganes del movimiento ha modificado la suerte de éste por lo menos en dos direcciones: por un lado, ha funcionado como un enunciado evidentemente incluyente que ha hecho que la gente común se sienta interpelada y se acerque al movimiento; por otro lado, nos ha obligado necesariamente a abrirnos y a devenir ese 99% que declaramos ser. Se trata de una frase reversible: We are the 99% ha conectado hacia afuera y ha modificado hacia adentro. Ahora, cuando alguien exhibe un comportamiento sectario, reproduce un lenguaje ideológico o hace una propuesta excluyente, basta con decirle “no, es que somos el 99% de la gente”. Es muy probable que sigamos sin convencerle, mucho menos que consigamos que deponga su actitud, pero lo que sí es incuestionable es que ahora está en fuera de juego”

“Nada de lo que allí sucede (en Liberty Plaza) implica la necesidad de un atrevimiento desmedido e impracticable. Conversaciones, bailes, asambleas, juegos para niños, picnics improvisados sobre la acera, talleres y reuniones constituyen actividades participables por el común de los mortales. Como decía un amigo hace unos días a voz en grito y subido a una de las jardineras de la plaza: “no tenemos que convencer a la gente, nosotros somos la gente”. “El 99%”, le contestó un señor mayor que aplaudía sus palabras”

“Ahora el movimiento es de las personas. Más de los gerundios que de los adjetivos. Su máximo logro es el hecho mismo de su existencia: Liberty Plaza representa la reconquista de la sociabilidad, la posibilidad de poner en común, el bloqueo de la soledad. Por eso lo primero que uno percibe al entrar en la plaza es una suerte de alegría contagiosa, una emoción difícil de explicar. Algunos neoyorquinos han comenzado a llamarlo “el milagro de estar juntos”. Eso ya no es la indignación, es mucho más. Eso ya es otra cosa

 

Banda sonora de Occupy Wall Street escogida por Ángel para el programa:

 

¿Cómo se organiza un clima?

09 ene 2012
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La pregunta rebota de aquí para allá: “¿dónde está el 15-M?” ¿Ha fallecido, tal y como dictaminan los medios de comunicación que sólo conceden existencia a lo que es espectacular y masivo, noticiable? ¿Se ha retirado a los cuarteles de invierno, esperando tiempos mejores (y temperaturas más altas) para reocupar su espacio natural: las calles y las plazas? ¿Se ha replegado a los barrios, fuera de la vista de los focos mediáticos y de la volátil “opinión pública”, pero construyendo al modo de las hormigas una base duradera para el cambio social?

A la comisión de Extensión Internacional de Sol, que tuvo un papel relevante en la preparación del 15-O, no le satisface ninguna de las respuestas, así que se ha declarado en huelga (!), invitando a detener la producción (los activistas también producen: activismo) para pensar a fondo lo que a su juicio es una crisis de la estructura organizativa del 15-M. En su declaración llaman la atención sobre tres problemas particularmente: la bajísima participación actual en asambleas y comisiones, la dispersión y división interna, y la burocratización de los comportamientos (automatismos, falta de imaginación).

Me gusta el gesto: se atreve a interrumpir y pienso que si no hay discontinuidad no hay creación, sólo inercias y repetición. No tengo ninguna solución que ofrecer sobre cómo podrían funcionar las cosas de otra manera. Pero voy a tratar de contribuir con algo (un poco general y abstracto, que es lo mío) sobre los problemas que apunta Internacional, por si acaso leerlos de otra manera ayuda a ensanchar el campo donde podemos encontrar respuestas concretas.

Vida y política

¿Dónde se han metido todas las personas que poblaron plazas y asambleas en primavera? ¿Se han vuelto desafectos al 15-M, son incapaces de un compromiso duradero, están ahora resignadas a su suerte? Creo que no. Sin ningún estudio a mano, generalizando simplemente a partir de los casos que conozco personalmente y de la observación de mí mismo, pienso que en general la gente ha vuelto a hacer su vida.

Las semanas de acampada en Sol fueron un tiempo excepcional, pero resulta muy complicado habitar una excepción. O sólo puede hacerlo gente fuera de lo normal: por ejemplo, los activistas, los que hacen de la política el centro de su existencia. Pero si en una asamblea o en una comisión se quedan sólo los (viejos o nuevos) activistas tenemos un problema, porque sus modos de hacer convocan y acogen sobre todo a otros activistas. Y sin menospreciar ni mucho menos su papel, me parece muy claro que la fuerza del 15-M -y algunas de sus invenciones más preciosas- no vinieron del activismo (al principio se oía a muchos militantes de toda la vida confesar, con mayor o menor alegría, “estamos completamente desubicados”), sino de personas sin experiencia política previa y gente cualquiera. La profesionalización de la política (también la activista) vacía los espacios comunes. Pasa lo mismo cuando una comisión o una asamblea se convierte en un grupo de amigos: la autorreferencialidad de los códigos y los rituales, por mucho confort y bienestar que nos ofrezca, va expulsando a todos los diferentes. Nos queda una simpática tribu, pero no un espacio político.

La vida hoy, en condiciones de inestabilidad y precariedad, nos exige el esfuerzo de hacer y rehacer constantemente todo. Hay pocas cosas que podamos considerar ya dadas: trabajo para toda la vida, casa para toda la vida, amigos para toda la vida, familia para toda la vida, amor para toda la vida, compromisos y convicciones para toda la vida, etc. De hecho, hoy no sufrimos tanto por vivir una vida demasiado hecha, como por no poder hacernos una vida. Los males contemporáneos tienen mucho que ver con la incertidumbre, la inseguridad, la dispersión, la pérdida del sentido, etc. Hacemos equilibrios todo el rato y las pelotitas con las que jugamos están siempre a punto de caerse. Si sostener vivas las relaciones afectivas o el sentido de un pequeño proyecto nos supone ya un esfuerzo agotador, ¿cómo sacar tiempo para implicarnos además en asambleas y comisiones?

El problema no son los activistas ni los grupos de amigos. El problema es la dificultad que tenemos para inventar formas de hacer política que estén a la altura de las personas y no al revés. Una política habitable para el 99%, no sólo para los activistas. Lo personal se desliga de lo colectivo cuando no somos capaces de inventar engarces entre modos de vida y modos de lucha. Entonces lo político se vacía y muere.

Pero “volver a hacer su vida” es una mala expresión. Porque después de pasar por las plazas no se vuelve igual, ni por tanto se vuelve a la misma vida. Paradójicamente, volvemos a una nueva vida: tocada, atravesada, afectada por el 15-M. ¿Qué ha hecho cada cual con esa afectación? Si crear es dar sentido, forma o figura a un cambio existencial para que no se pierda o se volatilice, ¿qué hemos hecho cada uno con lo que el 15-M ha hecho de nosotros? Me parece que ahí hay una investigación apasionante por emprender. ¿Qué aprendimos, qué descubrimos y cómo lo hemos incorporado a la vida cotidiana? ¿Qué nos llevamos del 15-M y cómo podríamos devolver algo? Hay proyectos en marcha como Robo, 15M.cc o Bookcamping en los que personas involucradas en la música, el cine o la edición se replantean su trabajo cotidiano a partir del 15-M y tratan de aportar algo de vuelta a lo común. Por las plazas pasaron también (trabajen de ello o no) maestras, enfermeros, trabajadores sociales, psicólogos, informáticas, estudiantes, periodistas, ¿en qué sentido se ha visto alterada su mirada, su práctica y su estar en el mundo tras el encuentro con el 15-M? Esos cambios micro son sin duda la base de la próxima ola.

Un nuevo clima

En el debate generado por Extensión Internacional se analiza sobre todo la situación del tejido organizativo 15-M: comisiones, asambleas, espacios de coordinación. Lo que a mí me gustaría añadir es que el 15-M no sólo es una estructura organizativa, sino sobre todo un nuevo clima social.

Hemos cuestionado juntos ese peso terrible de la realidad oficial que dice: lo que hay es lo que hay. Y así hemos podido respirar. La situación macro sigue igual, pero ahora la vemos desde otro sitio. Está todo fatal, como rezaba el título de una revista catalana, pero al mismo tiempo nos hemos demostrado capaces de producir otra realidad. Y eso genera automáticamente alegría, un nuevo clima emocional. La realidad oficial es el mapa de lo posible autorizado: lo que es posible ver, pensar, sentir y hacer. Hemos abierto ese mapa. Ahora se pueden ver, pensar, sentir y hacer otras cosas. El sistema de partidos no es más un tabú. Conspiramos para interferir en las elecciones, aunque no nos pongamos de acuerdo en cómo hacerlo, porque es vox populi que son una estafa. La identificación entre democracia y capitalismo ya no está tan clara. La realidad antes invisible de los desahucios está ahora a la vista de todos. Es posible pensar y hacer política sin estar afiliado a un partido ni ser siquiera militante de un movimiento social. Nos servimos cotidianamente de la Red para construir colectivamente otro punto de vista sobre la actualidad. Hemos aprendido que el otro desconocido no es sólo un enemigo o un objeto indiferente, sino que puede ser un cómplice. Nos hemos descubierto capaces de hacer cosas que nunca habíamos sospechado. El mapa de lo posible es otro, el clima es otro.

El hecho de que menos gente participe en el tejido organizativo 15-M no significa que menos gente se sienta concernida por la esperanza que el 15-M supone. Se demostró claramente el 15-O o, a otra escala muy distinta, en la reciente cabalgata indignada. El 15-M no es sólo el nombre de una estructura organizativa, ni de un movimiento social un poco más grande que los anteriores, sino de otro estado mental. Que no está localizado aquí o allá, sino que atraviesa la sociedad entera como un viento.

Sabíamos más o menos cómo se organiza un movimiento social, pero ¿cómo se organiza un clima? Recién empezamos a pensar esto, sólo un par de apuntes al respecto.

Hay propuestas que prenden mejor en el nuevo clima que otras. Los motivos son muy distintos, seguro. Pero entre ellos está la sintonía de la propuesta (en su manera de construirse y en lo que plantea) con las tendencias más fuertes del clima 15-M: horizontalidad (ni vanguardias ni protagonismos), inclusividad (nos dirigimos al 99%, no a un gheto), respeto (convivencia entre diferentes), noviolencia (una mezcla de conflicto y legitimidad), inteligencia colectiva, creatividad y capacidad de sorprender, “no queremos ser mercancías en manos de políticos y banqueros”, etc. Sintonizar con el clima es una cuestión de escucha y de sensibilidad.

El 15-M tiene mucho que ver con la alegría de estar juntos en una sociedad de competencia y sálvese quien pueda. Esa alegría podía palparse en las plazas, en el 15-O o en la cabalgata indignada. Pero sólo podemos estar juntos, compartiendo espacio y tiempo, en momentos excepcionales. ¿Cómo estamos juntos cuando no estamos juntos? ¿Cómo encontrarnos y sentirnos acompañados sin vernos las caras? Pensar la (auto)organización del clima pasa también por pensar los enlaces, las conexiones, los interfaces, la comunicación. Lo común circula y se construye también a partir de imágenes, narraciones y herramientas. Más comunes cuanto más abiertas, honestas y comprensibles sean. Abiertas, en el doble sentido de que den qué pensar (más que tratar de convencer) y sean reapropiables (se puedan replicar, modificar, adaptar, alterar libremente: sin propiedad). Honestas, porque no esconden la dudas, los desalientos, las contradicciones y los clarooscuros que son parte de la vida. Y comprensibles, es decir, directas y transparentes pero no banales, exigentes pero no cerradas, restringidas o reservadas a los expertos en tal jerga o saber, sino dirigidas a cualquiera.

Hay muchos ejemplos dentro y fuera del tejido organizativo 15-M, pero tengo uno a mano en el acta de la reunión de Extensión Internacional donde se decidió la huelga (que se adjunta junto la declaración). Es una gozada de texto. Abierto: expone todos los argumentos, a favor y en contra, que se dieron en aquella reunión. Honesto: no se calla las tensiones ni los desacuerdos que hubo (y recoge maravillosamente el ruido de fondo de aquella reunión celebrada en el metro: personas y situaciones que se mezclaron azarosamente con el discurrir de la asamblea). Comprensible: es una discusión donde se ponen en juego cuestiones muy profundas en un lenguaje común y accesible a todos. Y además es un relato muy divertido. Permite vivir lo que otros vivieron sin haberlo vivido, estar juntos sin estar físicamente juntos. Ensancha lo común y compartido.

¿Dónde está, pues, el 15-M? No hay que ser hiper-sensible para sentir que el clima se está cargando de electricidad. El 15-M no ha muerto ni está en repliegue. Estamos al acecho. Cada cual desde su lugar, no pasivamente a la espera, sino activamente al acecho.

El reflujo de la primera ola, rechazado por la resistencia de los objetos envestidos, dará materia a la próxima ola cuando, llegado el momento, vuelva la marea.

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“¿Cómo se organiza un clima?” traducido al inglés

Declaración de huelga de Extensión Internacional

Actas de la reunión

“Un paso atrás y epitafio…” (una respuesta a la declaración de huelga)

“No podemos dejar de ser exuberantes” (una respuesta a la declaración de huelga)

“Año nuevo, movimiento nuevo” (sobre la organización 15-M)

“Politizaciones en el ciberespacio” (sobre lenguajes y herramientas comunes)

En provecho de todos

28 dic 2011
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Este articulito (¡360 palabras!) ha aparecido hoy 28 de diciembre en el diario El País, acompañando a un reportaje sobre la “revolución cultural del procomún”. Las ideas libres se van abriendo paso…

El aire, la biodiversidad, el genoma, el lenguaje, las calles, Internet… Los bienes comunes no nos rodean. Nos atraviesan y constituyen, nos hacen y deshacen. De todos y de nadie, sostienen el mundo, son el mundo. En el cuidado y enriquecimiento del procomún nos jugamos la vida misma. Es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos del Estado o del mercado. Nuestro desafío es hacernos cargo en común de un mundo común.

La lógica privatizadora (patentes, copyright restrictivo, industria cultural, etc.) sólo beneficia a una estrecha minoría. Desde el crowdfunding hasta la ciencia abierta, desde el copyleft hasta las plataformas en defensa del agua, desde la Puerta del Sol hasta Zuccotti Park, una constelación amplísima de comunidades en movimiento ensayan hoy otros modos de producir, decidir y convivir. Abiertos y colaborativos, incluyentes, acogedores y sostenibles, ni estatales ni privados (aunque no necesariamente anti-estatales ni anti-mercantiles). Por y para el 99%, como dice el movimiento americano Occupy.

Pero ajenos a la belleza de la cooperación, desde arriba nos repiten que lo común es un caos y hay que regularlo, como si la alternativa estuviese entre la Ley Sinde (por ejemplo) y la guerra de todos contra todos. Hacen trampa: la constelación del procomún inventa sus propias formas de autorregulación (como Creative Commons). No autoritarias, sino horizontales, comunitarias, distribuidas. Lo que ocurre es que no tienen apenas amparo institucional, suelen ser invisibilizadas, trabadas por los marcos jurídicos, criminalizadas incluso.

Lo público-estatal sólo puede recuperar su función al servicio de las personas si deja de subordinarse al mercado y apoya los procesos de autoorganización social de lo común. Desde luego no apuntan por ahí los artículos sobre la Ley Sinde y el 15-M con los que se ha ganado los galones el nuevo ministro de Cultura. Otra vez los tópicos sobre la convivencia y la creación cultural en peligro. La torpe equiparación de la propiedad intelectual con la propiedad física y, por tanto, de la copia con el robo. Los clichés denigratorios (“nuevos bárbaros”, “papilla anarco-comunista iletrada”).

El PSOE propuso más de lo mismo y acabó como acabó. En provecho de todos, ¿por qué no atreverse a escuchar, pensar y explorar otras vías?