El 29 de marzo de 1974 tuvo lugar en el Coliseu de Lisboa un concierto a cargo de Amália Rodrigues. Ese día, entre el público estaba Otelo Saraiva de Carvalho, entonces un militar portugués contrario al régimen dictatorial. Otelo llevaba ya un tiempo ideando una revolución que pusiese fin a la dictadura, soñando con la insurrección perfecta, cuando escuchó cómo la conocida reina del fado cantaba una última canción: el Grândola, Vila Morena de Jose Zeca Afonso. Saraiva de Carvalho se fijó sobre todo en uno de los versos del músico portugués: «O povo é quem mais ordena». Qué mejor señal para iniciar la devolución de la soberanía al pueblo, pensó para comenzar a fraguar la senha que, a través de la radio, daría comienzo a la Revolución de los Claveles. El concierto de Amália Rodrigues fue transmitido en directo por el programa Limite de la Radio Renascença, que presentaba Carlos Albino, quien garantizó a Otelo la transmisión de la “senha” en sus ondas.
Casi un mes después, el 24 de abril a las once de la mañana, Albino entra en una conocida librería de la capital portuguesa, la Livraria Opinião, donde adquiere un disco. El álbum en cuestión se llama Cantigas de Maio y entre sus canciones, el Grândola, Vila Morena. El objetivo de Albino no es otro que asegurarse de que, si surge algún imprevisto, tendrá la canción para pincharla al día siguiente, aunque finalmente no fue necesario. Ese mismo día hacia las ocho de la tarde, Albino y su compañero en la radio Manuel Tomás llaman a Leite de Vasconcelos, otro habitual del programa que ese día no tenía que trabajar. El pretexto que le dan Albino y Tomás es la grabación de unos poemas. Con la finalidad de que nadie sospechase, sobre todo los censores, Albino escribe dos textos poéticos: Geografia, que trataba sobre ríos lusos, y Revoluçao solar, que hablaba de planetas y galaxias. Leite de Vasconcelos graba ambos, además de dos canciones de Zeca Afonso: Grândola, Vila Morena y Coro da Primavera. En total, y tras el tratamiento musical de la voz de Vasconcelos por parte de Tomás, el bloque radiofónico dura once minutos, algo habitual en Limite.
Los censores no sospechan nada y el 25 de abril a las doce y veinte de la madrugada, Radio Renascença transmite la senha ideada por Otelo —horas antes, el periodista João Paulo Diniz da paso en Emissores Associados de Lisboa a un primer aviso a través de la canción E depois do adeus, de Paulo de Carvalho—. En Limite se escucha primero el párrafo inicial de Grândola, Vila Morena, luego la canción, después otro párrafo y por último se oye la lectura de Geografia y Revoluçao solar para terminar con la canción Coro da Primavera. Once minutos que suponen el aviso definitivo para que el Movimiento de las Fuerzas Armadas portuguesas inicie la revolución. Once minutos para dotar de sentido el verso de Zeca Afonso: «O povo é quem mais ordena».
Dice el portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, que cuando hablan de sanidad universal no se refieren al «universo mundo» sino a los «españoles y los residentes». El problema es que ahora al PP habrá que interpretarlo, y ya no por el eufemismo sino porque cambian el significado de las cosas. Universal, según la RAE: «1. adj. Perteneciente o relativo al universo. 2. adj. Que comprende o es común a todos en su especie, sin excepción de ninguno. 3. adj. Que lo comprende todo en la especie de que se habla. 4. adj. Que pertenece o se extiende a todo el mundo, a todos los países, a todos los tiempos».
Mientras en Francia Hollande y Sarkozy ladean su política hacia el extremo para conseguir algunos de los votos de Le Pen, en España el Gobierno directamente se zambulle en la xenofobia y porque sí. Y los hay que saltan desde el trampolín más alto, como el consejero de Sanidad y Asuntos Sociales de Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz: «Mucha gente ha cogido una patera porque sabía que en España tenía la asistencia sanitaria garantizada». Añade: «No se trata de restringir los derechos, sino de reciprocidad en las relaciones exteriores. Lo que no puede ser es que a mí me cobren en Francia y en España no se cobre a nadie».
Lo peor de estas declaraciones, además del mensaje en sí mismo, es que tienen lugar en un momento en el que los españoles volvemos a recoger los bártulos para buscarnos la vida en otro lado. Y permítanme el atrevimiento, pero ojalá esa reciprocidad de la que habla Echániz no llegue a producirse.
Dice Maruja Torres que “ahora los guardias nos van a prohibir hasta el beso con lengua en la vía pública”. Y no le falta razón. Si bien aún no hay un capítulo para el ósculo en el Código Penal, la cosa no está asegurada. Resulta que ahora encadenarse o agarrarse unos a otros con los brazos será considerado un atentado contra la autoridad, que es muy casta. La novedad la ha anunciado el secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, que ha dejado claro que a partir de ahora este tipo de actuaciones serán entendidas como resistencia pasiva “grave”. Eso sí, Ulloa ha querido aclarar que se refiere al encadenarse, al agarrarse, al tocarse. Vamos, que ni el “quedarse de brazos cruzados” ni “la huelga de brazos caídos” será considerado atentado. Mientras corra el aire… A mí aquí me entra una duda: ¿se libra del porrazo el que, sin encadenarse, no se mueva?
Mientras, a Rajoy le llena de “orgullo” y “satisfacción” haber sido investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá. “Tiene la templanza para enfrentar los desafíos de la vida pública, alejado de la demagogia y de la falsedad”, aseguró su padrino en el acto, Eloy García, que añadió: “Ha probado que tiene ideas propias, criterios propios, para defender el derecho de todos. El actual presidente del Gobierno de España acredita virtud suficiente para enfrentar y guiar a los españoles en un camino que les permita superar la actual coyuntura”. Y así fue como Rajoy, birrete en cabellera y desde una Universidad, dejó que su ministro de Educación, José Ignacio Wert, anunciase que las tasas de matrícula universitarias podrían aumentar hasta un 50% porque para qué estudiar si basta con ser Rajoy para ser Honoris Causa.
Lo que parece buscar este Gobierno es una huelga permanente de brazos caídos, una quietud constante y obediente hasta la muerte. Por enfermedad o por lo que sea porque, ah, tampoco la sanidad importa, aunque la ministra Mato se atreva a señalar que “no hay cosa que tenga más valor que una medicina que cura enfermedades”. Valor tiene, sí, y más que va a tener.
El Gobierno del PP ha dado el hachazo definitivo al Estado del Bienestar en el cuarto párrafo de una nota de prensa. El Gobierno del PP ha anunciado el recorte de 10.000 millones de euros en un comunicado de 409 palabras sin contar las de su título: «Reunión del presidente del Gobierno con su grupo económico». El Gobierno del PP ha preferido utilizar 139 palabras antes de escribir la cifra del recorte: «10.000 millones de euros». La palabra 136 del comunicado, que precede a ese número, es «ahorro». Ahorro, según la RAE, significa: «1. m. Acción de ahorrar / 2. m. Cosa que se ahorra». Ahorrar, según la RAE, significa: «1. tr. Reservar parte del gasto ordinario / 2. tr. Guardar dinero como previsión para necesidades futuras / 3. tr. Evitar un gasto o consumo mayor». Eufemismo, según la RAE: «Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante».
Pese a que casi todos los medios de comunicación hablan de recorte, el PP no ha usado esa palabra en su nota de prensa. La palabra recortar, según la Fundéu, «se encuentra en los medios como término comodín cuando se quiere dar la idea de reducción o disminución de algo, ya sea material o inmaterial, como en los siguientes ejemplos: Medio Ambiente recorta un 40% el agua para regar, recorte de un parque público para favorecer una urbanización ilegal o Chrysler anuncia un recorte masivo de la plantilla». La Fundéu recomienda no abusar del verbo recortar para no zafarse «de un tijeretazo de otros verbos sinónimos que, según el contexto, serían más precisos, como disminuir, reducir, aminorar, menguar, limitar». La Fundéu no incluye entre los sinónimos ahorrar. La Fundéu, en su explicación, pide no prescindir «de un tijeretazo» de esos verbos sinónimos. Utiliza la palabra tijeretazo como sinónimo de prescindir. Prescindir, según la RAE, significa: «1. intr. Hacer abstracción de alguien o algo, pasarlo en silencio». El Gobierno del PP ha anunciado que prescindirá, de un tijeretazo, de 10.000 millones de euros en Educación y Sanidad. Y lo ha hecho en silencio. Silencio, según la RAE: «1. m. Abstención de hablar».
Tomadura de pelo también aparece, como expresión, en el diccionario; significa «burla». O «chunga».
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Para saber más sobre la neolengua utilizada por el PP: «Neolengua para la era popular», por Ignacio Escolar.
Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social: «La reforma laboral ha sido convalidada por el Congreso de los Diputados, ha tenido un amplio respaldo en esta Cámara, aquí reside la soberanía nacional y ha sido aprobada en el Congreso por 197 diputados y por cuatro fuerzas políticas. Por tanto, es una reforma que ya ha sido aprobada en un primer momento y ha sido convalidada por las Cortes con un amplio respaldo parlamentario. Decirles también que se está tramitando como ley, como proyecto de ley, y reside por tanto en la soberanía nacional, en las Cortes Generales, que es, como ustedes saben muy bien, la casa de la palabra, del diálogo y de la negociación».
Constitución Española, artículo 1: «La soberanía reside en el pueblo. 1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. 2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. 3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria».
Miente que algo queda.
Hace varios años, muchos años, estaba de moda eso de que los reyes contrataran bufones —muchos eran hasta parte de la corte— para verse a sí mismos más humanos. Más mundanos. Hoy reyes como los de entonces no hay, aunque sí queda quien, sin ser monarca, se ve con poder absoluto. Tampoco hay bufones como los que tiempo ha pintó Velázquez, pero sí quien mantiene viva la tradición. Ejemplos de los dos casos hay bastantes, pero para el caso nos valen dos: Gerardo Conde Roa y Leo Bassi. El primero es alcalde de Santiago de Compostela con mayoría absoluta. El segundo, cómico, payaso, clown, bufón al fin y al cabo.
Para llevarle la contraria a la historia, Conde Roa ha preferido cancelar la actuación que Bassi iba a ofrecer en Santiago. De hecho, el bufón le «produce especial repugnancia». «No tengo ningún problema en decir que en Santiago de Compostela Bassi no es una persona que culturalmente nos pueda aportar nada», opina el alcalde. Bassi, con quien nadie se ha puesto en contacto, ha denunciado que la cancelación de su espectáculo «es un ataque a la libertad de expresión y a la elección para el público» ya que el acto «no estaba subvencionado» sino que fue «organizado a taquilla» alquilando sus organizadores el Teatro Municipal de la ciudad.
El bufón, sin embargo y debido a que ya está bastante hecho a este tipo de censuras, no pierde el humor y puede que haya dado con el porqué de la decisión de Conde Roa: no quiere que nadie compita con «sus propuestas culturales». Por otra parte, además de reconocer que si le sucede esto es que algo estará haciendo bien, Bassi ya ha comenzado a buscar «informaciones sobre la relación entre el alcalde de Santiago y el Opus Dei».
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Actualización 19.30: Leo Bassi acaba de anunciar que le han ofrecido otro espacio en Santiago para que pueda representar su espectáculo. Confirmará en unas horas en su Twitter: @bassileo
Yo tengo un amigo que es periodista. Varios, en realidad. Pero tengo uno que no ejerce de lo suyo. Varios, en realidad. Pero este amigo mío está, además, jodido. O por lo menos así me responde a menudo. “¿Cómo estás?”. “Jodido, meu, estoy jodido“, que es una respuesta muy de periodista. Yo con este amigo discutí hace poco acerca de un movimiento periodístico reciente, casi una suerte de concurso: el de buscar el mejor epitafio para el periodismo. O para el, o la, periodista tal y como lo conocemos. Este amigo mío, periodista y jodido, se presentó en mi casa con una carpeta llena de páginas impresas con artículos en los que un surtido grupo de periodistas hablaba de lo mal que va el oficio. Ahí, en el rellano, mi amigo me leyó sin descanso el libro negro del periodismo que él mismo había confeccionado. Como un collage apocalíptico. “¿Y qué?”, le espeté, desestabilizándole. “¿Cómo que y qué, meu? Estamos jodidos, ¿ves?”. Este amigo mío tiene una teoría, o algo así. “Tú eres optimista porque trabajas de esto, meu”, suele decirme después de que yo le acribille con algo de esperanza. “Cuando estés jodido, como yo, a ver si piensas lo mismo”, añade.
Esta semana, llamé a mi amigo para contarle que la empresa editora del periódico del que soy becario desde hace casi un año, este, presentó un concurso de acreedores. “Ya lo siento chaval —dijo—. Ahora sí, también tú estás jodido“. Sé que le va a molestar, pero este artículo —una especie de paréntesis en este blog— no tiene ni una sola pretensión de entrar a formar parte de ese collage negro del periodismo que creó mi amigo; no está escrito con la intención siquiera de presentarse a ese concurso de epitafios. Eduardo Galeano suele definirse a sí mismo como un optimista a tiempo parcial. Cuenta que hay momentos en que la esperanza se cae del bolsillo y uno tiene que salir a buscarla. Es probable que este se trate de uno de esos momentos. Los bolsillos, nunca mejor dicho, se nos han quedado un poco vacíos, y tenemos dos opciones: sentarnos a escribir sobre la falsa muerte de un oficio o, por lo contrario, llevar de vuelta la esperanza al lugar del que nunca se debió haber precipitado.
Este artículo está escrito para mi amigo, periodista y jodido. Que sois varios, en realidad.
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(Seguiré escribiendo en mi blog personal, En contraportada; también podéis encontrarme en Twitter: @hectorjuanatey)
Stéphane M. Grueso. PETER HAPAK
Yo a Stéphane, o @fanetin, o Stéphane M. Grueso, lo conocí, seguro, en la Puerta del Sol. Stéphane, o ese cineasta con ligero sobrepeso —él mismo se define así en este artículo—, ha sido escogido hoy como uno de los representantes de la persona del año por la revista ‘Time’: el manifestante. Los que hemos conocido a Stéphane, que somos muchos y seremos más, supimos nada más ver su fotografía en el prestigioso magazine que diría algo así como “no me lo merezco”. Le restaría importancia, vaya. Y así es. En esta entrevista que le ha hecho otra colega en 20minutos.es, Mirentxu Mariño, o @MirenM, Stéphane se escabulle con un “yo no soy nadie”. “A mí se me ocurre gente mucho más representativa”, insiste. Y es verdad. Si se le preguntase, Stéphane sería capaz de nombrar una a una a todas las personas que ha conocido durante el 15-M y nunca se situaría a su altura. En eso radica su grandeza —aquí Pablo Soto, o @pablomp2p, otro colega quincemayista, agregaría un “en todos los sentidos”—.
Hace un tiempo, el fotoperiodista Daniel Nuevo, o @duendecolorao, nos envió a Stéphane y a mí una fotografía en la que, además de dar ganas de cortarme el pelo, ambos departíamos con uno de los policías que luego haría volar su porra sobre nuestras cabezas. Stéphane usaría esa imagen para resumir su 15-M: “Recibo con sorpresa una fotografía de Daniel Nuevo (sí, @duendecolorao, el joven fotógrafo brutalmente agredido por la policía). Lo primero que me viene a la cabeza es que resume bastante bien lo que he estado haciendo desde el pasado quince de mayo: ir a sitios, observar, hablar con gente y tuitear”. Para Stéphane, ser reconocido como una de las personas del año por la revista ‘Time’ seguramente no tenga importancia. Por si acaso, no estaría de más recordarle que para —y perdonadme el atrevimiento— Patricia o @patrihorrillo, Pablo o @pablomp2p, Jessica o @atemporal, Juanlu o @juanlusanchez, Jonás o @jonascandalija, Lidia o @lidiaucher, Ángel o @angelcalleja, Miren o @MirenM y demás personas de las que me olvido, sí lo es. Aunque solo sea porque nos guiaba al bar gallego de las cañas al grito de “periolistos”.
Hoy habrá un debate electoral, que es una cosa en la que dos personas que se disputan la Presidencia del Gobierno sacan gráficas muy grandes y coloridas y tienen una hora fijada para darse la mano y despedirse. Un debate electoral es una discusión preparada y acordada hasta el último detalle por los partidos políticos que participarán en ella, que no son todos. Por acordar, hasta han decidido el lugar por el que accederá cada uno de los candidatos. El cara a cara será de 21.46 a 23.46 horas y el saludo a eso de las 21.48 horas. El desbarajuste sería máximo y el debate tocaría a su fin si por algún motivo uno de los dos sube al escenario por el lugar equivocado o estrecha su mano a las 21.49 horas. La temperatura del escenario en el que transcurrirá el debate será de 21ºC, no sea que “suden” o se “sientan agobiados”, según dijo la portavoz de la Academia de la TV, Concha García Campoy. Los tiempos serán controlados por dos árbitros de la Federación Española de Baloncesto. Y que no nos extrañe que ahí se piten técnicas, antideportivas y hasta se lancen tiros libres.
El primero en llegar al Palacio de Congresos, allí será el debate, será Rajoy, que entrará diez minutos antes que Rubalcaba, a eso de las 21.03 horas. Atascos mediante, el segundo tendrá que dar vueltas a la manzana hasta completar el tiempo fijado, a riesgo de cometer la primera personal. Los medios técnicos necesarios para emitir el cara a cara, según el realizador, Francisco Navarrete, estarán “duplicados, triplicados y hasta cuadruplicados”, que si no han metido todas las cámaras del país es porque ocupaban el espacio acordado para que subieran los candidatos. Por último, el lugar en el que se situarán, izquierda o derecha —de la mesa—, será escogido lanzando una moneda al aire. Ya sentados, el primero en hablar será Rajoy y el último Rubalcaba. Disfrutarán, eso sí, de un descanso intermedio de doce minutos de reloj de árbitro de baloncesto. Todo ello por tan solo medio millón de euros. Bendita improvisación.
“La calidad del aire de Madrid es la mejor que hemos tenido en la historia”. La frase no es mía, sino de la concejala de Medio Ambiente de Madrid, Ana Botella, que o bien camina mirando al suelo, miente descaradamente o —y esto es más descabellado— en aquel Madrid de carruaje y caballo los equinos contaminaban más que los vehículos a motor.
Yo prefiero ser directo que en estos casos los rodeos solo sirven para caer de espaldas: el aire de Madrid da asco. Así de sencillo. Desde el Ayuntamiento pueden, si quieren, quitar las estaciones de control de contaminación de las zonas más afectadas y situarlas en el parque del Retiro pero eso no va a cambiar nada. Y para ser tópicos, caigamos en el una imagen vale más que mil palabras. Como la concreción es una virtud, todavía podemos cerrar más el cerco y decir que la foto de los candidatos del PP en la lista de Madrid al Congreso y al Senado vale más que mil palabras.
Si tenemos presente la foto y recurrimos a la doctrina Botella, que establece que el “planeta ha de estar al servicio del hombre“, parece que en Madrid no tiene muchas ganas de satisfacer los deseos de aquel que gusta de tener buena salud. Es más que evidente. Del mismo modo que en la catástrofe del Prestige, según Botella, solo hubo un culpable, “el barco”, en Madrid está claro que si hay una capa de mierda cubriendo la ciudad la culpa es del aire, que es un sucio. Y si no cuela aún se puede tirar el balón más lejos y señalar a los mendigos. O peor. Aquí el problema es nuestro, que —y esto tampoco es mío sino de Guillermo Rodríguez— nos ponemos muy exquisitos cuando hay que respirar.
