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No quiero morir un domingo en Río de Janeiro

Por Henrique Mariño Etiquetas: , , , ,
27 nov 2010

La explicación al título de este post —aviso para neófitos y despistados— la tiene Élodie. Los episodios de violencia que desangran Río de Janeiro han motivado que deje para otra ocasión la filmografía de la actriz francesa y opte por unos remedios elaborados en el corazón de la favela para mitigar el tedio y el abatimiento dominical.

Libro. Tropa de Élite (Luiz Eduardo Soares, André Batista y Rodrigo Pimentel; Libros del Lince). ¿Quiénes son esos tipos de negro que suben favela arriba, a la caza de narcos, luciendo un escudo con una calavera atravesada por un machete y dos pistolas? Un ex secretario nacional de Seguridad Pública y, precisamente, dos ex miembros del BOPE escriben a seis manos un libro inspirado en las operaciones especiales del cuerpo de élite de la Policía Militar de Río de Janeiro, un batallón hasta hace unos pocos años incorruptible e incorrupto.

Ensayo. A Prisao (Publifolha, 2002). El abogado criminalista Luís Francisco Carvalho Filho, reflexiona, más allá de la estadística, sobre un sistema carcelario que tiene como teórico y utópico objetivo regenerar a los delincuentes brasileños. En esta entrevista, el autor critica las lamentables condiciones en los presidios, cuna del paulistano Primeiro Comando da Capital y del carioca Comando Vermelho, dueños y señores del crimen organizado en las dos principales ciudades de Brasil.

Filmes y documentales. Inspirado en el citado libro de realidad ficción, Tropa de Élite, llevado al cine por José Padilha en 2007. Superpolis contra traficantes. “Muere o mata”. Litros de glóbulos rojos como los que supuraban los protagonistas de Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002), la otra cara de la moneda cinematográfica, que cedía el protagonismo a los narcos Zé Pequeno y Mané Galinha, enfrentados por el control de las drogas.

Películas realistas alejadas del morro bucólico que sirvió como escenario a Orfeo Negro (Marcel Camus, 1959), una exaltación de la música popular brasileña de la mano de Antonio Carlos Jobim, filmada décadas antes de que la violencia anegase los barrios pobres de la cidade maravilhosa. Una ferocidad reflejada, con más crudeza si cabe, en el caleidoscópico documental Noticias de una guerra particular (Katia Lund y Joao Moreira Salles, 1999) y en Bus 174 (José Padilha, 2002), cuyas imágenes verídicas del secuestro de un autocar en Río serían dramatizadas por Bruno Barreto seis años más tarde en el filme Última parada 174.

Productora. Pax Filmes. El cineasta Paulo Pons y el empresario Alceu Passos se plantearon cómo hacer en Río películas de bajo presupuesto, hasta 40.000 euros, con cámaras digitales. Temática variada y target universal. Cinema vérité carioca, que ya ha dado sus frutos: Vinganza, del propio Pons, una cinta de suspense; Os realizadores, un documental de ficción que satiriza el cine desde dentro; Espiral, una propuesta experimental de humor negro grabada, con dos cámaras, en una sola toma; o Maiores e menores, que presenta a una panda de niños bien que practican sexo en grupo, dentro de coches aparcados en centros comerciales, hasta que alguien los graba y las imágenes son difundidas a través de la red.

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Río de Janeiro, tropa de muerte

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25 nov 2010

“Si nos topamos con un cabrón de esos, que se despida: va derecho a la tumba”. Así se las gasta el Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), el temido cuerpo de la Policía Militar de Río de Janeiro, que no duda en entrar en las favelas como un elefante en una cacharrería para hacer frente a los traficantes de drogas. Primero disparan y luego preguntan, uniformados de negro y con su símbolo bien visible: un cuchillo clavado en una calavera. “Uno mata o muere”, confesó uno de sus agentes en el libro Tropa de Élite, llevado al cine por José Padilha en 2007. “La sangre es un veneno: cuanto más se la derrama, más fertiliza el odio”.

Hoy les ha tocado la favela de Vila Cruzeiro, en el norte de Río, donde los bandidos se han hecho fuertes. Pero, en esta ocasión, han contado con seis tanques blindados [el M113 es un transporte blindado de personal o vehículo blindado de combate] de la Armada como compañeros de viaje. Su misión será despejar el camino a los hombres de negro y poner fin a los ataques y quema de vehículos que han puesto en jaque a la población y a las fuerzas del orden desde el pasado domingo. Son, en total, 150 bopes, 200 miembros de la Policía Civil y 30 fusileros navales con pintura de guerra en sus rostros. Allí les espera el Comando Vermelho.

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Si está interesado en los porqués del estallido de violencia en la cidade maravilhosa, le recomiendo que lea el reportaje: Río de Janeiro, ciudad sin ley.

- Libros, filmes, ensayos y música para entender el conflicto: No quiero morir un domingo.

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Río de Janeiro, ciudad sin ley

Por Henrique Mariño Etiquetas: , , ,
24 nov 2010

La violencia ha vuelto a estallar en las favelas de Río de Janeiro. Todo comenzó el domingo, cuando los narcos atacaron puestos de policía e incendiaron vehículos en represalia por el despliegue de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) y por el traslado de presos a cárceles federales. Desde entonces, la Policía ha contabilizado hasta este jueves 34 muertos en operaciones contra presuntos criminales. La última ha tenido como objetivo Vila Cruzeiro, ocupada por seis tanques de la Armada, que le han abierto el camino a policías, militares y agentes especiales del temido BOPE.

Explicar qué es el cielo y el infierno no resulta fácil, pero hay metáforas que ayudan a hacerlo. Río de Janeiro simboliza ambas cosas. El paraíso está al nivel del mar, que humedece las playas de Ipanema y Copacabana, con sus cuerpazos al sol y sus terrazas donde tomarse una cerveza con colarinho, bien fresca, al ritmo de la samba y los contoneos de la chavalada. No lejos de allí y ajeno a los ojos del turista, el averno ha ocupado los morros (cerros) de la cidade maravilhosa: pobreza, violencia, marginalidad, narcotráfico, fracaso escolar, crimen, esperanza de vida menguante… El mundo al revés: arriba el infierno y abajo el cielo.

La capital turística y cultural de Brasil, donde cada día mueren violentamente unas veinte personas, sin contar a los desaparecidos, albergará el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Muchos habitantes de Chicago, Tokio o Madrid, que aspiraban a llevarse los seis aros a casa, todavía se preguntan cómo es posible que una de las urbes más violentas del planeta albergue un evento semejante. Infraestructuras al margen, Río es una ciudad insegura, con tres mafias que dominan el tráfico de drogas, grupos paramilitares que intentan desplazar a éstas para imponer su propia ley, y una policía violenta, corrupta y de gatillo fácil. Nadie pone en duda el esfuerzo de autoridades políticas y policiales para controlar la situación durante el desarrollo de ambas competiciones deportivas, pero a día de hoy la situación pone los pelos de punta.

Las favelas tienen en Río, a diferencia de las bidonvilles o villas miseria de otras latitudes, una particularidad. Están en las lomas de las montañas. Su nacimiento se remonta a principios del siglo pasado, cuando el Gobierno cedió a algunos militares terrenos en alto en compensación por los servicios prestados en el frente. En aquellas montañas próximas a la costa, que confieren a la ciudad esa belleza característica, capricho de la naturaleza, crecía la planta de la favela. Ésta dio nombre al Morro de la Favela y, con el tiempo, a todas las construcciones de infraviviendas que comenzaron a surgir en las zonas de la ciudad donde el ladrillo de los ricos, blancos de origen europeo, no había llegado. Allí se estableció, y lo sigue haciendo, la población negra y mulata del noreste de Brasil. Inmigración interior y de escasos recursos.

Pobre no significa malhechor

Aunque con el paso de los años también han proliferado los poblados de chabolas en áreas más llanas de la periferia, las zonas nobles de Río, sembradas de riscos, están flanqueadas por barrios humildes. El Hotel Sheraton, por ejemplo, tiene unas maravillosas vistas a la playa de Leblón, pero si al cliente le toca la habitación equivocada se topará con un panorama más modesto: el de la favela de Vidigal. Y, para ahondar en la paradoja, desde el citado arenal la más bella estampa es la que proporcionan los cientos de lucecitas que de noche brotan allá arriba, o sea, en el corazón de la pobreza.

Y pobre, quede claro, no significa malhechor. Buena parte de sus moradores son trabajadores que cobran sueldos míseros y sacan adelante la ciudad. Mano de obra barata que permite tener a varios camareros tras la barra o a un par de chachas en casa. Ellos, en el fondo, son víctimas por partida triple: por no tener un duro y cargar con los trabajos más ingratos, por sufrir la violencia de traficantes y policías, y por tener que cargar con el sambenito de favelados, o sea, los que moran en la favela.

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Emilio José le cambia el nombre a Emilio José

Por Henrique Mariño Etiquetas:
23 nov 2010

Crédito: hangtheguille

- Oye, actúas en Palma.

- ¿Yo…? No.

- Qué sí, que estás anunciado.

- Uhm…

Emilio José, triunfador en el Festival de Benidorm con Soledad, allá por 1973, cuelga el teléfono aturdido. Alguien lo ha llamado para que le confirme que va a actuar en Baleares, pero a él nadie lo ha contratado. Luego, recibe la revista de la AIE y ve que forma parte de los Artistas en Ruta: concierto en Bilbao, en El Puerto de Santa María, en Ponferrada… Algo falla, pero entonces lee la letra pequeña: “El de Apeiron debuta con un CD doble [...]. Se trata de una estampa en la que su autor imagina a Elis Regina, Debussy y Marvin Gaye coincidiendo a principios de otoño de 1987 en un pueblecito de Galicia sin más ocupación que la de dejar escrito un legajo que encontraría Emilio posteriormente. El reto es ese: reinterpretar la partitura con mi desastrosa voz“. Obviamente, concluye el intérprete de Mi barca, se trata de otro Emilio José.

En concreto, hablamos de un chaval de Quins, parroquia de Melón, pueblecito ourensano donde vive Emilio José y otras 1.500 personas más. Lejos de la canción ligera de su tocayo, musicalmente “fusiona modernidad y tradición con acierto, en las que no renuncia al gallego sino que lo acerca a la bossa nova y al rap cuando le apetece predominando la melodía sobre la lengua utilizada”, escribe en La Fonoteca Fernando Fernández Rego.

“En el uso de la retranca y la ironía sus composiciones recuerdan a unos Resentidos pasados por un filtro minimalista. Tampoco se olvida del tropicalismo, en ese sentido también se aproximaría —salvando las distancias, Emilio es mucho más divertido— a El Guincho”, añade el autor del libro 50 Anos de Pop, Rock e Malditismo na Música Galega (Toxosoutos, 2010). O sea: moderneo enxebre, electro-regueifas lo-fi y una nómina de fans que comienza por Julieta Venegas y termina con un par de señoras coruñesas que, a la tercera canción, deciden largarse de un concierto suyo porque ellas habían ido a ver a Emilio José, pero al otro.

Emilio José Soledad se pone en contacto entonces con la AIE (Sociedad de Artistas Intérpretes o Ejecutantes), habla con Luis Cobos y decide telefonear a Spanish Bombs, la agencia que representa al artista. “Ha llamado esta mañana de buen rollo y nos ha explicado que lleva 40 años tocando con su nombre, que está registrado”, relata Carlos Mariño, mánager del ourensano, quien se puso en contacto inmediatamente con el hacedor de Chorando apréndese (Foehn, 2009) para transmitirle la noticia. Emilio José Quins tenía que cambiarse el nombre.

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Vida y muerte de un cerdo español

Por Henrique Mariño
22 nov 2010

“Trae la cámara, mira lo que me he encontrado”. Enfundado en un mono blanco con capucha que lo cubre de la cabeza a los pies, un miembro del equipo de investigación de Igualdad Animal entra en la nave y enciende el foco. Las ratas, encaramadas en los conductos de alimentación que rozan el techo de las instalaciones, se ven sorprendidas por la luz cegadora y huyen a la procura de un refugio de sombra. Al final del pasillo, flanqueado por cubículos donde dormitan decenas de animales, hay un cerdo que yace en el suelo. De su boca mana vómito y sangre. Sus patas, trémulas, trazan una sufrida danza macabra en el aire. El objetivo de Iván plasma la agonía de un puerco enfermo que ha sido apartado del resto y consume sus últimas horas de vida tirado en el cemento, abandonado a su mala suerte.

La atmósfera, espesa y sofocante, se vuelve irrespirable con el paso de los minutos y las mascarillas que portan los activistas apenas camuflan el amoníaco, producto de la mezcla de orina y excrementos, que flota en el ambiente. “Tenemos imágenes que estremecerían a cualquiera”, explica José Valle, portavoz de Igualdad Animal, que ha llevado a cabo una investigación en casi 200 granjas de cerdos españolas. “Y algunas de esas grabaciones, no vayas a creer, han sido realizadas en instalaciones consideradas ejemplares y premiadas por el sector cárnico”. Animales con los intestinos colgando, gorrinos esqueléticos que apenas articulan un gruñido, cochas que se comen a sus crías muertas…

“No dejamos de sorprendernos. En cada granja que entramos nos encontramos con algo que no habíamos visto antes”. En esta ocasión —madrugada de mayo, hacienda toledana—, un buen número de cadáveres acumulados en carretillas y contenedores al aire libre, otros simplemente tendidos en el suelo de las pocilgas, algunos recién paridos y aplastados por sus madres… Y ratas, y cucarachas, y ese aire viciado de dióxido de carbono, ácido sulfhídrico, amoníaco y polvo que torna la estancia asfixiante.

“Vemos también cerdos que devoran a otros y animales trastornados que golpean los barrotes, los muerden y tratan de escapar, por no hablar de los enfermos”, detalla el activista Javier Moreno, que se ha quedado fuera de la granja para ejercer de vigilante mientras sus compañeros documentan las condiciones de vida y muerte en esta granja situada a una hora y media de Madrid. Alba, encargada de tomar fotografías, no puede más y busca un atisbo de aire fresco en un corredor descubierto. “Este olor es repugnante”, se queja, porque hay tufos que ni la costumbre torna soportables.

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No quiero morir un domingo

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21 nov 2010

Élodie Bouchez, pese a tenerla abandonada últimamente, fue durante unos años mi actriz fetiche. Me sirvo del título de Didier Le Pêcheur, un filme sobre la resurrección de una bella durmiente en tiempos de sida y sado, para bautizar esta botica colmada de remedios para mitigar el tedio y el abatimiento dominical. Empiezo con otra película de la actriz francesa —para no repetirme— y sigo con libros, discos, restaurantes y lo que se tercie.

Película. Demasiada carne (Pascal Arnold y Jean-Marc Barr, 2000): una extranjera espabila a un pobre hombre en el profundo sur de Estados Unidos.

Blog. Fauna Mongola: mala leche, mucha razón e ilustraciones a cargo de Cristóbal Fortúnez, bisturí y cánula de tribus urbanas.

Reportaje. The Case of the Vanishing Blonde (Vanity Fair): historión protagonizado por un tenaz detective decidido a resolver una brutal violación en Florida.

Disco. Val del Omar (Sony, 1998): Antonio Arias lleva tres lustros dando la matraca con el cinemista granadino, un visionario olvidado que ahora, MNCARS mediante, parece haber resucitado. Todo o nada. Sea como fuere, si el desagravio vale para conocer la obra de Lagartija Nick —una banda, al igual que su mentor, subestimada e ignorada—, bienvenido sea. Este álbum, segunda colaboración con Enrique Morente, rasca más que su reciente discografía y nos remite a su deriva metalera. De entrada, puede costar, pero no resulta empalagoso a la postre. Como un licor café casero generoso en grados.

Libro. A sangre y fuego (Manuel Chaves Nogales, 1937): radiografía de la Guerra Civil a cargo de uno de los maestros del periodismo español.

Músico. Javi Álvarez (Dúo Cobra, Fluzo, Néboa y un largo etcétera). Rey del maquinillo. Hombre orquesta posmoderno. Sodomizador de Furbies con fines armónicos. Compostelano pintón residente en Barna. ¿Más?

Serie. Treme (HBO): David Simon, guionista de la soberbia The Wire, se sumerge en la vida de los músicos de un barrio de Nueva Orleans afectado por el huracán Katrina.

Restaurante. Gumbo (Pez, 15. Madrid): los platos del chef Matthew Scott son tan auténticos como los personajes de la citada serie. Cocina de Nueva Orleans —jambalaya, tomates verdes fritos, bonito ennegrecido— a un precio razonable: 25/30 euros, sin vino. En la calle Palma ha abierto Gumbo Ya-Ya, igualmente recomendable.

Mamá, ¿por qué Lili habla inglés?

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18 nov 2010

Hay anécdotas que valen más que mil disquisiciones sobre política lingüística. Al hilo del affaire Agustín (Fernández Paz), que ha rechazado el Premio Cultura Galega das Letras en desacuerdo con las medidas en la materia impulsadas por la Xunta de Alberto Núñez Feijóo, me ha venido a la cabeza una escena que pone en evidencia el decreto del gallego, un idioma condenado a la desaparición en las ciudades. Ah, ¿pero existía?

Mis amigos Susana y Carlos tienen una hija encantadora llamada Lili, de origen etíope y cuya lengua es el gallego. Un día cualquiera, Lili jugaba con unos niños de su (corta) edad en A Coruña cuando…

Paréntesis: A Coruña es una urbe donde, pese a la extracción rural de buena parte de sus habitantes, el español es con diferencia el idioma más hablado. Un ejemplo de la esquizofrenia lingüística que sufre Galicia, puesto que muchos de los jóvenes y no tanto que hablan castellano fueron criados por padres y abuelos gallegohablantes que, cuando se establecieron en la ciudad, dejaron atrás el gallego y optaron por el español para desenvolverse en diversos ámbitos de la vida y, sin duda alguna, para educar a sus hijos. No ha ocurrido siempre así, pero basta con darse un paseo por sus calles para comprobarlo: no importa el origen, la formación o la billetera, todo quisque habla español.

Jugaba Lili, decía, con unos chiquillos coruñeses, cuando uno de ellos, incrédulo ante lo que mascullaba la pequeña, preguntó:

— Mamá, ¿por qué Lili habla inglés?

Santiago Sierra vs. Fernández Paz

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17 nov 2010

Cuando Santiago Sierra rechazó el Premio Nacional de Artes Plásticas, los medios españoles se hicieron eco de la última performance del artista. Ayer, el escritor Agustín Fernández Paz rehusó el Premio Cultura Galega das Letras, pero el hecho no mereció la atención de la prensa gallega. Más allá de blogs y redes sociales, apenas un diario parecía conceder importancia en su edición digital al coherente gesto del autor de O único que queda é o amor, merecedor del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2008.

Fernández Paz ya había advertido de su animadversión hacia los galardones que concede la Xunta de Galicia —y que sustituyen a los Premios Nacionais da Cultura, creados por el bipartito— en un manifiesto de la plataforma Prolingua que ponía a caldo al presidente autonómico, Alberto Núñez Feijóo, por “legislar por vez primera” en contra de la lengua gallega.

El literato ha sido congruente porque, como sostiene en el escrito, no quiere que la aceptación del reconocimiento sea utilizada para sancionar políticas que atentan contra la lengua vernácula. La prensa autonómica, interesada en la perra de Santiago Sierra y ducha en descubrir la ascendencia gallega de buena parte de los mortales que protagonizan sus titulares, no.

La bala de D’Alema

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16 nov 2010

Rompió el hielo con un proyectil. Massimo D’Alema era entonces el presidente de Demócratas de Izquierda y un par de años antes había ejercido de primer ministro tras la caída de Romano Prodi. Huelga decir que Berlusconi había retomado el poder (político) en Italia, por lo que la entrevista versaría en buena parte sobre esa figura sin par que, de haber nacido en nuestro país, podría ser el cruce resultante de Mario Conde con Jesús Gil. El hombre que recogió el testigo del eurocomunismo sembrado por Enrico Berlinguer tomó entonces la bala en su mano y, presumiendo al tiempo de su amistad con Yaser Arafat y Abu Mazen, comentó: “La recogí en la iglesia de la Natividad en Belén”. Segunda intifada. El templo, sitiado y sometido a fuego. Siete palestinos muertos.

Hubo dos preguntas aparentemente inocentes que fueron respondidas como procedía. ¿Cómo se explica que los italianos reeligieran a Berlusconi en 2001? ¿Sería hoy quien es si no fuese por Bettino Craxi? D’Alema, lógicamente, dijo que los ciudadanos, hastiados de los políticos, le habían votado porque creían que era la persona justa “para hacer crecer el país y hacer ricos a todos”. También cargó contra el ex primer ministro socialista —quien, enfangado, terminó huyendo a Túnez, donde murió— y, de paso, contra “la derecha democristiana” por ayudar al Cavaliere a trepar mediáticamente.

D’Alema, por supuesto, no entonó en momento alguno el mea culpa, el suyo y el de la izquierda italiana, pero aquellas cuestiones también aludían a su paso por el Gobierno. La coalición progresista tenía la obligación, tras la derrota de Berlusconi en 1996, de cercenar las anomalías y malformaciones que suponían, además de los problemas con la Justicia del líder de Forza Italia, el conflicto de intereses, el monopolio audiovisual y la concentración de medios.

Parecería ingenuo pensar que la izquierda simplemente subestimó a Berlusconi (así fue: ganaría dos elecciones más y, a estas alturas, ha encabezado cuatro gobiernos) y todavía hoy resulta sorprendente cómo El Olivo no ejerció su responsabilidad, aplicó las leyes existentes y sacó adelante otras que ayudasen a poner en su sitio al Cavaliere, herido de muerte en la enfermería de una plaza de toros portátil. Con los jueces encima, sus empresas necesitadas de créditos y la obligación a la vista de tener que desprenderse de alguna de sus televisiones, Berlusconi recibió la providencial asistencia del primer ex líder comunista que gobernó un estado de Europa Occidental.

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La pesada de BB

Por Henrique Mariño Etiquetas:
15 nov 2010

Rodaba Berlanga en Benicàssim Novio a la vista —que pudo llamarse Quince añitos o Loli se viste de mujer, pero no— cuando en medio del set se le apareció Brigitte Bardot, una jovenzuela de infarto con ganas de cámara, para pedirle un papelito en la comedia. La francesa, que estaba de vacaciones con sus padres precisamente en el hotel donde se estaba filmando la película, había tenido que ser escoltada desde la playa por dos guardias civiles y sus respectivos mosquetones nada más presentarse en la arena embutida en un bikini rojo. Berlanga le respondió que no, pese a la insistencia de la posadolescente. “Quitadme a esa pesada de encima”, dice Manuel Vicent que dijo el director de Plácido. Corría el año 1953 y el valenciano no confesó entonces el motivo de la negativa: “La cámara iría detrás de ella”. Apenas un par de años después, Roger Vadim la lanzaría al estrellato con Y dios creó a la mujer.