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Así gasean a los visones en las granjas peleteras

Por Henrique Mariño
29 mar 2011

Igualdad Animal ya había documentado la matanza de visones en España en anteriores investigaciones, reflejando sus condiciones de vida desde el nacimiento hasta el despelleje. Faltaba mostrar cómo eran gaseados: el momento en que los animales son introducidos en cámaras y sometidos a los gases del tubo de escape de un tractor o, como en esta ocasión, de una bombona. Su muerte por inhalación de monóxido o dióxido de carbono es, según la organización, “dolorosa y agónica”, ya que provoca “edemas y hemorragias en los pulmones mientras están todavía conscientes”. La grabación, realizada con cámaras ocultas y de alta definición, tuvo lugar el pasado 24 de marzo en una granja de Galicia, la región que concentra la mayor parte de este tipo de instalaciones. Más información.

 

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Toro Jubilo de Medinaceli, tortura de fuego

Por Henrique Mariño
22 mar 2011

 

Mañana, miembros del Pacma entregarán al consejero de Interior y Justicia de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, más de 40.000 firmas —un 10% recogidas en España, el resto a través de la Humane Society International— por la abolición del Toro Jubilo de Medinaceli, orgía de sangre y fuego que cada noviembre se celebra en la localidad soriana. Todas las palabras que podrían ser escritas a continuación sobre este toro de fuego o toro embolado están contenidas en el siguiente vídeo, grabado en noviembre.

 

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Tapad la mierda, esconded el tabaco

Por Henrique Mariño Etiquetas:
09 mar 2011

Al igual que la limpia de prostitutas, vagos y maleantes cuando los grandes fastos, David Cameron ha materializado la idea laborista de prohibir la exposición al público de las cajetillas de tabaco en las tiendas británicas. El premier, mientras levanta con una mano la alfombra para esconder la mierda —o sea, el tabaco—, anuncia con la otra que someterá a consulta la propuesta de obligar a las tabaqueras a retirar sus logos del envase, rollo marca blanca, cuando lo que mola es el triángulo de Marlboro, el círculo de Lucky y las paridas varias que nos ofrece la cajetilla de Camel, con sus pirámides, el camello, la corrida y el tipo meón mimetizado en la pata del bicho.

A mí, que llevo dos meses sin fumar, me resultan bastante estúpidas estas iniciativas consistentes en esconder el pezón, la mugre o la joroba, cuando todos sabemos que alrededor de la areola orbita una mama, que al término de la visita de la concejala de Medio Ambiente el parque de turno volverá a estar hecho unos zorros y que debajo del mostrador está la nicotina, por mucho que el paquistaní del newsagent se empeñe en esconderla por orden del primer ministro tory.

Más pena me da ese ojos que no ven aplicado a las prostitutas que habitan la cara B del downtown de las ciudades, exbarrio —qué fea la coyuntura— chino cuya fauna, también surtida de camellos, se resiste a los embates de la gentrificación; y a los homeless, desplazados igual que ellas a otras latitudes, donde no pueden ser olidos ni tocados, cuando cae visita papal o principesca, por poner un caso. También ocurre que esa pretendida e impuesta ceguera se da, a veces, en el ámbito doméstico (aquí, cada loco, con su tema). Entonces los malabares para tratar de ocultar lo evidente sí que son de traca. Y la doble moral, triple.
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Volver á casa

Por Henrique Mariño
04 mar 2011

Como cando chegou o teléfono ás parroquias e os vellos, que nunca tal cousa viran, collían o aparato sonante e dicían por vez primeira, sen frases feitas e con gran lóxica, ¿quen fala?, agora os espectadores, chantados ante o autor destes cadros, poderían preguntarse: ¿quen pinta?

Cun pé sumido na terra e un ollo perdido na vangarda, Manuel Pazos (Carballo, 1979) amosou desde ben cedo maneiras renacentistas e dotes para as belas artes. Fillo da cultura televisiva por unha cuestión xeracional, cerebro, corazón e man débenlle moito a un sinfín de referentes que van do poeta Lois Pereiro ata o pintor Pedro Cano, mestre a quen lle adebeda o seu interese pola acuarela, coa que leva anos traballando.

Curioso, porque nesta mostra, precisamente, manda o acrílico e a técnica mixta, coa introducción de xeles e cargas coas que pretende darlle a esos polbos a elasticidade, a textura, a cor e o brillo cos que se atopou na lonxa de Malpica, onde ten discorrido os veráns da súa adolescencia. Logo, instalado xa en Madrid, viría o smog, a moitedume, o tráfego, a fugacidade e o anonimato, ós que lle faría fronte suxeito a un pedestal enxebre e humano: a raíz contra a metrópole, ou enraizado na metrópole, ou metropolitano de raíz.

Así, canda os seus octopus vulgaris (O.V.) e os peixes veciños de rula, o pintor presenta unha serie de cadros da Gran Vía (G.V.), a rúa que abriu a Madrid coma un porco e fixo dela unha cidade moderna, hoxe sementada de almas en máis pena que gloria, autómatas transeúntes guiados polo bip bip dos semáforos. Unha escolma das súas últimas pezas que din moito deste creador poliédrico, versátil e disperso, difícilmente enmarcable nunha disciplina, nunha técnica, nunha temática.

Iso si, pese á súa cultura pop, ó gusto pola imaxe en movimento e á benvida ás novas tecnoloxías, Pazos resulta un artista clásico, aínda que xogue, como acontece coa masa viscosa e sexual dos polbos, a situar a súa pintura no límite do figurativo, nun intento de mergullar o espectador, confundido na primeira ollada, na aparente abstracción das entrañas do mar. Como se iso que contén a caixa fose a casqueira informe do océano e non o produto que dignificará as nosas mesas cun chisco de sal gordo, unha pisca de pementón e un chorriño de aceite. Figúrense.

Manuel Pazos: O.V.+G.V. Ata o 3 de abril. Pazo da Cultura de Carballo (A Coruña)

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Feijóo vende el cine gallego por 300 monedas de euro

Por Henrique Mariño Etiquetas: , ,
01 mar 2011

Cuando se produce un cambio de gobierno, el electrizante suelo de las redacciones de los medios de comunicación públicos tiembla. El baile de caras, por ordinario y frecuente, parece lógico, natural: poco importa que el que salga sea un profesional como la copa de un pino y el que entre, un inepto, un sobrino.

Así, rostros significados y que se han significado, cartas marcadas, tienen las puertas de su despacho, de su estudio o de su plató entreabiertas desde que comienza el recuento electoral. Luego, una noche insomne, enciendes la radio y no reconoces la voz. O te echas el tenedor a la boca y sientes un escalofrío ferruginoso y extraño por haber sentado a tu mesa a una señora forastera que no para de soltar noticias por la suya. Pero bueno, sigues ahí, plantado en el dial, dejando en paz el mando de la tele, porque crees que terminarás acostumbrándote, al igual que lo hiciste con el nuevo médico de cabecera.

Lo que importa, piensas, es que te cuenten que están arrasando la Amazonia para plantar soja o que a continuación vas a escuchar lo último de Femi Kuti. Te quedas con el etanol y con el subidón de afrobeat. Te olvidas del gesto amable o del tic desasosegante de antaño, de la dicción nasal o cazallera que mullía el vacío entre canción y canción.

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