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Allariz, Allariz

Por Henrique Mariño
22 abr 2011

Jaime y Ana están de boda en Galicia. Me llaman, maravillados, desde Allariz, en su día municipio piloto del Bloque, cuando Quin. Rescato, para enviárselo, un breve artículo para Viajes de El Mundo (me atribuyo el texto, no la “Galicia profunda” del título) de hace ya diez años, lo que me hace pensar en la fugacidad del tiempo —de lo que, precisamente, trata la pieza— y en la quinta marcha a la que va el mundo este, así nos pegamos hostias. En cambio, no encuentro un reportaje que escribí en 1999 en otro suplemento del diario madrileño, Crónica (observo que su hemeroteca arranca un año después, claro), con el que sin embargo me he topado en la web de la biblioteca de la Complutense, qué raro. Tiene mucho dato y mucha cifra, como le gusta a Mellado. Dado que es ilegible, ahí va:


Cuando Anxo Quintana se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en alcalde de Allariz. Corría el año 1989 y su villa atravesaba por una situación kafkiana. Tres alcaldes populares en dos años, un presupuesto irrisorio de 82 millones de pesetas, 3.000 hectáreas de monte pasto del fuego, un río Arnoia fétido y sus gentes, desencantadas, en el exilio de la emigración. Manifestaciones, encierros y motines populares acarrearon la dimisión del equipo de gobierno, del Partido Popular. Los suplentes, entonces, nombraron regidor al candidato del Bloque Nacionalista Galego. Comenzaba la metamorfosis de Quin.

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El zapateado de Beiras

Por Henrique Mariño Etiquetas: , , , ,
14 abr 2011

Ecos del último rugido celta. El otrora portavoz nacional del Bloque —cuando la gente se preguntaba: ¿qué significará eso de portavoz nacional?— vuelve a descalzarse. Entonces, en plena resaca posolímpica y cartuja, recién bautizado el Pelegrín, la primera mascota macabra, Beiras se quitó el zapato y le sacó lustre al escaño a lo Khrushchev, o Jruschov, o Khrushchev, o Kruschov, o Krusev, o Khrushchov, o Kruschev: Nikita, el ruso. Protestaba por algo, qué mas da qué: era antes del despegue y había que tomar cuerpo en un Parlamento gallego dominado por las huestes conservadoras de Don Manuel.

- ¿El nieto de Fraga?

- No, el de siempre.

Beiras, decía, agarró el zapatófono y le puso un cable a la bancada del PP y, de paso, a la parroquia votante, que ya empezaba a dar crédito a aquel dandi bobo —de bourgeois, de bohemian— que años antes había escrito la biblia económica del nacionalismo gallego, O atraso económico da Galiza, donde recogía el testigo ideológico del Sempre en Galiza de Castelao y esquivaba la aureola romántica del corajoso emigrante aferrado a su hatillo para condenar la vulneración del derecho de un individuo a desarrollarse en su propia tierra, sin necesidad de tener que recorrer mundo para ganarse las habichuelas.

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Seis y medio

Por Henrique Mariño
14 abr 2011

Amsterdam: bicicletas y zapatos de tacón de seis y medio.

Gallardón, desahucie de una vez a los homeless

Por Henrique Mariño Etiquetas:
13 abr 2011

En Taiwán no hay mendigos en la calle. Al menos, hasta lo que alcanzan mis ojos, tampoco veo manos extendidas pidiendo limosna. Es una cuestión de honor, o tal vez debería decir de deshonra. El orgullo lleva a los más desfavorecidos a buscarse la vida como sea, antes de claudicar ante la caridad ajena, comentan los indígenas de los indigentes. Así que, mayormente, los homeless están ahí porque quieren, por ello hay quien los cataloga como asociales o antisociales, que no es lo mismo, pero parecido.

Esa vergüenza que sienten los potenciales pedigüeños taiwaneses debe de ser parecida a la que profesa Alberto Ruiz Gallardón, que es un señor muy aseado y parco que preside el salón de plenos del Ayuntamiento de Madrid, en el centro de España, donde él tiende a situarse ante la espantá centrífuga de sus compañeros del Partido Popular, que tiene nombre como chino —el partido del pueblo— pero es muy español.

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Abre la puerta, habla con ella

Por Henrique Mariño
12 abr 2011

Cuando un hombre le abre la puerta a una mujer en España, podría interpretarse como un gesto machista en función del momento, el lugar, las circunstancias y, sobre todo, las personas que franquean, antes o después, la misma. Yo, si se tercia, le cedo el paso a una chica, o no, pero también a Carlo Zola, por poner a un amigo, con tanta naturalidad como entro en su blog, Ciudadano gaditano, que me sirve para tomarle la temperatura cultural y política a Cádiz, tan cercana y, paradójicamente, a desmano.

Hablando de la explosión: el otro día, el dueño de la Taberna de Antonio Sánchez, la más vieja de Madrid, la de los tres siglos, el simpático y afable Francisco Cíes, enciclopedia andante del toreo con nombre de archipiélago, me juraba y perjuraba que la causa de la muerte de Manolete había sido ese hongo de pólvora que reventó los tímpanos de la Tacita de Plata y se llevó a tanta buena gente por delante. Ríos de tinta corrieron por su triángulo de Scarpa –que si el torrente de plasma, que si la sangre imposible–, pero Francisco, que antes de tabernero fue, como atestigua el cartel, el Niño del Matadero, dice que ni sangre había, que se la había tragado toda el boquete del polvorín de la Armada y los maltrechos gaditanos, que murieron a docenas y malvivieron a miles.

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Tren bala

Por Henrique Mariño
08 abr 2011

China para un venusino es como la santísima trinidad para un infante: ¿cómo es eso de que en una quepan tres? Así sea, padre, hijo y espíritu santo –o, lo que es lo mismo, China, Taiwán y, por cerrar el círculo, Hong Kong– son una sola cosa, aunque unos invoquen a Dios en sus plegarias y otros a Cristo en sus blasfemias, o viceversa. Lo del espíritu santo, al igual que sucede con la ex colonia británica, ya es más jodido de explicar.

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Jet lag

Por Henrique Mariño
07 abr 2011

Desde que Chiang Kai-shek puso un pie en Taiwán tras caer derrotado ante las tropas comunistas de Mao Zedong, siempre pensó en volver a la China continental. El líder del Kuomitang sufría de jet lag, un desequilibrio que ni su propia muerte consiguió arreglar; y, así, todavía hoy su cuerpo reside en una tumba provisional, a la espera de ser enterrado como es debido en Xikou, su pueblo natal, al otro lado del charco, como él quería. A veces, la morriña es tan terca que no duda en volar al más allá en business, al igual que los europarlamentarios.

Como él, un millón y medio de chinos nacionalistas llegados a la fermosa isla de Formosa a partir de 1949 siguieron anidando el feliz retorno añorado por su líder, que pretendía reorganizar a los suyos para concederse la revancha y posterior victoria en un segundo asalto que, ahora ya lo sabemos, nunca llegó. Esa sensación de estar en tránsito, tan surrealista como el tiempo que marcan las agujas de un reloj derretido, a lo Jean Rochefort en Tombés du ciel, la padecieron también los taiwaneses de última hornada (antes, el obrador insular ya había dado forma a japoneses, españoles, holandeses, más chinos y, en origen, malayo-polinesios).

No lo sabemos por sus camposantos, sino por las fincas de los vivos: Taipei, capital de la República de China –la otra, para no liarnos, es la Popular–, está sembrada de una arquitectura propia del desarrollismo español de los sesenta, encarnada en esos edificios populares, feos y, con los años, venidos a menos, cuales casas baratas. Lo mismo: no eran para quedarse: son hogares transitorios.

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En tránsito

Por Henrique Mariño
06 abr 2011

Nos ha tragado la niebla y, de repente, el agua, los riscos, el asfalto. Escupidos a la moqueta tan británica del aeropuerto de Hong Kong, seguimos la línea, como un titubeante rebaño sin pastor ni soniquete sobre el río Kwai. Computadores con conexión a internet gratuita a cada paso y, entre uno y otro, clubes de fumadores sin complejos allí plantados por autoridades carentes de prejuicios. En España eran pasables, la zona habilitada en Heathrow era una cochiquera para castigar al vicioso con el hacinamiento y el humazo reconcentrado. Aquí, confortables asientos, máquinas de bebidas y snacks, mesas para apoyar el refrigerio, el codo, el cigarro. Y una luz tenue que, si bien confiere al lugar un regusto de tapadillo, le otorga la discreción justa, el color de la madera noble, la ahumada gafa de sol tras la que culebrea la nicotina. No entro. Ya he sido malo, pero hizo falta más oscuridad y el empuje del licor café, que tiene el color de la noche cerrada.

***

Te acuestas rendido tras 24 horas de viaje y, nada más levantarte y encender el ordenador, desayunas con la triste noticia de que el millonario comunista, o el comunista millonario, ha dejado tirados a 40 periodistas. Alberto es carne de trinchera, pero hace unos días me decía que lo que le apetecía ahora mismo era, precisamente, habitar en el otro lado, vivir el ambiente de una redacción. Mi abrazo sentido. Que no se calle La Voz de la Calle.

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Las granjas de visones, desde dentro

Por Henrique Mariño
05 abr 2011

José Luis Calviño ha trabajado más de 16 años en granjas de visones. Él ilustra con palabras lo que Igualdad Animal ya había contado con imágenes. Duro.

 

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Señor Aznar, hasta Rajoy puede ser gallego

Por Henrique Mariño Etiquetas: , , ,
01 abr 2011

Lo bueno de los gallegos es que Rajoy también puede serlo. Ya lo había escrito Castelao: el habanero vuelve a casa con un crío a cuestas, que crece en Galicia, desanda sus pasos para emigrar a Cuba y, a la postre, termina retornando, al igual que el emigrante que lo trajo, por aquello de la morriña. Rosa Díez, si ella quisiese, también podría ser gallega y, sin proponérselo, hasta prima de Gloria Lago. José Montilla —o Josep, nunca se sabe—, igual. Aznar ya lo tiene más chungo, por mucho que se empeñase en blandir el concepto integrador plasmado por Castelao en Sempre en Galiza.

El ex aprecia a Rajoy y cree que podría gobernar España con buen criterio pese a ser gallego, nadie es perfecto. También lo era Franco —Francisco, no Battiato— y terminó como jefe, ejecutivo y ejecutor, del Estado. Y Portela Valladares y Casares Quiroga, presidentes del Consejo de Ministros durante la Segunda República, antes del golpe. Está claro que unos bajaron para que otro subiese, por eso que lo de la escalera, por mucho que se esfuerce el marido de la concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, no siempre funciona.

Pedro J se lo llevó a su tele, y allí le preguntó por el certificado de autenticidad del “cliché” de “indeciso y poco resolutivo” que le atribuyó al presidente del PP. “No, no. Sinceramente, yo creo que él tiene una gran experiencia y una muy buena capacidad de resolución”, respondió Aznar. “Lo que pasa es que tiene su personalidad, su estilo, su modo de ver las cosas, su modo de actuar, su origen gallego y su ejercicio de gallego”.

¿Qué es eso de gallego, de ser gallego? (leer más…)