El 15-M y los 25 días de acampada en Sol

Por Henrique Mariño Etiquetas: ,
17 jun 2011

Me he echado el cobertor a las piernas como quien apaga una hoguera con un capote de bencina. Mes de San Juan en Madrid y, como cantaba Josele Santiago en La vida mata, ¿por qué estoy frío si hoy hace calor?

Acabo de ver el documental de Adriano Morán sobre la acampada en Sol y, por momentos, se me ha puesto la carne de gallina, que diría Román, el abuelo de la revolución. Ahora, con el vello encrespado, no acierto a ilustrarlo con palabras. Mejor véanlo, y uso el singular porque, aunque son nueve vídeos, resultan un único filme.

No voy a lisonjearlo porque es innecesario y redundante: las imágenes hablan por sí solas; y porque, además de colega, Adriano también es amigo. Cuando cerraron ADN.es, donde fuimos felices, la empresa nos dio un finiquito que, pese a haber jugado a las damas con nosotros e intentar comernos las fichas de dos en dos, abultaba más de lo debido y adeudado: con el cheque, adjunta, venía la amistad del Jabalí y la de tantos otros y otras, como dicen en S@l: Matthieu, Elena, Iñigo, Martas, Xurxo, Josefa, Tesouro, David, Javi, Pedro, Valiño, Antonios, Comas, BragadoTimonelSanchezdeCastro, Carmen, Cía, Miguel, Luis, Isabel, Gustavo, Arri, Única, Érika, Txema, Natalia, Pablo, Lucía (valga la redundancia), Duaso, Fernando, Núria, Beriain y Caro –que suena a pareja de ocurrentes cineastas franceses, aunque son de Artajona y Sevilla– y todos los que faltan, aunque no me olvido, pero son casi las seis de la mañaña y Elena ya se encargó en su día de ponernos a todos a buen recaudo, Barcelona, jefatura y techies, incluidos.

Podría parecer que me estoy despistando, cosa habitual, pero no. Aquello, aunque nos dijeron que era un nuevo medio, un curro más, resultó ser un acertado experimento con personas humanas –y no me repito–. Aunque también sacamos tiempo, entre plátano y plátano, para trabajar, siempre y cuando las pizzas de Fogonazos, los cafés de Varela, el puño de Urquialacarra, las canastas del Bierzo, los puritos de Pedro o las canas de Jim Jarmusch lo permitían.

Ahí empezó Adriano con sus vídeos, respaldado por un equipo (Pablo, Tesouro y Diana, en casa; Sergio y David, allende los mares) que comenzó a marcar el ritmo del multimedia digital en este país –si cae por aquí algún internauta de Jundiaí, me refiero a España, España–. De aquellos polvos, estos lodos: #acampadasol. Historia de una ciudad, ahora, pero antes El mundo en tres sentidos. Por poner sólo dos ejemplos, vaya, que me pongo a enumerar y no paro.

¿Crisis del periodismo?, leo y escucho, pero en cambio no lo veo, al menos cuando asisto al documental que nos ocupa. Creo que deberíamos hablar de una crisis del sector, empresarial y de formato, pero no de esta bella y perra profesión que nos roba el sueño y nos arranca de nuestras mujeres, de vuestros hombres. Tendríamos que referirnos a la sangría de las redacciones, al ninguneo que sufren los heroicos freelancers y a la precarización del trabajo, que termina minando el esfuerzo, eso que llaman producto.

Entonces, cuando le doy al play e, instantes después, siento la necesidad de rozarme, percibo que no es arrobo sino ilusión, esperanza, casi fe. Adriano, cuando salgas a la calle, cúbrete las espaldas: hay cientos de plumillas que te vaciarían las cuencas para poder permitirse el lujo de poner su objetivo en tus ojos.

Y gracias.

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