Vivir por encima de nuestras posibilidades
No he vivido por encima de mis posibilidades. Sin embargo, en la cucharada de ricino va implícita que todos debemos pagar los platos rotos por habernos agenciado un piso, comprado un coche y reservado un viaje a Bora Bora. Lo proclaman a la derecha y a la —es un decir— izquierda, como si no existiese más realidad que la de los nuevos ricos y los flamantes ilusos, hipotecados hasta el tuétano y sin pasta para comprarse el disfraz de ninja de Leopoldo Abadía: no job, no income, no assets.
No es verdad que todos hayamos adquirido un apartamento en San Chinarro o un adosado en Bertamiráns. Ni que cambiásemos el Golf por el Mini Cooper, porque, para empezar, ni Chapela, ni Arturo ni yo tenemos carné de conducir. Y si por vacaciones entendemos una cena con Jabois y un concierto de Nacho Vegas en San Vicente do Mar, el plan vacacional nos ha salido a precio. Que no cuela. Nos desangramos con la cornada de la especulación, hayamos jugado al Monopoly o no. La crisis la termina sufriendo cada uno de nosotros, en carne propia o ajena, eso que llaman daños colaterales.
_________________________________________________________________________
También estoy en Twitter y Facebook






