Diez de las mejores series que no debe perderse

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Aprovechando que se acerca el otoño y el Pisuerga pasa por Valladolid, he aquí unos cuantos remedios catódicos para mitigar el tedio y el abatimiento dominical. Va de series televisivas y su orden es aleatorio. Primera entrega: la próxima semana, más.

Homeland. Papá ha vuelto a casa después de pasar ocho años secuestrado por Al Qaeda y tal vez se haya convertido en un hijo de puta.

House of Cards. Un congresista demócrata rompe la cuarta pared y nos confiesa sus perradas para medrar en la política estadounidense.

Wallander. Noir sueco de carácter introspectivo y con tendencia a la depresión.

Breaking Bad. Un profesor de química frustrado se convierte en el mayor cocinero de meta del estado de Nuevo México después de que le diagnostiquen un cáncer.

Black Mirror. Si tuitea cuando ve la tele, hace fotos con el móvil en los conciertos o whatsappea mientras charla con un amigo, ésta es su serie. O todo lo contrario.

Mad Men. Don Draper es un publicista triunfador que se lleva de calle a todos los clientes, mujeres y vendedores de gomina del Nueva York de los sesenta.

The Walking Dead. Soy poli, salgo del coma y todo dios se ha vuelto zombie.

Justified. Un alguacil de gatillo fácil y sombrero de ala ancha se ve forzado a regresar a su Kentucky natal, donde tiene que lidiar con una fauna white trash de mucho cuidado.

Y dos placeres culpables para terminar…

True Blood. Ninfas, metamorfos y lobisones cajunes, en un baile de vampiros erotómanos.

Perdidos. Un avión se estrella en una isla donde pasan cosas raras. El gran culebrón pop.

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