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El mourinhismo y la tercera España

Por Henrique Mariño
17 dic 2011

Los medios de comunicación renquean, pero los que usan el gallego están heridos de muerte o han pasado a mejor vida, caso de Vieiros o Xornal. Los que subsisten y los que, felizmente, están por venir creen que es necesario supervitaminarse y mineralizarse, que diría Super Ratón. De ahí la campaña emprendida por diez cabeceras, Vitaminas para o Galego, para que la lengua propia –presente en la calle, secundaria en el sector– tenga un reflejo en diarios, revistas y webs. Larga vida.

A Tempos Novos, Galicia Confidencial o Praza Pública habría que sumarles iniciativas independientes de periodistas que, robándole horas al calendario, más allá de sus quehaceres laborales, labran con cariño proyectos de los que difícilmente sacarán provecho económico y que tienen por objetivo dar a conocer la cultura del país. Letra en obras, desde la humildad, promueve a los nuevos autores que se expresan en lengua gallega, poetas y escritores que dan a conocer su obra más allá de los canales institucionales.

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Fearless West Indian Woman

Por Henrique Mariño
09 ago 2011

Cuando el periodista del Telegraph Matthew Moore quiso preguntarle el nombre, la noche se la había llevado. ¿Quién era esa bizarra mujer que le plantaba cara, en medio de la revuelta, a los asaltantes?, debió de preguntarse tras grabar su cuerdo speech en vídeo, y la bautizó como Fearless West Indian Woman.

La mujer sin miedo había modelado con su alegato la llama, el pasamontañas y el vidrio roto, como un alfarero que ideologiza el barro. “Desengañaos, negros, desengañaos. Si estamos luchando por una causa, luchemos por una jodida causa”, bramó en medio de la calle. Y la frase tradujo la revolución por pillaje.

“La mujer de la tienda trabaja duro para que su negocio funcione y vosotros, gamberros, queréis quemarla. ¿Y para qué? ¿Sólo para decir que estáis en guerra y que sois malos?, comenzó a increparles a voz en grito. “Esto va de un puto tío que fue tiroteado en Tottenham, no se trata de salir a la calle a divertirse y montar bronca”.

Entonces, la mujer sin miedo enhebró, como en una pesadilla de Luther King, la sombra de la segregación racial, el hermanamiento de los pueblos, los ultras del fondo sur y el pop de andar por casa. “Me avergüenzo de ser una vecina de Hackney, porque no nos estamos juntando para luchar por una causa, estamos destrozando Foot Locker”.

Ni mil porras de los bobbies.

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Feijóo vende el cine gallego por 300 monedas de euro

Por Henrique Mariño Etiquetas: , ,
01 mar 2011

Cuando se produce un cambio de gobierno, el electrizante suelo de las redacciones de los medios de comunicación públicos tiembla. El baile de caras, por ordinario y frecuente, parece lógico, natural: poco importa que el que salga sea un profesional como la copa de un pino y el que entre, un inepto, un sobrino.

Así, rostros significados y que se han significado, cartas marcadas, tienen las puertas de su despacho, de su estudio o de su plató entreabiertas desde que comienza el recuento electoral. Luego, una noche insomne, enciendes la radio y no reconoces la voz. O te echas el tenedor a la boca y sientes un escalofrío ferruginoso y extraño por haber sentado a tu mesa a una señora forastera que no para de soltar noticias por la suya. Pero bueno, sigues ahí, plantado en el dial, dejando en paz el mando de la tele, porque crees que terminarás acostumbrándote, al igual que lo hiciste con el nuevo médico de cabecera.

Lo que importa, piensas, es que te cuenten que están arrasando la Amazonia para plantar soja o que a continuación vas a escuchar lo último de Femi Kuti. Te quedas con el etanol y con el subidón de afrobeat. Te olvidas del gesto amable o del tic desasosegante de antaño, de la dicción nasal o cazallera que mullía el vacío entre canción y canción.

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No quiero morir un domingo

Por Henrique Mariño Etiquetas: , ,
21 nov 2010

Élodie Bouchez, pese a tenerla abandonada últimamente, fue durante unos años mi actriz fetiche. Me sirvo del título de Didier Le Pêcheur, un filme sobre la resurrección de una bella durmiente en tiempos de sida y sado, para bautizar esta botica colmada de remedios para mitigar el tedio y el abatimiento dominical. Empiezo con otra película de la actriz francesa —para no repetirme— y sigo con libros, discos, restaurantes y lo que se tercie.

Película. Demasiada carne (Pascal Arnold y Jean-Marc Barr, 2000): una extranjera espabila a un pobre hombre en el profundo sur de Estados Unidos.

Blog. Fauna Mongola: mala leche, mucha razón e ilustraciones a cargo de Cristóbal Fortúnez, bisturí y cánula de tribus urbanas.

Reportaje. The Case of the Vanishing Blonde (Vanity Fair): historión protagonizado por un tenaz detective decidido a resolver una brutal violación en Florida.

Disco. Val del Omar (Sony, 1998): Antonio Arias lleva tres lustros dando la matraca con el cinemista granadino, un visionario olvidado que ahora, MNCARS mediante, parece haber resucitado. Todo o nada. Sea como fuere, si el desagravio vale para conocer la obra de Lagartija Nick —una banda, al igual que su mentor, subestimada e ignorada—, bienvenido sea. Este álbum, segunda colaboración con Enrique Morente, rasca más que su reciente discografía y nos remite a su deriva metalera. De entrada, puede costar, pero no resulta empalagoso a la postre. Como un licor café casero generoso en grados.

Libro. A sangre y fuego (Manuel Chaves Nogales, 1937): radiografía de la Guerra Civil a cargo de uno de los maestros del periodismo español.

Músico. Javi Álvarez (Dúo Cobra, Fluzo, Néboa y un largo etcétera). Rey del maquinillo. Hombre orquesta posmoderno. Sodomizador de Furbies con fines armónicos. Compostelano pintón residente en Barna. ¿Más?

Serie. Treme (HBO): David Simon, guionista de la soberbia The Wire, se sumerge en la vida de los músicos de un barrio de Nueva Orleans afectado por el huracán Katrina.

Restaurante. Gumbo (Pez, 15. Madrid): los platos del chef Matthew Scott son tan auténticos como los personajes de la citada serie. Cocina de Nueva Orleans —jambalaya, tomates verdes fritos, bonito ennegrecido— a un precio razonable: 25/30 euros, sin vino. En la calle Palma ha abierto Gumbo Ya-Ya, igualmente recomendable.