Publicidad

El niño Lenin revolucionó la montaña lucense

Por Henrique Mariño
05 jun 2011

Hay noticias que te alegran una tarde de redacción, aunque la intrahistoria que resuella entre líneas sea, en realidad, trágica. Juan Carlos Ortiz había recibido de Diego Barcala una nota de prensa de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en la que se anunciaba la entrega de los restos de un republicado asesinado en agosto del 36. Su hijo había llegado desde Buenos Aires para darle sepultura digna en un pueblo de la montaña lucense. Un nuevo hoyo; más huesos; el silencio, roto.

Pero aquel señor canoso tenía algo más que contar que la historia de una revancha: su padre, un zoqueiro lector e ilustrado, quiso bautizarlo como Lenin y a su hermana, como Igualdad. El cura no quiso estampar esos nombres revolucionarios en el registro parroquial, pero firmó, según el entonces niño Lenin —que, con los años, terminaría siendo llamado Ramiro para evitar represalias—, su sentencia de muerte.

Más allá de la anécdota —recogida en el titular, propuesto por el redactor jefe de Política—, también era una crónica de la Galicia miserable abocada a la emigración; del reencuentro con el pasado, bien enterrado; de la oposición de algunos vecinos a remover la tierra, esa sonrojante alfombra bajo la que se esconde el polvo; de la pérdida de memoria, cobijada durante décadas en el corazón de una niña que hoy tiene 84 años y quiso hablar, aunque Ramiro, eternamente agradecido, se queja de que la tomen por loca.

Más información en Cuando llamar a tus hijos Lenin e Igualdad te costaba la vida.

_________________________________________________________________________

También estoy en Twitter y Facebook.