El zapateado de Beiras
Ecos del último rugido celta. El otrora portavoz nacional del Bloque —cuando la gente se preguntaba: ¿qué significará eso de portavoz nacional?— vuelve a descalzarse. Entonces, en plena resaca posolímpica y cartuja, recién bautizado el Pelegrín, la primera mascota macabra, Beiras se quitó el zapato y le sacó lustre al escaño a lo Khrushchev, o Jruschov, o Khrushchev, o Kruschov, o Krusev, o Khrushchov, o Kruschev: Nikita, el ruso. Protestaba por algo, qué mas da qué: era antes del despegue y había que tomar cuerpo en un Parlamento gallego dominado por las huestes conservadoras de Don Manuel.
- ¿El nieto de Fraga?
- No, el de siempre.
Beiras, decía, agarró el zapatófono y le puso un cable a la bancada del PP y, de paso, a la parroquia votante, que ya empezaba a dar crédito a aquel dandi bobo —de bourgeois, de bohemian— que años antes había escrito la biblia económica del nacionalismo gallego, O atraso económico da Galiza, donde recogía el testigo ideológico del Sempre en Galiza de Castelao y esquivaba la aureola romántica del corajoso emigrante aferrado a su hatillo para condenar la vulneración del derecho de un individuo a desarrollarse en su propia tierra, sin necesidad de tener que recorrer mundo para ganarse las habichuelas.









