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Gaiás, la Brasilia gallega

Por Henrique Mariño Etiquetas: , , ,
05 oct 2011

Cada vez que Fraga se despierta, la Cidade da Cultura sigue allí: una mole que se le apareció al expresidente durmiente de la Xunta en un rapid eye movement de esos y que no tardó en ser materializada por el arquitecto Peter Eisenman en el monte Gaiás. Antes, cuando los peregrinos llegaban a Santiago de Compostela, el rollo era ver la Berenguela en lontananza: hete allí la catedral, con sus pétreas uñas arranha-céus, imponente. Ahora, cuando bajas en Ryanair, te dejas el pescuezo en el sitio, impotente, intentando acaparar con la vista los 150.000 metros cuadrados de cuarcita, una piedra que tuvieron que traerse de Brasil porque la de aquí había sido esquilmada, imagínense el tamaño del faraónico patchwork.

Yo ya había hablado del Gaiás, ese King Kong de la cultura, pero no lo había pisado hasta este verano. Fue entonces, en un viaje vespertino al fondo de sus entrañas, cuando me di cuenta de que a Fraga le podía caber el Estado en la cabeza, pero no la Cidade da Cultura. Lo que para Don Manuel fue un sueño, para los sucesores en el sillón presidencial está resultando una pesadilla. Ya no importa tanto el estratosférico gasto del armazón (400 millones de euros) como el relleno de la empanadilla: faltan toneladas de cuadros, libros, artistas, esculturas, músicos y ya no digamos políticos para saciar al monstruo.

Tenemos, eso sí, una instalación de tres pares de megalómanos cojones –como se aprecia en la foto de Miguel Riopa– y una performance fallida. Vamos, que han montado una Brasilia en medio del monte y, aparte de no haberle encontrado una utilidad a precio de saldo, se han olvidado a los conselleiros y funcionarios en la capital, que sería una forma de remendar el marrón. ¡Burp!, que diría el bicho.

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King Kong en el monte Gaiás

Por Henrique Mariño Etiquetas: , , , ,
13 ene 2011

Dos cámaras del mausoleo de Fraga han sido inauguradas con pompa, boato y maltrato de billetera. El inacabado complejo proyectado por Peter Eisenman, presupuestado por un porrón de millones que no para de dilatarse y conocido como Cidade da Cultura (arriba, fotografiado por Miguel Riopa), contiene, por ahora, una biblioteca y un archivo. No lejos del monte Gaiás, se alza otra ciudad, con minúsculas, de la cultura. Mientras una ejerce de pozo sin fondo, deglutidora de euros y metáfora de la falta de ideas de la clase política —aquélla, ésa y ésta—, que no sabe qué diantres hacer con el King Kong ni con su hambre feroz; la otra, Santiago de Compostela, adolece de espacios para organizar conciertos de pequeño aforo.

Es sólo un ejemplo que refleja las carencias de la pedregosa urbe, capital de la lluvia, antaño referencia cultural de Galicia. Apenas hay locales para las bandas emergentes o para las consagradas que sólo alcanzan a congregar a una inmensa minoría. Faltan sitios y apoyo para poner en práctica la cultural real, la que se ve pero también la que se hace: ser participante y no mero espectador; la cultura de la que nace cultura, como un Gremlin, y en Compostela, por agua, que no sea; la cultura de la caña, no de los peces. Claro que, a la procura del rédito político, viste más un Gaiás que un circuito liliputiense donde se crea, se destruye y se transforma. Más también una visita de U2, de Bruce Springsteen, de Britney Spears, de quien dé para vocalizar patata y salir bien centrado en la foto.

Digo yo —que podría agradecer, como sufrido declarante de a pie, un bolo subvencionado y, consecuentemente, a precio asequible de algunos artistas que han pasado por Galicia, de Bob Dylan a Van Morrison— que será mejor sembrar la cultura y dejarla crecer de abajo arriba que gastarse la pasta en obras faraónicas y grandes fastos, de los que poco queda, más allá del recuerdo, una vez apagados los rescoldos. Bien es verdad que la Cidade da Cultura, como el dinosaurio, seguirá allí. Pero con sus tripas rugiendo, absorbiendo partidas y pidiendo cada día más y más.

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P.S.- No dejen de leer Galicia, tierra de faraones, de J.C. Escudier, tan certero como de costumbre, ni tampoco Queda inaugurado este pantano, del no menos lúcido X.M. Pereiro.