Success
¿Cómo se mide el éxito en Afganistán? Es la pregunta que plantea Ben
Anderson en su documental, “The Battle of Marjah”, producido por la cadena
HBO, que se presentó hace unos días en la Asia Society de Nueva York.
Empotrado en una unidad de Marines, Anderson, un periodista británico que ha
cubierto la guerra de Afganistán para la BBC y The Times, muestra un conflicto
imposible, una población hostil y asustada, una guerra contra un enemigo
invisible donde las victorias se convierten rápidamente en derrotas.
En febrero de 2010, poco después de anunciar el envío de 30.000 nuevos
soldados a Afganistán, Estados Unidos lanzó una ofensiva en la provincia
de Helmand, bastión de los talibanes. La unidad de Marines Bravo fue
aerotransportada tras las líneas enemigas con la misión de tomar Marjah, uno de
los principales centros de producción de opio.
Comparado con otros documentales sobre Afganistán, como “Restrepo” de
Sebastian Junger y Tim Hetherington (nominado a los Oscars de este año),
en “The Battle of Marjah” no pasa casi nada. Pero es justamente en lo que no
pasa que Anderson y el director, Anthony Wonke, cuentan el conflicto, esos
tiempo muertos donde la realidad acaba con todos los planes.
El documental ilustra el fracaso de la estrategia del que fue máximo responsable
de las tropas internacionales, el general Stanley McChrystal (fulminantemente
destituido el pasado junio después de sus indiscreciones a la revista Rolling
Stone) al querer transformar las unidades de combate en una fuerza de
pacificación.
“La clave del éxito es ganarte a la gente, hacer entender a la población local
que estás ahí por ellos”, dice a Benson sin gran convicción, el capitán Sparks,
el jefe de la unidad de Marines. El documental es testigo de la profunda
desconfianza de los afganos hacia los ocupantes.
En una escena especialmente surrealista, los Marines entregan al padre de dos
niñas muertas en un bombardeo una compensación de 5.000 dólares (2.500
dólares por víctima). Es un momento incómodo, duro y nadie sabe muy bien qué
hacer.
Washington no ha puesto baremo a su éxito en Afganistán ahora que se van a
cumplir diez años del conflicto. Aún así, los planes para un repliegue paulatino
este verano siguen en pie. El pasado diciembre la Casa Blanca aseguraba
que sus operaciones se centrarían en la frontera con Pakistán y reconocía
que los 97.000 soldados estadounidenses estacionados en Afganistán sólo
habían realizado avances muy frágiles. En su discurso, Barack Obama no usó la
palabra “success”.









