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Sanidad “enferma” de política: Preguntas para una profesionalización de la gestión sanitaria

02 Jun 2011
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Hace unos años (septiembre de 2007) un suplemento de salud llevaba en portada “Hospitales enfermos de política”. Probablemente el titular debería haber sido diferente: SANIDAD enferma de POLÍTICA, ya que los cambios en los cargos del sistema sanitario suele afectar a todos los niveles: atención primaria, hospitales, servicios de emergencias, direcciones generales, coordinadores de programas,…. e incluso secretarias/os.

Es evidente que todo partido político tiene todo el derecho a aplicar su agenda política, pero ello no debería generar “borrón y cuenta nueva”, “tabla rasa” o “éste/a no es de los nuestros” ya que ello puede afectar a la estabilidad y como no, a la calidad asistencial que los servicios sanitarios ofrecen porque el sistema permite a veces que personas mediocres accedan a altos cargos. Pero ¿qué busca el político: quien mejor gestiona o el más afín?

En estos días de cambio de consejero o consejera en varias comunidades autónomas, creemos necesaria una reflexión previa a la multitud de cambios esperados que nos vamos a encontrar en las próximas semanas. La progresiva interferencia del partidismo político en la provisión de cargos sanitarios lo invade todo y cada vez llega más lejos, lo cual provoca cierto desasosiego entre profesionales y cierto miedo entre directivos/as a discrepar en alto o a comentar algo “políticamente incorrecto” que les pueda dejar sin cargo antes de serlo.

Ante ello, queremos plantear preguntas en voz alta para que antes de generar os cambios en los puestos directivos (o menos directivos incluso) los/as consejeros/as piensen en ellas y en posibles respuestas:

PRIMERAS PREGUNTAS: ¿Podría en España incrementarse la estancia media en el cargo de los directores/as y gerentes de hospital de 2,8 años en la actualidad a al menos 5 años (hay hospitales que en 4 años han visto pasar a 3 gerentes)?, ¿Es posible cambiar este nivel de rotación tan alta que no deja libre ni territorio ni partido político ni buen/a gestor/a para el buen hacer de los servicios y la continuidad necesaria de las POLÍTICAS que en algunos casos son comunes?, ¿Está afectando esta rotación al liderazgo directivo de los centros?

SEGUNDA PREGUNTA: Independientemente de la fórmula de nombramiento y reconocimiento del trabajo, ¿se podría profesionalizar la gestión sanitaria al conseguir que las gerencias de las instituciones sanitarias estén en manos de profesionales con conocimientos de gestión y formación previa acreditada, sin mirar a derecha o a izquierda, sin valorar ideologías o partidos, sin pensar en la cabeza del militante de turno cabreado con el gerente anterior por cuestiones personales o sin tener en cuenta la meritocracia partidista desarrollada por algunas personas?

TERCERAS PREGUNTAS: ¿Cuáles deberían ser las competencias adecuadas de los directivos sanitarios para permanecer en el cargo a pesar de partido político o consejero/a de turno?, ¿Sería posible un código de buen gobierno o de ética directiva para la selección de cargos directivos que genere una mayor satisfacción y motivación?

CUARTAS PREGUNTA:S ¿Conduce la vulnerabilidad de los gestores al inmovilismo y a la falta de proyectos novedosos y de futuro para los centros?, ¿Podrían implantarse órganos colegiados de dirección, consejo de administración con participación institucional y social, que favorezcan la continuidad, estabilidad, así como la innovación, los proyectos de cambio o la elección por programa de trabajo y no por afinidad?, ¿Sería posible que los/as directores/as gerentes pasen por un concurso público con un programa de gobierno que favorezca la toma de decisiones? ¿Es planteable un sistema menos politizado donde la ineficiencia no saliera gratis por la percepción de que un gestor bien conectado políticamente tiene más posibilidades de hacer carrera, aunque los indicadores de su centro sean peores que los de otros?

QUINTAS PREGUNTAS: ¿Es posible instaurar una carrera profesional reglada de directivos sanitarios, se establezcan mecanismos de gobierno transparentes y participativos y sistemas de evaluación de resultados que permita que los ceses estén motivados y se hagan en función del cumplimiento de los objetivos? ¿Es factible quitar las interferencias para ganar en credibilidad?

Es evidente que la imagen de algunos directivos no es la mejor del mundo en algunos centros (aunque hay muchos que son excelentes) e incluso algunos son identificados (a veces sólo por la lejanía entre gestores y clínicos) como personas rígidas, que no refuerzan, no apoyan, no informan y no escuchan. Pero más que la individualidad del gestor ineficiente o con pocas habilidades o capacidades, nos preocupa en el fondo, la falta de liderazgo intelectual en salud y la aún existente opacidad del sistema. Hay partido.


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