PISANDO TIERRA
Los mítines están cayendo en desuso salvo los protagonizados por grandes líderes. Y en el territorio cobran fuerza los debates entre candidatos y, sobre todo, las reuniones sectoriales donde diferentes colectivos plantean sus problemas y reivindicaciones. Actos pequeños, especializados, donde no se busca convencer sino explicar, escuchar y conocer. He tenido varias de estas reuniones con asociaciones diversas y he detectado un patrón común en muchas de sus quejas que creo, tiene interés exponer aquí porque, en el fondo, manifiestan algunos de los límites a la acción política. Limites que reducen el interés de la gente porque incrementa su escepticismo. Los agruparé en dos grandes grupos.
Primero, las leyes o normas que no se cumplen. Es decir, los gobiernos proponen y los parlamentos aprueban cosas positivas que se explican bien pero que luego nadie supervisa su cumplimiento. Los colectivos de discapacitados tienen una larga lista de normas aprobadas a lo largo de años en defensa de su situación pero cuyo incumplimiento, a veces, flagrante, choca con la mayor de las indiferencias. Por ejemplo, la ley de accesibilidad de edificios y ciudades que, sencillamente, no siempre se cumple. Algún ejemplo me contaron los de Burriana como un nuevo centro comercial que tiene servicios adaptados para personas con silla de ruedas pero que para acceder a los mismos hay unas magníficas . . . ¡escaleras!. Lo mismo ocurre con el nuevo permiso de paternidad aprobado por este gobierno y que muchas empresas privadas “desaconsejan” pedir a sus jóvenes trabajadores con contrato temporal. O la nueva ley de autonomía personal cuya aplicación boicotea la administración autonómica encargada de hacerlo, privando de su disfrute a los afectados y sin claros mecanismos de control y sanción. A toda esta gente, no hay que hablarles tanto de nuevas leyes como del cumplimiento de las existentes. Quien consiguiera eso, ganaba las elecciones. Seguro.
Segundo patrón de conducta, las normas que supuestamente protegen o mejoran pero que, en realidad, son vividas como un retroceso por los afectados. Sigo con ejemplos de discapacitados y las nuevas normas que regulan su acceso a los trenes. En teoría les protegen al obligarles a ir con acompañante en determinados supuestos. En la práctica, muchos de ellos que llevan años viajando solos, ahora no les dejan subir al tren.
¿Y que contestas cuando te plantean estas cosas, muy a ras de suelo pero, en el fondo, percibes que tienen razón?




