Por la izquierda, por el centro

17 Feb 2015
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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, anda estos días ocupado intentando sacar adelante un candidato ganador a la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, tras defenestrar a Tomás Gómez, que ha optado por meter ruido mediático para espantar al ex ministro con declaraciones a diestro y siniestro y con las candidaturas de Amparo Valcarce y Pedro Zerolo.

Por ahora, pese a su fama de asustadizo, Gabilondo aguanta y bien y está a la espera de una propuesta formal. Y Rafael Simancas, presidente de la gestora, tampoco se arruga ante las peticiones de unas primarias que ya están fuera de lugar y tiempo.

Paralelamente, los de la conspiración de enero, frustrada por la filtración del encuentro de ZP, Bono y García-Page con Iglesias y Errejón, siguen a lo suyo: filtrar bajo la máscara carnavalesca del “diputado crítico” el malestar con Sánchez de los “diputados críticos”.

Demasiados críticos para tan pocos diputados. El denominador común de todos ellos es el pavor a quedarse fuera de las listas, con un toque de venganza ciega en la punta de lanza. Blanco y en botella.

Los papistas del “o se muere o lo matamos” ya empiezan a usar en vano el nombre de Susana Díaz, que no está muy contenta con esta ‘rebujina’ en el PSOE, sobre todo desde que tiene el toro del follón interno en la plaza de la precampaña electoral andaluza.

Pero con todo, Sánchez –y también Susana- tiene ante sí un marrón aún mayor que estas escaramuzas internas: una situación electoral que se puede complicar aún más en España y Andalucía.

En primer lugar está en curso el crecimiento de Podemos para dividir el voto de la izquierda, una estrategia que pareciera diseñada por el mismísimo Pedro Arriola.

De entrada, en este primer estadio, ha cortado la progresión de IU, que más pronto que tarde tendrá que echarse en los brazos del partido de Iglesias. Y ha torpedeado las posibilidades de recuperación del PSOE tras la renovación interna que suponía la llegada de Sánchez a Ferraz.

Solo cuando los podemos han alcanzado algunas playas de su electorado, sobre todo en Madrid, el PP ha lanzado a sus huestes contra ellos. De ahí, la rajada de Esperanza Aguirre contra La Sexta, y la caza fiscal de penenes capitaneada por Cristóbal Montoro.

Pero ahora, en un segundo estadio, esta estrategia busca cortarle el paso al PSOE por el centro con Ciudadanos.

Resulta curioso que después de la encuesta del CIS, que situaba al partido de Rivera como cuarta fuerza política con el 12% de los votos, se haya producido la puesta de largo mediática de esta formación a nivel nacional de la mano del prestigioso economista Luis Garicano.

En buena lógica, ante un reparto más o menos del 25% para cada uno de los tres principales partidos en liza en los sondeos, a Rajoy le faltaba un cuarto en discordia para impedir un pacto PSOE-Podemos tras las legislativas de 2015. Ya está en marcha.

Y la primera piedra de toque la tendrá en Andalucía, donde, según una reciente encuesta de la Universidad de Granada, Rivera está en valoración por encima incluso de Susana Díaz.

Ciudadanos, que en este sondeo supera ya a UPyD –acabará siendo más pronto que tarde el Podemos de la formación de Rosa Díez-, puede estropearle a Susana Díaz el intento de crecer por el centro a costa de la debilidad del candidato de PP, Juan Manuel Moreno Bonilla.

Es decir, el partido de Rivera puede convertirse en el sumidero de la poca o mucha sangría que sufran los populares en Andalucía, limitando el crecimiento del PSOE-A, que en buena lógica aspira a la mayoría absoluta.

Para combatir este acoso electoral, por la izquierda y por el centro, al PSOE solo le cabe alcanzar una especie de pax romana cuanto antes. Necesita con urgencia una foto de Pedro Sánchez con Susana Díaz en Andalucía para acallar el ruido de los llamados “críticos” y recomponer la unidad interna aunque sea con alfileres y hasta después de las elecciones municipales y autonómicas de mayo. En definitiva, les toca apretar el culito y poner buena cara también para que el PP no se aproveche del flanco abierto.

Y, sobre todo, deben recuperar la vieja tradición de buscar a los mejores candidatos para ganarse el voto de la mayoría social, algo que las primarias cerradas a la militancia no han garantizado por pecar de clientelares, endogámicas y tribales.