¡A mí la Legión!

16 Oct 2016
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Siempre he estado en contra de la independencia de Cataluña porque he creído firmemente que levantar muros y fronteras no está en el ADN del ser humano. Somos lo que somos gracias a que unos homínidos, los homos sapiens, salieron de África y colonizaron el resto de la Tierra sin que nadie les pidiera el pasaporte.

En su momento, también rechacé el referéndum cuando se sumó la derecha catalana. A mi juicio, los convergentes sólo perseguían tapar con dicho órdago una gestión más que deficiente de la crisis

Hoy sigo pensando  lo mismo: la independencia no forma parte de nuestra genética. E ideológicamente me queda un poso internacionalista con reminiscencias socialistas y sindicalistas que afianza esa convicción.

Pero hoy por hoy estoy a favor de que algún día se celebre dicho referéndum sobre la independencia de Cataluña. A medida que se crece en valores democráticos y se apuesta más decididamente por estructuras supranacionales, el derecho de autodeterminación de los pueblos se impone más claramente al derecho a la integridad territorial. Es sencillamente imparable.

Dicho esto, me gustaría que los catalanes siguieran formando parte de España, de una España convertida en un Estado federal, en una nación de naciones. Nos unen más cosas que nos separan y una ruptura dañaría a los ciudadanos de ambos lados de la nueva frontera.

Pero para ganar algún día ese referéndum, que es inevitable en términos democráticos –Quebec y Escocia indican el camino sin ningún género de dudas-, España necesita que el PSOE no se entregue al PP, que no se tire al monte de un españolismo trasnochado, que no se instale en posiciones ultramontanas.

En definitiva, España necesita al PSC. Un Partido Socialista de Catalunya que tienda puentes, que dialogue, que busque consensos, que le gane la partida a los soberanistas sin necesidad de recurrir permanentemente a los tribunales de Justicia para intentar resolver un problema eminentemente político.

Ni el PP ni Ciudadanos van a poder cumplir el papel histórico integrador asignado al PSC.

Y digo esto alto y claro porque el PSOE actual, el que ha quedado tras el escandaloso descabezamiento de Pedro Sánchez, no descarta prescindir del PSC si sus siete diputados votan contra la investidura de Rajoy. ¿No se acuerdan que el PSOE de Pedro Sánchez defendió el 26-J que “el no es no” a Rajoy?

Es más, en la Comisión Gestora, la cuota andaluza parece tentada a dejar fuera del próximo Comité Federal a los socialistas catalanes.

De entrada, Miquel Iceta, recién reelegido primer secretario del PSC, no parece muy dispuesto a ceder a los deseos de Susana Díaz y ha confirmado el no de los diputados catalanes a Mariano Rajoy.

Si finalmente se produce la ruptura, el nuevo PSOE se quedará en pelota picada, como codefensor de esa estrategia del PP de intentar parar con los tribunales la deriva soberanista, con un diálogo de baja intensidad y con la Legión metafóricamente acuartelada por si Mariano Rajoy se le ocurre gritar de madrugada: ¡A mí la Legión!

Por otro lado, sin nadie que le enmiende la plana a este PSOE cañí desde dentro, el socialismo democrático español va a parecer un erial, sin militantes y sin conciencia, en manos de tres fundaciones, un puñado de empresarios y un par de editores. ¿Se imaginan a tantos tíos del taco fumando habanos y cantando la Internacional a la vez en un Comité Federal socialista?

Y  eso sí, para ser más sociales, Bertín Osborne y Norma Duval en los mítines de cierre de campaña. Y los militantes a pegar carteles, coño.

PD: (1) Metroscopia, posiblemente la empresa de sondeos más desprestigiada del universo patrio tras una gran acumulación de fiascos en los últimos tiempos, publica en El País que la mayoría de votantes cree que al PSOE le conviene abstenerse. En concreto, en la información habla de una “gran mayoría”, que se corresponde con el 56%. Jajaja. Ni el Torquemada de Torreblanca. Una gran mayoría sería un 70 o 80%, ¿no? Ni más ni menos que el porcentaje de votantes socialistas que apoyan de verdad el no a Rajoy. Una gran mayoría sería un 90%, ¿no? Ni más ni menos que el porcentaje de militantes socialistas que apoyan de verdad el no a Rajoy.

(2) Que alguien te cuente la verdad hasta el final, como todos los aliños, sin censuras ni autocensuras, es hoy por hoy casi imposible. Aunque no queramos verlo, el papel de los medios de comunicación está fallando estrepitosamente. Sencillamente, pocos son los que cuentan la verdad: la mayoría está nítidamente al servicio del PP, que es quien paga y quien ordena que paguen. El control del Gobierno sobre ellos es tan grande que nuestra democracia empieza a estar enferma, muy enferma. La cacería organizada contra Pedro Sánchez –aquí habría que sumar la inestimable colaboración del PSOE andaluz- es un buen ejemplo. Pero no el único: el juicio contra la Gürtel es otro botón de muestras. Las escandalosas evidencias que está arrojando, que deberían tumbar al PP por pura decencia, están siendo retorcidas por la mayoría para que llegue a la opinión pública que Rajoy no tuvo nada que ver, que con él la Gürtel salió de Génova. En fin, todo para lo mismo: para que los sociatas en vez de vomitar se abstengan. El mismo objetivo que persigue la encuesta de Metroscopia, ¿no?

(3) Otro botón de muestra del aliño que sufren la mayoría de medios comunicación es la nula cobertura de los movimientos entre bambalinas de Felipe VI. Nadie, absolutamente nadie ha dado detalles de los apartes que celebró el Rey en el Palacio Real durante la Fiesta Nacional. A ver si alguien es capaz de contar a quién animó a  favorecer la investidura de Rajoy. Una pista: a otros, sólidamente instalados en el no, ni se acercó.

(4) La Comisión Gestora del PSOE no es monolítica. Mientras que la mayoría es partidaria de una abstención técnica –buscar once voluntarios-, los dos representantes andaluces quieren que los 85 diputados socialistas se retraten.

(5) Es curioso que Susana Díaz, promotora de esta posición, apenas si ha defendido públicamente la abstención. ¿Será para decir algún día que ella siempre estuvo contra Rajoy? Mal, muy mal se le están poniendo las cosas en Andalucía, donde ya está calada y quemada. Pero por fin ocupada en sus responsabilidades institucionales.

(6) Por cierto, Susana Díaz no parece fiarse mucho de Eduardo Madina, que es partidario de la abstención técnica y que tiene como apoderado a Pérez Rubalcaba. ¿Será por esto último?

(7) Si a Madina lo tiene a punto de cuarentena, sobre el voto secreto ha cambiado de parecer y ahora es una firme defensora de él. De hecho, de cara al próximo Comité Federal lo impondrá. Lo dicho, algún día acabará diciendo que ella votó no a la investidura de Rajoy.


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