Cómo hablar andaluz sin complejos

07 Mar 2017
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La polémica sobre el habla andaluza ha vuelto a instalarse en la escena política a propósito de un choteo del “PZOE ganadó” de Susana Díaz de un concejal socialista madrileño, un tal Ramón Silva, afín a Pedro Sánchez para más inri.

El gachó se ha disculpado convenientemente, pero es -dicho sea sin acritud pero con toda la mala leche del mundo- un auténtico carajote, o, en palabras de Lázaro Carreter, un ignorante con acta de concejal, toda vez que no sabe que el castellano o el español que él habla con tanta finura sería una lengua muerta si no fuera por la inventiva que le ponemos golpe a golpe, verso a verso, palabra a palabra, los andaluces, los canarios y los latinoamericanos.

Dicho esto, tampoco es para ponerse así, que decía la legendaria chirigota de El que la lleva la entiende.

Y me explico: que Antonio Miguel Carmona, ilustre tertuliano y concejal socialista madrileño a media jornada, haya hecho de altavoz de tamaña afrenta al habla andaluza y, por supuesto, a la doña-presidenta de la Junta de Andalucía, siendo un afín a Pedro Sánchez el pecador de la pradera, es para pensárselo.

Y sobre todo que la polémica haya cabalgado a lomos de los afines a la lideresa andaluza, incluida su plana mayor, que ha sacado pecho y orgullo patrio con una campaña “yo hablo andaluz”, es para tirarse por los bloques. Si nos retrotraemos a aquellos días previos al descabezamiento de Pedro Sánchez en los que unos cuantos andaluces hablaron –no ya andaluz, simplemente hablaron- más de la cuenta para nuestra vergüenza.

¿Trampas? Más que el Virginiano.

En fin, no será la última vez que allende de Despeñaperros quieran reírse de los andaluces por considerar que el habla andaluza no es otra cosa que un español mal hablado e intentar desacreditar a quien lo practica sin disimulos ni imposturas.

Mi buen amigo Antonio Yélamo, director de la Cadena SER en Andalucía, a propósito de unas polémicas declaraciones del presidente de la Generalitat de entonces, Artur Mas, sobre los andaluces, defendía en 2011 la necesidad de hacer pedagogía sobre el habla andaluza, más allá incluso de lo que recoge el artículo 213 del Estatuto de Autonomía de que “los medios audiovisuales públicos promoverán el reconocimiento y uso de la modalidad lingüística andaluza, en sus diferentes hablas”.

En fin, la verdad es que la ausencia de una política andaluza en esta materia es clamorosa. Quizás por ahí deberíamos empezar, para poder combatir que aún hoy los propios andaluces eligen para un “cargo de responsabilidad” a un señor o una señora que hable “bien castellano” antes que a un señor o una señora que “hable andaluz” (“mal español”). Esa es la cruda realidad.

Pero la forma más práctica de combatir esa maledicencia tan extendida es hablar andaluz sin complejos. Magdalena Álvarez, una de los mejores ministros que tuvo ZP en sus gobiernos –le sustituyó en Fomento el impresentable de Pepiño Blanco y su bronceado de Pesquera-, no los tenía, y la derecha mediática le atacó por ese flanco de forma miserable.

Pero ella hablaba andaluz sin complejos, en su casa, en el Ministerio o en el Congreso, “antes partía que doblá”.

Y si no la entendías, pues a clases de idiomas, picha.

Yo practico este sin-complejos, como Antonio Caño, pijo (ahora más de lo mismo: el premio Meridiana para Montserrat Domínguez, directora de El Huffington Post, que quedan tres meses para las primarias) pero con algo más de guasa, y no me va mal.

Eso sí, me vacilan hasta mis hijos, que después de diez años en Madrid se me han hecho antropólogos. Pero yo no les doy cuartel: “Sí, sí, pero vosotros no tenéis ni gracia ni compás. ¡Qué desgracia nacer en Cádiz y no acordarse!”.

Hablando de mujeres, mañana es el Día de la Mujer Trabajadora. Sirvan estas palabras de William Golding, remitidas por mi querido amigo Luis Díez, para trasladarles todo mi respeto y admiración a ellas, a todas ellas, y para animarlas a que cambien nuestro mundo de mierda: “Creo que las mujeres están locas si pretenden ser iguales a los hombres. Son bastante superiores y siempre lo han sido. Cualquier cosa que des a una mujer, ella la hará mejor. Si le das esperma, te dará un hijo. Si le das una casa, te dará un hogar. Si le das alimentos, te dará comida. Si le das una sonrisa, te dará su corazón. Engrandece y multiplica cualquier cosa que le des. Si le das basura, ¡prepárate a recibir toneladas de mierda!”. Millones de besos y toneladas de rosas rojas, chicas.


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