Asustaviejas en la Casa del Pueblo

17 Abr 2017
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El 21 de mayo, fecha fijada para las primarias del PSOE, está a la vista. Esta misma semana comenzará la recogida de avales, primera piedra de toque de un proceso que va a durar siete meses y 20 días si la autoridad no cambia de opinión.

Un disparate en toda regla esta dilación indebida. ¿Qué sentido tiene retrasar desde octubre de 2016 a finales de mayo de 2017 las primarias cuando el resto de las formaciones políticas importantes celebraron sus congresos en febrero de este año?

El único sentido era ganar tiempo para que la mayoría de la militancia olvidara el bochornoso espectáculo protagonizado por los barones críticos y sus conmilitones en el descabezamiento de Pedro Sánchez y la posterior investidura de Mariano Rajoy.

A mi juicio, ese larguísimo periodo de interinidad no ha servido para borrar la huella del despropósito; más bien, lo ha puesto blanco sobre negro.

Y, sobre todo, ha valido para que la oposición a Susana Díaz se haya organizado sobradamente. Me refiero lógicamente a la que encabezada Pedro Sánchez. Sinceramente, a mi modesto entender, la de Patxi López está en la misión histórica de impedir que el madrileño regrese a Ferraz. No me cabe ninguna duda de que esos golpes de pecho de buenismo y de unidad significan eso y poco más.

Por lo demás, el gran perdedor de este interregno establecido por el mismo sargento chusquero que diseñó el descabezamiento de Pedro Sánchez ha sido el propio PSOE. En las encuestas más serias, está aún por detrás de Podemos. Solo los medios de la derecha filosusanista hacen el truco del almendruco y sitúan a los sociatas por delante de los podemitas. Por cierto, ¿no les entra nada por el cuerpo a los barones a la violeta cuando escuchan a los popes de la prensa de extrema derecha poner por las nubes a Susana Díaz? Peor que Lambán, casi peor que Verónica Pérez, que se ha descolgado defendiendo la “capacidad inmensa y sobrehumana” de Susana Díaz para estar en misa y repicando; es decir, para compatibilizar la presidencia de la Junta con la secretaría general del PSOE. Vamos a ver, ¿con estos papistas quiere de verdad Susana Díaz ganarse la fumata blanca de la militancia?

En fin, lo dicho: la gestión de la Comisión Gestora ha empeorado la situación del PSOE y, aunque lo ha intentado, no ha rebajado el nivel de indignación de la mayoría de la militancia; todo lo contrario, la ha aumentado.

La parcialidad del error histórico presidido por Javier Fernández y dirigido por Mario Jiménez ha sido tan descarada que ha alimentado sin querer la ola de entusiasmo que ha levantado Pedro Sánchez, y ha empeorado la imagen pública de Susana Díaz.

Teniendo en cuenta la acumulación de aparatos y de medios de comunicación, el BOJA, el BOE, el NO-DO y ese ‘que-no-falte-de-ná’, ¿cómo es posible este debe y este haber de uno y otra?

Con todo, la lideresa andaluza, con la tecnología de la carretá (básicamente, es un ‘vamonos-que-nos-vamos.. ajiiín’) y los alcaldes afines pasando lista entre los militantes, puede ganar la batalla de los avales. Otra cosa bien distinta es que vaya a vencer en las primarias. Cositas de la democracia y el voto secreto, sabe usted.

En fin, dicho esto. Cabe esperar que más pronto que tarde, los tres candidatos se comprometerán públicamente a respetar el resultado y al ganador, y, sobre todo, anticiparán su voluntad de ofrecer al nuevo secretario general una lealtad inquebrantable y un paso atrás o al lado, que de todo debería haber.

Sin esos compromisos casi ante notario, la escisión que García-Page ha insinuado jugueteando con su agenda institucional del día después está en el ambiente. Para mí, no deja de ser una versión manchega de la estrategia de los asustaviejas, que pretende, en este caso, desalojar a empujones a los militantes socialistas dada la proliferación de rojos y radicales que últimamente habitan en la Casa del Pueblo.


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