Ya era hora, Mariano

19 Abr 2017
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Que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tenga que declarar como testigo en el juicio central del caso Gürtel –Época I (1999-2005)- ha provocado estupor en el PP, que, como no podía ser de otra forma, respeta la decisión de la Sección Segunda de la Audiencia, pero no la comparte.

Y carga contra la acusación particular, ejercida por la Asociación de Abogados Demócratas por Europa (ADADE), que está liderada por Javier Ledesma y Mariano Benítez de Lugo, dos personas “muy conocidas por su cercanía al Partido Socialista”. Por eso, los populares consideran que “todo ello supone una situación de abuso de derecho, por cuanto una petición con clara intencionalidad política se enmascara bajo un interés jurídico inexistente”.

A ver, a ver, ¿que Mariano Rajoy acuda como testigo, que es lo mínimo que se despacha procesalmente, es un abuso de derecho con la mangancia vitaminada que ha generado Gürtel en los territorios gobernados por el PP? Pues claro, el robo se hizo a espaldas del presidente del PP, que, pese a su tancredismo y su adicción a la prensa deportiva, no ha aspirado en ningún momento a instalarse en la ignorancia rayana en la estulticia. De algo se enteraba, o si no, que se lo pregunten a “Luis, aguanta”.

¿Y que la acusación particular no se ajuste a derecho por ser liderada por conocidos filosociatas? Efectivamente, para estar dentro de la ley se deberían haber abstenido, como mandan los cánones en el PSOE de Estado, responsable, patriota y de derechas que le dio la investidura pese a los numerosos casos de corrupción que le salpicaban.

Efectivamente es estupor y no otra palabra; el mismo que me provoca a mí la Fiscalía Anticorrupción y la Abogacía del Estado, que se han pronunciado en contra del paseíllo judicial de Rajoy por entender que “no es ni útil ni pertinente”.

De hecho, la fiscal Concepción Nicolás estima que la testifical de Rajoy es “redundante” para probar la caja b del PP, porque “está suficientemente acreditada”. Y como está más que probada, ¿para qué llamar al máximo responsable del partido para que nos explique qué fue de aquello de que Hacienda éramos todos? Encima, dicen que la fiscal, con esta larga cambiada, ha lanzado una pulla al PP. Y yo voy y me lo creo.

En el plano eminentemente político destacar la declaración de Ciudadanos, firme valedor de Rajoy en esta segunda andadura en Moncloa. Para su portavoz nacional, Inés Arrimadas, no es extraño que el presidente del Gobierno tenga que declarar como testigo ante la proliferación de casos de corrupción que tiene en su haber el PP.

Pero aclara que solo “si fuera imputado por un delito de corrupción política, solicitaríamos su dimisión, como se firmó en el acuerdo de investidura”. “Esto demuestra la necesidad de las medidas que ha impulsado Ciudadanos”, se ufana la buena señora.

Está claro que para el partido de Albert Rivera el señor que ha presidido el PP durante los años de más corrupción en la España democrática debe ser otro Rajoy, ¿quizás el primo químico negacionista? Y que las responsabilidades políticas, salvo en Cataluña y con los independistas como usuarios principales, son unos postres riquísimos fruto de un pasteleo que ni en Masterchef.

Por cierto, a ver cómo cocinan ahora PP y Ciudadanos la detención de Ignacio González y cía., último episodio de corrupción que sitúa a la Comunidad de Madrid, donde los populares gobiernan en la actualidad gracias a los naranjitos, en el centro de las tramas de sinvergüenzas en España, en la capital de la mangancia vitaminada con cascabeles.


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