Que no, carajo

21 Abr 2017
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Que el PP se atrinchere ante la citación de Rajoy y la detención de Ignacio González, es normal. Es la misma estrategia que ha venido practicando desde que en 2007 estallara el caso Gürtel y no le ha ido nada mal: a día de hoy es el partido más votado en España, y lo que te rondaré morena.

Quizás en esta ocasión haga alguna concesión e intente forzar la dimisión de Esperanza Aguirre, cuya situación política es más que insostenible con sus dos ex números dos, Granados y González, en el talego. A estas alturas, su continuidad como lideresa de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid empieza a ser un insulto incluso para sus propios votantes.

A mí, sin embargo, me tiene más indignado si cabe la posición del PSOE, que está afrontando todos estos escándalos del PP en situación de perfil. Al parecer, a juicio de la Comisión Gestora, el cuerpo a cuerpo con los populares por la corrupción no es ya rentable ni tiene credibilidad. ¡Olé, olé y olé! ¿Pero estos tipos se han vuelto locos o tienen doble militancia?

Sólo cuando se han dado cuenta de que lo suyo también era de poca vergüenza, autorizaron a Antonio Hernando a dar la cara pidiendo explicaciones, comparecencias y otras milongas. Alguien le diría: oye, ante unos fiscales denunciando interferencias políticas del Fiscal General del Estado para tapar la presunta financiación del PP a través del Canal de Isabel II, no podemos hacer la estatua, que nuestro personal está mosca y nuestros medios se están desangrando de tanto taparnos las vergüenzas.

Pero como la reacción en el fondo ha sido tan impostada, de tan mala gana, con tan poca convicción, pues pasa lo que pasa: el personal se cabrea más si cabe y estamos a un mes vista de las primarias…

Por eso, no es extrañar que muchos votantes socialistas están respondiendo cuan Pilato –“a mí que registren”- al nuevo episodio de corrupción del PP, que ha dejado hecho unos zorros la imagen presidencial, de hombre de Estado –ha sido el mantra más repetido en los últimos meses-, de Mariano Rajoy.

Y recuerdan, con más razón que un santo, que el ‘no es no’ significa un no claro y rotundo contra la corrupción. Así las cosas, Rajoy está donde está gracias a esta Comisión Gestora, gracias a los barones a la violeta que se cargaron a Pedro Sánchez para facilitarle la investidura al PP, gracias a algunos de los suyos que aterrizaron plácidamente en la abstención y que ahora se agrupan en torno a Patxi López para intentar salvar sus culos, gracias a Susana Díaz, que se llevó por delante de una forma chusca a su secretario general para poner a Rajoy donde está, en el primer despacho de España, donde le ha sorprendido el último caso de corrupción, que se ha manifestado como una lluvia torrencial de billetes de 500 euros entrando sin querer en las arcas del PP.

En fin, que quede claro, no en nuestro nombre, no con nuestro voto. No.

Ya está bien de tanto rollo macabeo, ya está bien de repetir que el PSOE facilitó la investidura de Rajoy por el bien de España y otras vainas. Aquí lo único que se ve cada vez más claro es que unos pocos, situados en las dos orillas de la mangancia, se pusieron de acuerdo para seguir forrándose a costa de la inmensa mayoría. Fueron business, negocios y nada más.

Así que no, carajo, que en estos años de crisis hijaputa los trabajadores y las clases medias han sudado sangre, sudor y lágrimas para sobrevivir y muchos se han quedado colgados de la brocha. Un respeto, un poquito de por favor.


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