Populismo en vena

24 Abr 2017
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Esto de las primarias socialistas empieza a ser algo insufrible. Tantos meses en manos de un error histórico tiene estas cosas, que determinados análisis de la realidad resultan a estas alturas del partido solitarios esperpénticos.

Eso ha ocurrido con las elecciones francesas. La victoria de Emmanuel Macron, que se perfila como el futuro presidente de Francia, ha sido recibida por la lideresa andaluza, Susana Díaz, con un tuit memorable por su profundidad y oportunismo: “Las elecciones francesas son una demostración concluyente de que a los socialistas nos exigen alternativas solventes y para grandes mayorías”.

Curiosa forma de celebrar la derrota del candidato socialdemócrata, Benoît Hamon, que ha quedado quinto con un porcentaje inferior al 7%, el peor resultado logrado por la izquierda desde 1969. Porque eso es lo que parece, que Susana Díaz aprovecha la debacle de su primo hermano galo para desmarcarse de las posiciones de izquierdas que, a su juicio, no contienen alternativas solventes ni proyectos para las grandes mayorías.

Está bien que Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, hombre fuerte de Pedro Sánchez en Andalucía, le haya recordado que en Portugal gobierna y bien “un partido de izquierdas, autónomo, de los militantes y leal con el ganador, con su secretario general”. Lo de leal con su secretario general tiene mucho recorrido. Es una pulla en todo lo alto.

En fin, debe ser que Susana Díaz, en su búsqueda de las grandes mayorías, ha abandonado las ideas socialdemócratas y navega ahora por otras aguas ideológicas. ¿Las propias de la derecha? Su conservadurismo y sus veleidades derechistas no dan para decir tanto. ¿Las liberales que predica Macron? No me pega por mucho que ahora le interese desesperadamente ser Macron. Pedro Sánchez, que pasa en estos días por ser un rojo y un radical (visión Lambán), tiene más punto liberal que la presidenta andaluza.

En mi opinión, Susana Díaz está instalada en el populismo. A lomos de él, ganó las últimas elecciones andaluzas –por cierto, con los peores resultados cosechados por el PSOE-A en su historia-, repartiendo campechanería, cercanía y achuchones, destilando clientelismo y desnaturalizando el proyecto socialista en aras de un proyecto nacional-personalista que está poniendo al socialismo andaluz, tal como dijo recientemente en una entrevista el ‘comandante’ Carlos Sanjuán, exsecretario general de los socialistas andaluces, en la puerta de salida de las instituciones andaluzas. Llevo bastante tiempo advirtiéndolo y lamentándolo.

En fin, ya lo dijo el escritor y periodista Juan José Millás: “Susana Díaz es la encarnación misma del populismo. Quien piensa que puede ser secretaria general del PSOE es que no está en sus cabales”.

Visto así, la trianera está más cerca de Marine Le Pen que de Macron. Y de Jean Luc Mélenchon, ¿no? Es verdad que lo suyo no es el discurso fascistoide de la hija de Jean Marie ni la deriva antisistema del pariente de Pablo Iglesias, pero no es menos cierto que bebe de algunas de las fuentes universales del populismo: la demagogia, la mentira, el tacticismo, la urticaria a los procesos democráticos, el culto a la personalidad, el fariseísmo, el oportunismo… Y sobre todo de alternativas presuntamente solventes y grandes mayorías construidas a golpe de poco curro y mucha copla los 365 días del año. Populismo en vena.


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