Puerta y calle

20 Jul 2017
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En cualquier país democrático de medio pelo, la asunción de responsabilidades políticas forma parte de las reglas de juego. El puerta y calle está en el ADN de la vida pública.

Así, por ejemplo, tras el fiasco cosechado las pasadas elecciones británicas por Theresa May, sus principales asesores políticos, que le recomendaron encarecidamente el adelanto electoral, se marcharon al día siguiente sin una libra de indemnización y con los enseres personales en una cajita de cartón.

Aquí en España, sin embargo, no ocurre eso, sino, visto lo visto, todo lo contrario. En las primarias socialistas, por ejemplo, Susana Díaz, que perdió con estrépito pese a contar con el apoyo de hasta la Santísima Trinidad, no solo no ha prescindido de sus más leales, que hubiera sido lo normal en términos democráticos, sino que incluso ha ascendido a alguno de ellos. No es nada personal, pero que Máximo Díaz Cano siga en su puesto es algo inexplicable hasta para el mismísimo Iker Jiménez. Sin duda, todo un expediente X.

Pero no solo ocurre en la política. En el ámbito judicial, el Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, ha nombrado número dos de la Secretaría Técnica de la Fiscalía General a Guillermo García-Panasco.

Tal decisión se ha producido poco después de que el Tribunal Supremo haya anulado la investigación abierta en noviembre de 2015 por García-Panasco, fiscal de Las Palmas, contra la juez y ex candidata de Podemos Victoria Rosell.

Pues ya lo ven, Victoria Rosell tuvo que renunciar a presentarse en las elecciones generales del 20-D tras el deterioro que le ocasionaron las acusaciones de García-Panasco, y el fiscal de marras ha sido premiado por cagarla, ¿no? O a lo mejor el nuevo destino es precisamente por haber hecho bien su trabajo en su momento, ¿no?

Nos quejamos de los políticos, pero el mundo judicial español es para salir corriendo. En otros países, por ejemplo el Reino Unido, rara vez se sabe si un juez o un fiscal es progresista o conservador. Simplemente, como debe ser, actúan bajo el imperio de la ley, y sus tendencias ideológicas las dejan para la intimidad de las alcobas o para los alicatados de los pubs.


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