El 2-O

11 Sep 2017
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Visto que el 1-O va a ser un fiasco al tratarse de un referéndum ilegal una vez que el Tribunal Constitucional ha suspendido la ley de consulta y la propia convocatoria, más nos valdría a todos centrarnos en el 2-O.

Es decir, que si gana el sí, como es previsible dado la movilización de los independentistas, será a todos los efectos cartón del dos, No tendrá más recorrido que continuar la senda del esperpento a sabiendas.

El día después, por tanto, habrá que reconstruir todo lo que este proceso se ha llevado por delante, que no ha sido poco. De entrada, hay que restañar las heridas; empezando, claro está, por las causadas en el seno de la propia sociedad catalana, dividida en dos posiciones cada vez más irreconciliable y a punto de un repique de reeditar la goyesca imagen de los garrotazos.

Es necesario también que el Parlament recobre la cordura y el respeto a la legalidad. El espectáculo de las últimas sesiones, con imágenes rayanas en la República bananera, perjudica sobre todo a la propia causa independentista y machaca la imagen de Cataluña, que hasta hace poco era la vanguardia de la modernidad en España y portadora del senit. Ni que decir tiene que las algaradas prerrevolucionarias no dejaron ni los cimientos de esa sensatez y sentido común con un toque de superioridad.

Parece claro que tras el fracaso del 1-O, las elecciones anticipadas son la única salida posible. Un nuevo Parlament debe ser el que saque conclusiones del procés fallido y busque salidas a una situación que puede incluso empeorar si la Generalitat se empeña en proclamar la independencia tras los resultados del cuarto y mitad de referéndum.

Además, está la economía. Como dijo recientemente Philip Hammond, canciller de Hacienda del Reino Unido y posible sustituto de Theresa May, a propósito del Brexit, “nadie vota para ser más pobre”.

En fin, soy de los que piensan que tarde o temprano España tendrá que aceptar la celebración de un referéndum en Cataluña, una consulta legal con todos los avíos y perejiles. Y es necesario empezar a poner las bases para que el federalismo se imponga en ella claramente al independentismo.

En este sentido, para conciliar posiciones, para empezar a hablar -es la herramienta más básica y elemental en democracia-, la salida del PP del Gobierno de España es más que necesaria.

Los populares, con sus continuas campañas contra Cataluña para cosechar votos en el resto de España –también hizo lo propio con ETA-, son parte del problema creado.

A Rajoy, después de capitanearlas por activa y por pasiva, no le queda credibilidad ni autoridad moral para convencer a los catalanes de que se acabó esa falta de respeto continua que ha percibido una gran parte de la sociedad catalana.

Con él en la sala de máquinas del Estado español, el independentismo catalán no parará de crecer.

Por cierto, por mucho chufleo que suscite el referéndum –Cebrián compara el Visca Catalunya! con la “expresión del mismo desbarajuste, despreocupación o excesiva licencia” que generaron ¡Viva la Pepa! (Constitución liberal de 1812) y ¡Viva Cartagena! (levantamiento cantonal en Murcia)-, más vale no vender la piel del oso antes de cazarlo.

Más que celebrar la derrota de la deriva independentista y abundar en ese desprecio y el maltrato que han abonado el separatismo, el 2 de octubre, el 2-O, arranca un nuevo tiempo político donde la Política con mayúscula debe hacer un striptease integral para reaparecer por la puerta grande en la democracia española. En su musculatura, en su monte de Venus, en sus curvas, en sus cruces de caminos, podremos apreciar la belleza infinita de la convivencia sin pamplinas.


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